Alguien volo sobre el nido del cuco
Como buen norteamericano, el Papa Prevost no engaña a nadie (un buen norteamericano no lo hace). Al tomar el nombre de León XIV “anunciaba” que en su pontificado la Iglesia intentaría asumir y encauzar el gran reto de la revolución tecnológica, como León XIII había intentado siglo y tercio antes con la social. El problema es que en este tiempo hay otra revolución paralela, la del feminismo, mucho más difícil de asumir por una organización que excluye a la mujer de su gobernanza y cuyo modelo de familia, con los matices que se quieran, sigue siendo la tradicional. Tampoco ha engañado en esto el Papa Prevost -una mente poderosa- en su magno discurso en el Congreso. No lo tendrá fácil Pedro Sánchez, tras 7 minutos de palmas, para gestionar los mensajes que al respecto han caído del cielo sobre el hemiciclo (a través de la cristalera del techo, según la osada metáfora teológico-política).
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