El luxemburgués errante
Aunque la fantasmagoría conocida habla de «el holandés errante», según la cual un barco navega perdido en la mar no pudiendo llegar a puerto, llevando al mismo castigo a todo barco que contemple su espectro embrujado, me refiero aquí al «luxemburgués errante», ese abogado general del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, Dean Spielmann. Y es errante porque, en una antigua acepción (rae), errante era el que yerra. Y de que forma lo ha hecho este personaje en contra de España y sus tribunales nacionales al ofrecer al Tribunal de Justicia de la UE una interpretación de la Ley de Amnistía compatible con la normativa comunitaria y que allana el regreso a España de Carles Puigdemont (que ha pedido amparo al TC) sin riesgos penales.
[–>[–>[–>Spielmann estima que la ley española no choca con los intereses financieros de la Unión ni con su directiva contra el terrorismo. Tampoco, dice, existe «autoamnistía», interpretación sostenida por la Comisión Europea en contra de la ley si la dicha estimación fuera acogida por el (TJUE), que estando vinculada con aquella, puede condicionar la sentencia, ya que las conclusiones del abogado general, que no vinculan al TJUE, son un elemento de peso en la redacción de la sentencia.
[–> [–>[–>Tengo para mí que el abogado Spielmann participa de la opinión general de ir contra España, que se siente desde el siglo XVI en los siempre denominados Países Bajos, tras pertenecer esos territorios a España, y posteriormente lanzarse, fundamentalmente Holanda, a una conquista pirata que no derivó en la creación de pueblos como los de nuestra Hispanoamérica, limitándose a labores de comercio y expolio donde atracaron sus barcos.
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Me parece, pues, que la desgraciada envidia que sienten a España los gobiernos de los Países Bajos no dejará de asomar siempre que puedan en contra de nuestra patria, que desearían ver destruida, con masones y comunistas, al amparo de buena parte de residentes en España, que también quieren romperla, como pasó ya en nuestra preguerra civil.
[–>[–>[–>Dios desampare a todos ellos. Unos, traidores a la patria, y los otros, odiadores foráneos.
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