Casualidades plus y una SEPI ultra
En su colosal obra sobre las mafias, John Dickie advierte sobre cómo los delincuentes se camuflan en la sociedad aparentando ser respetables, modélicos e incluso vecinos ejemplares para crear una fachada de normalidad basada en el perfil bajo y las buenas palabras, e incluso … Cumplir con normas cívicas superficiales. Lo importante es no levantar sospechas, con notable integración institucional y distintas coberturas jurídicas efectivas mientras construyen y ocultan sus verdaderas operaciones económicas.
Esto se desprende de los rostros de asombro y los testimonios de incredulidad de tantos entusiastas despreciados del zapaterismo/sanchismo (perdón por la redundancia) estos días repiten la letanía de “me parece increíble” y hablan del amor a la vida y otras tonterías cursis mientras me pagan.
Dickie retrató a los vecinos sorprendidos que, al darse cuenta de que habían estado viviendo con un jefe, dijeron que incluso los ayudaba a sacar la basura por las noches y les organizaba barbacoas los domingos. No voy a extenderme en el tema de la complicidad por la sumisión, porque en el escándalo de familia progresista Hay mucha complicidad y poca sumisión, al menos gratuita.
Mañana se cumplen ocho años de la moción de censura contra Mariano Rajoy que llevó al poder a Pedro Sánchez bajo la bandera de la lucha contra la corrupción, impulsada por un tal José Luis Ábalos. Interesante coincidencia mientras se desentraña la bomba de racimo del ‘caso Zapatero’ y el ansiado resumen asoma la pata por debajo de la puerta. En estos días de sobrecogimiento progresista, el Gobierno también ha relevado al juez clave para la persecución de delitos en Francia y Suiza, países cuyas fiscalías destaparon el caso Plus Ultra. Ni siquiera ha cumplido dos años de su mandato en la lucha contra los delitos económicos.
Esa misma semana, el mismo Gobierno de Sánchez, que ha provocado la mayor Crisis de gobernanza en Indra hasta cambiar toda su dirección, ha lanzado el mayor gasto militar en 30 años: Programas Especiales de Modernización con los que liberará 10.000 millones de euros para actualizar los Eurofighter y comprar misiles y drones. Por supuesto, por decreto.
Estos días y vía auto hemos conocido que el expresidente del Gobierno socialista José Luis Zapatero utilizó «un complejo entramado empresarial nutrido de empresas instrumentales desprovisto de actividad real y a través de un núcleo operativo personal que ejecuta las directivas del líder y canaliza los beneficios obtenidos. En la cima, una empresa llamada Análisis Relevante, en cuyas deliberaciones participaron Javier de Paz y Sergio Sánchez -se aplica de nuevo el despido-, entonces director responsable de la buena reputación de Telefónica y director de la operadora, respectivamente.
De Paz y su hija Silvia participaron en la charla de Análisis Relevante, y Zapatero y sus hijas acabaron beneficiándose, según el juez. Telefónica fue conquistada por el Gobierno vía SEPI y Sergio Sánchez pasó a ser consejero de Indra, entonces también controlada por el mismo organismo estatal y presidida por Marc Murtra. Hoy, Murtra preside Telefónica y Sánchez ha regresado a Telefónica como director de Relaciones Institucionales de Movistar, cuyo número uno es precisamente el propio Javier de Paz. Todo muy casual, ‘por supuesto’.
De Paz, también es responsable desde hace unos meses de Telefónica Infraestructura y los activos inmobiliarios del operador. Pues bien, esta semana de pasión hemos sabido que Telefónica prescinde para siempre de la marca Infra y el viernes anunciaron la venta de la sede histórica del edificio Gran Vía por 200 millones a una constructora murciana. Uno se pierde en este mar de carambolas.
Sigamos con la SEPI. La sociedad estatal se ha convertido en el epicentro de una doble investigación judicial. Por un lado, el rescate de la aerolínea venezolana Plus Ultra para repartir presuntos sobornos. Por otro lado, manipulación de contratos públicos por valor de 132 millones de euros. Dos casos con dos jueces diferentes: José Luis Calama y Santiago Pedraz, respectivamente. Todo ello cuando en el PP se multiplican las voces para que Alberto Núñez Feijóo, si llega al Gobierno, venda lo que pueda al mejor precio para recuperar la inversión y enterrar una organización que parece condenada a ser palanca del acoso y derribo en empresas estratégicas. Esto es lo que se llama actividad añadida para una SEPI muy ultra.
Las posibilidades continúan. El CNMV -ya sabes de quién depende tu presidente- quiere limitar las competencias de los presidentes y dárselas al consejero delegado justo cuando en empresas de la SEPI como Indra y Telefónica el primer ejecutivo es tanto presidente como director ejecutivo. Y, por último, la CNMC prepara un relevo inmediato en su cúpula, que garantizará la regulación de sectores estratégicos, incluidas sanciones, durante los próximos seis años. Es decir, con el hipotético Gobierno del PP.
Bueno eso, algunos coincidencias muy positivas. Sabiendo como sabemos que las coincidencias no existen, porque el azar es providencia de los imbéciles, y la justicia quiere que los imbéciles no tengan providencia.
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