Conservadores, socialdemócratas y liberales pactan gobierno en Austria y apartan a la ultraderecha
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Austria ha dado un nuevo vuelco a su guion para la formación del próximo gobierno: un tripartito entre conservadores, socialdemócratas y liberales, que inicialmente se dio por fracasado sin llegar a fraguarse, será finalmente la coalición que gobernará en Viena. Se aislará con ello a la ultraderecha de Herbert Kickl, el partido que ganó las elecciones en septiembre pasado y al que el presidente, Alexander van der Bellen, llegó a encargar la formación del ejecutivo, peró acabó descartado como socio por los conservadores. Se derrumbó así el propósito de Kickl de convertirse en el primer canciller austríaco del FPÖ, un partido fundado tras la Segunda Guerra Mundial por antiguos nazis, profundamente antieuropeo, antiasilo y con fuertes vínculos con el Kremlin.
Los líderes del Partido Popular (ÖVP), del socialdemócrata SPÖ y de los liberales NEOS comunicaron este jueves que han alcanzado un acuerdo de coalición. «Hemos trabajado contrarreloj hasta lograr un programa conjunto», apuntaron en un comunicado.
El nuevo canciller será, si no hay nuevos contratiempos, Christian Stocker, quien asumió el liderazgo del ÖVP tras renunciar a la jefatura del partido y del gobierno Karl Nehammer por «diferencias insalvables» con la negociación de socialdemócratas y liberales.
Ha sido un camino más que enrevesado el que ha seguido Austria hasta llegar al pacto de coalición que colocará por primera vez a un tripartito al frente del gobierno nacional.
Las elecciones parlamentarias del pasado septiembre las ganó con casi un 30 % el FPÖ de Kickl, partido integrado del bloque de los llamados Patriotas por Europa del que forma parte el húngaro Fidesz de Viktor Orbán y el español Vox, de Santiago Abascal.
Meses de negociaciones
Pese a esa victoria, y entendiendo que el partido ultraderechista había sido descartado en campaña como aliado por el resto de las formaciones parlamentarias, el presidente Van der Bellen le encargó en primer lugar a Nehammer negociar un tripartito. El aún canciller tiró la toalla tras meses negociando. Asumió las riendas del partido Stocker, un político sin un perfil demasiado definido incluso para sus compatriotas. Van der Bellen, originario de los Verdes, le pasó a continuación el encargo a Kickl para que negociara con los conservadores.
El líder ultraderechista creía alcanzado su objetivo de convertirse en el «canciller del pueblo«, el término de reminiscencias hitlerianas adoptado en su campaña. Pero se le fue la mano en sus exigencias. Impuso como condición innegociable que se adjudicara a su partido la cartera de Interior. Este ministerio es clave para el control de las fronteras, la política migratoria y los servicios secretos. Finalmente Stocker consideró impracticable una coalición dirigida por el FPÖ.
Kickl había sido titular de ese departamento entre 2017 y 2019, bajo la coalición liderada por los conservadores. Reestructuró el servicio de inteligencia y levantó temores entre otros países aliados, que dejaron de compartir información con Viena.
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