La falsificación verdadera
Cuando la serie La casa de papel se estrenó en Antena 3 en 2017 fracasó por la baja audiencia. Al poco, Netflix la compró y le puso un algoritmo publicitario viral entre sus usuarios que la convirtió en uno de los mayores éxitos mundiales de la plataforma de streaming. La banda del Profesor, Berlín y compañía se hizo famosa al robar –caretas de Dalí y monos rojos mediante– la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre (FNMT) al son del bella ciao, bella ciao, bella ciao, ciao, ciao.
[–>[–>[–>La moraleja es que no basta con tener talento, hay que tener una pizca de suerte –algorítmica, incluso– y, sobre todo, estar en el lugar adecuado. Por ejemplo, sería un drama ver a un doctor en física nuclear despachando en una gasolinera con la manguera ristre en mano. La vida consiste, en gran medida, en encontrar el mejor escenario para que tus habilidades se desarrollen y brillen. Y eso fue lo que hizo un tal Artur Virgílio Alves dos Reis, el portugués que protagonizó el mayor timo bancario de la historia. El rey de los estafadores explotó su ingenio más allá del límite empresarial y legal. Hoy lo rescatamos del olvido.
[–> [–>[–>El tráiler.
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Alves dos Reis consiguió robar en 1925 en un solo golpe el 1% del PIB de Portugal, aproximadamente. Todo en efectivo, en billetes. Equivale a unos 3 mil millones de euros en la actualidad. ¿Cómo fue posible que un chaval concibiera y ejecutara semejante robo sin pegar un tiro al aire y sin que nadie se diese cuenta? Un gran truco de magia. Si fuese yanqui ya habrían rodado varias películas sobre su vida y una serie todavía mejor que La casa de papel.
[–>[–>[–>El personaje.
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Alves nació en Lisboa en 1898, hijo de un comerciante arruinado. En otro tiempo su familia había gozado de una situación económica desahogada, pero a él le tocó crecer en un ambiente de relativa penuria. Su vergüenza por la ruina familiar aumentó cuando se casó con la joven Jacobetty de Azevedo, perteneciente a la alta sociedad lisboeta. Sintiendo el desprecio por sus orígenes humildes, decidió marcharse del país. Con solo 19 años, Alves embarcó con destino a Angola, colonia portuguesa de entonces, para tratar de hacer fortuna.
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[–>Alves tuvo varios empleos relacionados con las obras públicas y la administración colonial. Finalmente acabó consiguiendo un puesto de gerente en la compañía Ferrocarriles Transafricanos de Angola, gracias al título de ingeniero de la Polytechnic School of Engineering de Londres. Tan prestigiosa como inexistente; fue su primer truco de ilusionismo. El falso ingeniero logró con su trabajo ganarse la confianza de los directivos de la empresa. No le iba mal, pero quería hacerse rico utilizando cualquier atajo a su alcance. Comenzó a cometer fraudes con cheques sin fondos y contratos falsos. Al final pasó lo que tenía que pasar y en julio de 1924 fue detenido por estafa. Lo absolvieron por falta de pruebas, pero estuvo dos meses en prisión a la espera del juicio y allí urdió su golpe maestro. La cárcel parece ser la cuna y universidad de los delincuentes.
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Robar y estafar no es lo mismo.
[–>[–>[–>El robo exige violentar a las personas o forzar las cosas. Por contra, la estafa es el delito de los elegantes: requiere engañar suficientemente al otro para que cometa un error, induciéndole a realizar un acto en perjuicio propio o ajeno. Alves nunca disparó un tiro, las armas de su banda fueron el papel timbrado, sellos falsos, firmas simuladas, imaginación, desparpajo y actuaciones de premio Óscar.
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La estafa.
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El mayor desfalco bancario de la historia empezó con la falsificación de un contrato público de un banco central. La banda de Alves dos Reis consiguió suplantar al Banco de Portugal. Un banco central es el que dispone y controla el dinero que circula en un país. El Banco de Portugal tenía adjudicado el servicio de impresión de su papel moneda a la reputada casa británica Waterlow & Sons. La banda se presentó allí en 1924 con un contrato perfectamente redactado y firmado en nombre del Banco de Portugal, solicitando la impresión clandestina de 200 mil billetes de 500 escudos para una operación secreta de financiación en su colonia de Angola. Se pedía discreción absoluta por razones políticas. Waterlow se lo tragó todo. ¿Por qué? En anteriores ocasiones, el propio Banco solicitó emisiones clandestinas para inyectar dinero en circulación sin provocar la devaluación de la moneda lusa, inevitable si se hubiese hecho público.
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La elegancia radica en que los billetes no son técnicamente falsos. Son una falsificación verdadera –oxímoron monetario– porque están impresos con las planchas originales, en el mismo papel moneda y fabricado por la imprenta legítima. Es el billete de Schrödinger: falso y verdadero a la vez. Qué clase tenían los ladrones de guante blanco de antaño. Como dijo el Profesor en La casa de papel: «hay gente que estudia años para ganar un sueldo de mierd… nosotros sólo vamos a estudiar unos meses». La única pega de las copias adulteradas es que repetían los números de serie de billetes ya emitidos, en curso legal. El adulterio sirve tanto para defraudar capitales como para deseos más carnales.
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El blanqueo.
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El dinero fiduciario vale lo que las personas y empresas creen que vale. Por tanto, imprimir más moneda –los argentinos son expertos– no crea más riqueza, solo diluye la que ya existe, generando efectos adversos en la economía como es la inflación. El cínico personaje Berlín expresó que «el dinero es lo único que nos permite ser nosotros mismos sin pedir permiso a nadie». Así que Alves quiso ser él mismo a lo grande y tenía que blanquear una ingente cantidad de efectivo. La idea que tuvo fue deliciosa: comprar —agárrense— el propio Banco de Portugal. Como era una entidad semiprivada, empezó a adquirir acciones a través de testaferros con el dinero recién impreso. El plan fue sublime: pagar al Banco con el dinero que el propio Banco, sin saberlo, había emitido. La estafa perfecta y al cuadrado.
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La detención.
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El castillo de naipes se derrumbó en diciembre de 1925, cuando los periodistas del diario O Século destaparon parte de la trama. Qué periodismo también el de antaño. El desfalco era tan impecable que la prensa y la policía creían que la banda tenía compinches en la imprenta, en el Banco o en el Gobierno. Nada más lejos de la realidad. Tras muchas indagaciones, los inspectores del Banco de Portugal detectaron que existían billetes aparentemente auténticos, pero con numeraciones repetidas. Alves dos Reis fue detenido, juzgado y condenado a 20 años de prisión. Tan sólo tenía 27 años.
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Los billetes.
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Quedaba por resolver el gravísimo problema de los billetes circulantes falsos que estaban en los bolsillos de los honrados lusos. El Banco de Portugal tenía un dilema y decidió canjear el efectivo falsificado por otros válidos, asumiendo el quebranto ya que se podía desestabilizar la moneda y cundir el pánico. Sin embargo, esta práctica no la hacía el Banco de España cuando detectaba falsificaciones en sus pesetas: taladraba –inutilizaba– los billetes sospechosos que les presentaban los prudentes ciudadanos, quedándose los desafortunados con un trozo de papel sin valor. Bromeaban los cronistas de la época «y si los españoles nos atrevemos a protestar, el Banco de España nos taladrará hasta la lengua».
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El final.
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El Banco de Portugal demandó a Waterlow & Sons ante los tribunales británicos. El pleito lo ganó finalmente el Banco en 1932 y la centenaria imprenta inglesa fue condenada a pagar una indemnización millonaria. Es decir, el único que pagó económicamente por la estafa fue el adjudicatario del contrato, debido a la poca diligencia y a no verificar la autenticidad del contrato. Truco y trato. Por otro lado, nuestro atrevido protagonista cumplió la condena y salió de la cárcel en 1945. Le ofrecieron trabajo en un banco –ironías del destino– que rechazó para seguir cometiendo timos de poca monta. Hizo honor a la afirmación del personaje Berlín: «el tiempo es el único bien que no se puede recuperar. Por eso, el verdadero pecado es gastarlo en algo que no te apasiona». Alves dos Reis murió en 1955 de un infarto, tenía 58 años.
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¿Podrá existir hoy en día otro rey del engaño que estafase a la FNMT u otro fabricante de billetes de euros? Que tengan cuidado el Banco Central Europeo y demás bancos centrales en sus encargos. Que revisen bien sus contratos y que anden por lo segao. Bella, ciao.
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