EEUU SUDÁN | ¿Puede Trump conseguir la paz en la guerra de Sudán, la peor crisis humanitaria y de desplazamientos del planeta?
Donald Trump se refería a la guerra de Sudán como un conflicto «loco y fuera de control», demasiado caótico como para implicarse de forma directa. Pero el giro de guion llegó tras una visita a Washington del príncipe heredero saudí, Mohamed bin Salmán, quien convenció al presidente estadounidense para involucrarse en una guerra iniciada en abril de 2023 y que ya se ha convertido en la peor crisis humanitaria y de desplazamientos del planeta, con 12 millones de sudaneses obligados a huir de sus hogares.
[–>[–>[–>«Su majestad quiere que haga algo muy poderoso respecto a Sudán», dijo Trump ante un foro de empresarios en el que participó con el príncipe saudí. «Vamos a empezar a trabajar en ello». En un mensaje en su red social Truth Social, calificó al país africano como «el lugar más violento de la tierra» y «la mayor crisis humanitaria del mundo», subrayando la urgencia de alimentos, médicos y ayuda básica.
[–> [–>[–>Sobre el terreno, el escepticismo y el afán de aferrarse a cualquier destello de esperanza van de la mano. «La única manera que veo de acabar con la guerra en Sudán es una presión internacional fuerte y sostenida, especialmente de los países con más influencia en las dos partes del conflicto», explica a EL PERIÓDICO Esperanza Santos, coordinadora de emergencias en Sudán de Médicos Sin Fronteras (MSF). La organización, estrictamente imparcial, asegura celebrar cualquier avance real hacia la paz, pero advierte contra lecturas ingenuas. «Nosotros no nos metemos en política, pero tampoco somos ingenuos como para pensar que esto es un conflicto puramente civil y que no sale de las fronteras de Sudán», señala Santos.
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La guerra, mantenida «por intereses económicos y políticos, y también por el comercio de armas y otros bienes», que continúa alimentando la violencia, podrá ser desatascada solo por actores con influencia como Estados Unidos o el Quad, la alianza de EEUU con Egipto, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos. «Por el discurso que tienen las dos partes, no parece que haya un deseo ni ganas de resolver este conflicto de una manera que no sea militar» y, sin embargo, los dos bandos enfrentados siguen en tablas tras dos años de cruentos combates, afirma Santos, que atiende a este diario desde el Chad, donde se está coordinando la respuesta humanitaria.
[–>[–>[–>Aliados de EEUU en los dos bandos
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Si EEUU tiene capacidad para ejercer esa presión es porque tiene aliados en ambos bandos. Por este mismo motivo se entiende su inacción, para no enfrentarse a ninguno de ellos. De un lado, el ejército regular sudanés, liderado por el general Abdel Fattah al Burhan, cuenta con apoyo político, financiero y, en algunos momentos, militar de Arabia Saudí, Egipto y Qatar. Enfrente, las paramilitares Fuerzas de Apoyo Rápido se han beneficiado del respaldo de Emiratos Árabes Unidos, según múltiples evaluaciones de inteligencia occidentales, pese a que estos lo niegan.
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Esta red de apoyos cruzados convierte la guerra no solo en una tragedia sudanesa, sino en un conflicto moldeado por países que EEUU considera socios estratégicos. Cualquier intento serio de alto el fuego implica, por tanto, incomodar a aliados clave y navegar rivalidades regionales cada vez más abiertas.
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[–>Crisis humanitaria récord
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Mientras la diplomacia se enreda, la crisis humanitaria sigue batiendo récords. Tras más de 500 días de asedio, 106.000 personas han huido de la capital de Darfur del Norte, El Fasher. «La ciudad se ha convertido en un epicentro de horror. Han entrado en la ciudad provocando pánico generalizado y violaciones graves de derechos humanos: asesinatos, ejecuciones, violencia sexual, detenciones arbitrarias y saqueos», advierte a este diario Paula Barrachina, portavoz de ACNUR.
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El éxodo se produce en condiciones extremas, con trayectos de más de 1.000 kilómetros a pie durante hasta 15 días, sin acceso a alimentos ni agua potable. «Las necesidades son inmensas y urgentes», subraya. Uno de cada tres sudaneses está desplazado y países vecinos como Chad acogen a más de 1,2 millones de refugiados.
[–>[–>[–>Más de 280 civiles mueren en ataques de RSF en Kordofán del Norte, según una organización civil. La Red de Médicos Sudaneses habla de un «colapso total» del sistema sanitario del estado en medio del recrudecimiento de los combates / Europa Press
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El nuevo interés de EEUU
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Antes de Trump, su predecesor, Joe Biden, había intentado encauzar el conflicto por vías diplomáticas convencionales, promoviendo negociaciones junto a Arabia Saudí, imponiendo sanciones a responsables sudaneses y reconociendo formalmente que se habían cometido actos de genocidio en partes de Darfur. También presionó de manera discreta a actores regionales, en particular a Emiratos Árabes Unidos. Pero la falta de visibilidad política y el escaso empuje internacional, cuando todas las miradas van a Gaza y Ucrania, hicieron fracasar los intentos de alto el fuego y dejaron el conflicto en un segundo plano.
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Por eso, el giro de guion no es solo que Trump ponga a Sudán bajo el foco, sino que se involucre personalmente, por su amistad con el príncipe heredero saudí. Para las organizaciones humanitarias, sin embargo, el fondo del problema sigue siendo el mismo. «ACNUR hace un llamamiento urgente a la protección de civiles y al acceso humanitario inmediato y sostenido», insiste Barrachina desde ACNUR. Trump ha prometido actuar, pero el tiempo juega en contra de la población civil. La incógnita es si su implicación se traducirá en una presión real sobre aliados implicados en la guerra o si Sudán volverá a quedar atrapado entre anuncios diplomáticos y una violencia que no da tregua.
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