CRISIS EN CUBA | La epidemia del chikunguña, otro golpe para la isla
Cuba está rodeada de agua, y el agua bebible o para bañarse escasea como la luz, las medicinas y la comida. Existe el mercado negro del líquido indispensable. Se desvían pipas hacia comunidades cuyos vecinos pagan para comprar el servicio, se venden tanques de PVC llenos y hasta existen tuberías clandestinas conectadas a una red principal. Pero el agua, cuando se estanca, es también fuente de numerosas enfermedades transmitidas por el mosquito.
[–>[–>[–>En las calles de La Habana y otras ciudades se han incorporado palabras anteriormente extrañas a las conversaciones: dengue, oropouche, zika y chikungunya. Hay provincias como Santiago, Holguín y Matanzas donde el peligro es mayor. Todo el territorio ha quedado expuesto a riesgos desconocidos años atrás. Oficialmente, se han comunicado 47125 casos de chikunguña en la tercera semana de noviembre y cerca de 2.360 de dengue, en especial de su variante hemorrágica. Las autoridades sanitarias reconocieron que casi un 30% de la población podría haberse infectado con alguna de estas variantes.
[–> [–>[–>«Vamos a trabajar esta epidemia como mismo se trabajó el COVID-19», prometió el presidente Miguel Díaz-Canel. Los números son elocuentes, más allá del entusiasmo de Díaz-Canel: 121 pacientes graves, de los cuales 96 son menores de 18 años, y 35 en estado crítico, incluidos 34 menores de 18 años. Hay 4449 casos más que el año pasado. La población infantil es la más expuesta a la transmisión del Aedes aegypti, reconocen oficialmente.
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En declaraciones a Granma, el órgano oficial del Partido Comunista (PCC), la doctora Tania Roing Álvarez, jefa del Grupo Nacional de Neonatología, admitió que explicó que la enfermedad puede causar fiebre, pero también complicaciones neurológicas, respiratorias, cardiovasculares y gastrointestinales que aumentan el riesgo de los recién nacidos. La pediatra infectóloga Ileana Álvarez Lam dijo que el Ministerio de Salud ha diseñado un protocolo dividido en tres etapas para la atención de los menores: identificación de síntomas, detección temprana de signos de alarma y un algoritmo clínico para el manejo pediátrico.
[–>[–>[–>Los síntomas del chikungunya incluyen además dolor en las articulaciones y artritis simétricas, deshidratación, sepsis bacterianas, insuficiencia cardíaca, arritmias, confusión aguda en adultos mayores y sangrado digestivo. Las autoridades también han intensificado las acciones de vigilancia epidemiológica y el control de vectores. La eficacia de estas medidas está limitada por una precariedad estructural. Los hospitales cuentan con el 30% de sus anteriores provisiones de medicamentos. Además, Cuba perdió entre 2021 y 2024 un 29% de sus médicos y un 17% de los enfermeros que marcharon al exilio, de acuerdo con datos de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI).
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En la actualidad existen dos vacunas aprobadas en algunos países para su uso en personas de 12 o más años de edad con alto riesgo de exposición al virus. Sin embargo, ninguna de ellas ha sido aprobada por la OMS hasta el momento. El chikungunya pone a prueba las barreras de un sistema defensivo enclenque en una isla que acaba de padecer una temporada ciclónica devastadora. La viceministra de Salud Pública, Carilda Peña García, reconoció que en la isla circulan nueve virus respiratorios y que se ha constatado un aumento de enfermedades diarreicas agudas y presencia de la hepatitis A.
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[–>Una población agobiada
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La vulnerabilidad sanitaria se combina además con un desgaste emocional de proporciones debido a la multiplicidad de frentes que determinan la vida cotidiana de los cubanos. Inseguridad alimentaria, cortes de energía, creciente desigualdad económica, falta de medicamentos comunes y, desde hace meses, la zozobra epidemiológica. Los derrumbes de la economía y el sistema de salud son las caras de una misma moneda del agobio.
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El Gobierno atribuye el declive a las sanciones norteamericanas.Y es entonces cuando que, frente al chikungunya, el lenguaje oficial colisiona con la realidad. Granma glosó las recomendaciones del doctor Loysel Peláez Morales, del Hospital Docente Ginecobstétrico Ramón González Coro, en La Habana: se recomiendan antiinflamatorios no esteroideos, fisioterapia suave, férulas nocturnas, así como «suplementos como vitaminas del complejo B y ácidos grasos omega-3 pueden contribuir a la recuperación». Pero esas soluciones no están al alcance de buena parte de los «cubanos de a pie», salvo que provengan del exterior o las personas afectadas cuenten con los recursos que llegan a sus bolsillos en concepto de remesas enviadas por sus familiares. Solo un 24% de las familias tienen la posibilidad de hacerse de dólares.
[–>[–>[–>«Por habitual que se haya vuelto ver pasillos de hospitales abarrotados, camillas improvisadas y pacientes que esperan, incluso en el piso, durante horas para ser atendidos, no deja de ser una señal inequívoca de la crisis», señaló el portal La Joven Cuba. Los conjuntos de los frentes de tormenta sanitaria revelan que el sistema ha sido sometido a «una presión mayor de la que hoy puede sostener». Por lo tanto, «muchas personas han empezado a gestionar los padecimientos por su cuenta; se organizan para turnarse en el cuidado de enfermos y, con los recursos disponibles, aplican protocolos básicos de vigilancia y cuidado; contratan a actores privados para fumigar». El cuidado y la prevención empieza a pasar «desde las instituciones hacia los hogares». Una suerte de la privatización de los resguardos se despliega en medio de las consignas gubernamentales sobre el desvelo estatal.
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