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el apodo ‘Flip’ que sus compañeros guardaron 30 años

el apodo ‘Flip’ que sus compañeros guardaron 30 años
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  • Publishedmayo 24, 2026



Felipe VI se ha vuelto a poner el uniforme. No exactamente, pero casi: su visita al colegio de Lakefield (Canadá) ha sido el viaje en el tiempo más bonito que nos ha regalado la Casa Real en lo que va de 2026. Treinta y cinco años después de ser un interno más, el Rey ha vuelto a las aulas que le vieron compartir una ducha y recibir algún que otro castigo por ser un dormilón. Y, atención, sus ex compañeros todavía lo llaman por el mismo apodo que le pusieron entonces: Flip.

Un internado canadiense, un apodo de tres letras y 35 años después

Lakefield College es el tipo de lugar donde los nombres propios pesan menos que las zapatillas de deporte y donde, al parecer, el heredero de la Corona española era simplemente un niño más. Tanto es así que cuando Felipe de Borbón –perdón, Flip– aterrizó esta semana en el campus, los reencuentros fueron reconfortantes: abrazos sinceros, anécdotas de “¿recuerdas aquella vez en que…?” y ese tono cómplice que sólo se consigue cuando se ha compartido litera, aula y duchas con la misma pandilla.

La Familia Real no ha emitido una declaración grandilocuente: ha dejado que las fotos hablen por sí solas. Y la imagen del monarca rodeado de profesores jubilados y excompañeros con canas es, sin duda, la mejor nota de prensa posible. El recorrido por los pasillos del internado recupera una historia de normalidad que necesita la Zarzuela cuando los focos suelen ser más duros.

Duchas compartidas, castigos y la normalidad de ‘Flip’ la interna

Aquí es donde la crónica se convierte casi en una película ochentera. Según medios como El Mundo, en Lakefield no había habitación privada ni mayordomo: Felipe VI compartía baños, se levantaba tarde y recibía castigos como cualquier otro. Uno de los secretos que ha resurgido durante la visita es que el entonces príncipe se ganó alguna reprimenda por no madrugar a la hora del desayuno. Cosas de edad, claro, pero cuando se trata de alguien que hoy es jefe del Estado, el detalle sabe a caramelo de domingo de RTVE.

«Flip» fue el apodo que le pusieron, y que sus viejos compañeros siguen utilizando sin dudarlo hasta el día de hoy. Que un Rey acepte ser llamado así tres décadas después dice mucho más de su carácter que cualquier pose oficial. Después de todo, Pocas cosas humanizan tanto un uniforme de gala como un apodo escolar..

Por qué esta visita le sienta mejor a la Corona que diez discursos

El movimiento es redondo desde el punto de vista de la comunicación institucional. En un año en el que los libros sobre la emérita y el gesto mesurado de doña Letizia copan los titulares, La agenda de Felipe VI ha encontrado en la nostalgia un aliado inesperado. Lakefield es el escenario perfecto para recordar que la monarquía no siempre fue un reality show de portada: hubo un tiempo en el que un estudiante alto y tímido simplemente hacía COU en Canadá porque le tocaba.

Y mira que curioso: la misma semana que los tabloides profundizan en las cuentas pendientes de palacio, el Rey se deja fotografiar en la cafetería de un colegio con un plato de espaguetis delante. No hay mejor contraataque que la autenticidad, y en esta redacción creemos que Zarzuela lo sabe perfectamente. La imagen de un monarca que regresa a sus raíces –y sin un solo asesor de etiqueta a la vista– es un tiro muerto en la batalla por la narración.

El termómetro del chisme

  • 🌡️ Nivel dramático: 4/10. Aquí no hay traición ni tapadera incendiaria, sólo una dosis bien medida de nostalgia monárquica que entra sola, como un capítulo tranquilo de ‘Cuéntame’.
  • 🏆 Quién gana, quién pierde: Gana Felipe VI y su equipo de comunicación, demostrando que un apodo y un plato de pasta pueden hacer más que una rueda de prensa. Pierde la rigidez del protocolo, que esta vez se ha quedado en la puerta del internado.
  • 🔮 ¿Habrá réplica o exclusiva próximamente?: No la esperes. Este reencuentro es autónomo, pero las revistas del corazón llenarán sus páginas con la foto grupal durante los próximos siete días. Y, por una vez, sin polémica de por medio.



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