Daniel Ortega apunta a la sucesión mientras abre Nicaragua a China
Daniel Ortega cumplió 80 años el martes 11 de noviembre, convirtiéndose en el segundo presidente de mayor edad en todo el continente americano. detrás de Lula da Silva, de Brasil. Es, sin embargo, el más antiguo de los autócratas latinoamericanos.
«Daniel Ortega es el más longevo de todos los dictadores que ha tenido Nicaragua», dijo la historiadora Dora María Téllez, ex comandante guerrillera sandinista que ayudó a derrocar la dictadura de Somoza en 1979. «También es el que ha acumulado más tiempo en el poder: diez años en los años 1980 y diecinueve años ahora», desde su regreso al gobierno en enero de 2007, recordó. Téllez, quien por enfrentar cívicamente al actual régimen fue encarcelada, desterrada y despojada de su nacionalidad junto a más de 300 opositores en 2023.
Analistas como Óscar René Vargas afirman que en Nicaragua hay una concentración absoluta del poder, donde ya no hay ideologías, sino «lealtades compradas», y del sandinismo histórico no queda nada más que un recuerdo. De hecho, de los nueve comandantes de la emblemática Dirección Nacional de la Revolución de los años 1980, sólo uno continúa apoyando el «proceso».
Esta semana, el gobernante volvió a ser visto en público y más de uno notó un evidente deterioro físico. Ya estaba advertido desde que en octubre encabezó un evento nocturno –desde hace tiempo solo aparece de noche– y pronunció un discurso diciendo “todos somos Daniel” y advirtiendo que el sandinismo debe gobernar en Nicaragua para siempre.
Fue la primera vez que se le escuchó hablar de su ausencia. Lucía Pineda, directora del medio de comunicación 100% Noticias, que opera desde el exilio –fue desterrada y despojada de su nacionalidad–, afirma que el gobernante padece lupus e insuficiencia renal crónica. Hace un año, la Constitución de Nicaragua fue modificada para otorgarle mayor control político a su esposa. y ahora «copresidenta», Rosario Murillo. Es ella quien concentra el poder, controlando la economía, la represión, las decisiones de política exterior y los movimientos del oficialista Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), mientras que la sucesión apunta a su hijo Laureano Ortega Murillo, según la oposición.
¿Pero cómo vive Nicaragua? Según el régimen Ortega-Murillo, en pleno auge económico. Específicamente en sectores como la construcción privada, con un crecimiento del 19,3% en el promedio anual del primer semestre, según datos del Instituto Nacional de Información sobre el Desarrollo (Inide). Un contraste con la contracción del año anterior.
El gobierno afirma que las cifras se deben a obras en el sector residencial y comercial, especialmente en la capital, Managua. Pero los datos no corresponden a grúas de construcción visibles. De hecho, las obras con mayor despliegue son las vinculadas a nuevas tiendas chinas.
La relación con China también se está profundizando con la creación de las Zonas Económicas Especiales (ZEE) de la Franja y la Ruta, un régimen extraordinario de incentivos fiscales, aduaneros y administrativos que otorga amplias exenciones fiscales. El proyecto, coordinado por Laureano Ortega Murillo, otorga a China un espacio creciente en sectores estratégicos.
Al mismo tiempo, el país sigue pidiendo préstamos a empresas chinas para infraestructura de energía y telecomunicaciones.
Un impulso que se produce mientras se cierran las puertas con Estados Unidos. La administración de Donald Trump está considerando suspender los beneficios del acuerdo DR-Cafta o imponer aranceles de hasta el 100% a las exportaciones nicaragüenses. Las ventas a Estados Unidos representan la mitad del comercio exterior del país. A esto se suma la amenaza a las remesas, que podrían disminuir cuando entre en vigor el impuesto del 1% a estos envíos.
Los indicadores macroeconómicos oficiales siguen proyectando un crecimiento entre el 3% y el 4%, pero organismos independientes advierten de una desaceleración real. El Fondo Monetario Internacional describe a Nicaragua como una de las economías menos dinámicas de Centroamérica.
Mientras tanto, la migración continúa como válvula de escape: el 64,5% de la población afirma que abandonaría el país si pudiera, aunque los cruces irregulares a Estados Unidos han caído más de un 98% debido a las nuevas restricciones migratorias. Quien se queda ahora es vigilado más de cerca. La nueva Ley General de Telecomunicaciones Convergentes ordena a los operadores entregar datos georreferenciados y permitir la intervención de las comunicaciones, al tiempo que pone freno a los creadores de contenidos.
El régimen Ortega-Murillo, en cambio, mantiene su política de liberaciones masivas de presos comunes -han sido más de 60.000 desde 2014-, mientras decenas de presos políticos siguen detenidos y algunos continúan en desaparición forzada, según organizaciones de derechos humanos.
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