Los tardígrados pueden ayudar en los tratamientos contra el cáncer
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Los tardígrados, unos simpáticos y rechonchos microorganismos que pueden resistir a la radiación del espacio y se encuentran entre los seres vivos más resistentes que existen en la Tierra, pueden ser la clave para aumentar la resistencia humana en los tratamientos contra el cáncer que requieren exponerse a algún tipo de radiación, al aprovechar una proteína que producen.
Una investigación liderada por el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), en Estados Unidos, ha descubierto que una proteína producida por los tardígrados, unos pequeños microorganismos también conocidos como «osos de agua» y que han demostrado tener grandes capacidades de resistencia, podría ser la clave para mejorar la tolerancia a los tratamientos contra el cáncer en los cuales se utiliza radioterapia.
Según se explica en una nota de prensa, cuando los científicos estimularon las células para producir una proteína que ayuda a los tardígrados a sobrevivir en ambientes extremos, el tejido mostró mucho menos daño en el ADN después del tratamiento de radiación.
Límites de los tratamientos con radiación
Se sabe que más de la mitad de todos los pacientes con cáncer reciben radioterapia en algún momento de su tratamiento. Sin embargo, la radiación aplicada puede tener efectos secundarios graves, que a menudo terminan siendo demasiado complejos de tolerar para los pacientes.
“La radiación puede ser muy útil para muchos tumores, pero también reconocemos que los efectos secundarios pueden ser limitantes. Existe una necesidad insatisfecha con respecto a ayudar a los pacientes a mitigar el riesgo de dañar el tejido adyacente», indicó en el comunicado el científico Giovanni Traverso, uno de los autores del nuevo estudio, publicado en la revista Nature Biomedical Engineering.
La proteína de la resistencia
Los “osos de agua”, que generalmente tienen menos de un milímetro de longitud, producen una proteína supresora de daños llamada Dsup, que se une al ADN y ayuda a protegerlos del daño inducido por la radiación. Esta proteína es clave en su capacidad para sobrevivir a dosis de radiación 2 mil a 3 mil veces más altas de las que puede tolerar un ser humano.
En el momento en que los investigadores inyectaron ARN mensajero que codifica esta proteína en ratones, descubrieron que generaba suficiente proteína para proteger el ADN de las células del daño inducido por la radiación. Si se logra desarrollar para su uso en humanos, este enfoque podría beneficiar a muchos pacientes con cáncer y hacer más viables a largo plazo los tratamientos con radioterapia.
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