El ganador de las elecciones de Perú se decidirá en las 1.500 actas electorales impugnadas
Los peruanos se preparan para un lento desenlace electoral, no exento de peligros políticos. El hecho de que Roberto Sánchez le saque a Keiko Fujimori una ventaja de unos 40.000 votos al escrutarse casi el 96% de los votos es en un punto irrelevante. El ganador del segundo turno se conocerá una vez que se revisen las 1.500 actas impugnadas, de un total de 92.000, por parte de los Jurados Electorales Especiales (JEE). Lo harán a lo largo de semanas bajo la atenta vigilancia de los apoderados. Fujimori ya ordenó a sus delegados que deben «pelear» cada papeleta. «El desenlace aún es incierto», reconoció el diario limeño El Comercio. «La disputa recién empieza». Pero debe concluir en algún momento: el 28 de julio debe jurar el cargo el ganador o la ganadora de la contienda.
[–>[–>[–>La Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) avanza a la par en el procesamiento de todas las actas llegadas de puntos remotos del país y del extranjero. Pero la atención está puesta en especial en esos documentos observados ante la justicia electoral. El asunto no es solo técnico sino político, y de primer orden, porque en esa instancia se decidirá en principio si el cuarto intento de Fujimori de llegar a la presidencia vuelve a ser infructuoso por un muy escaso margen. El fujimorismo tiene resortes de presión mucho más probados y eficaces que Juntos por el Perú, un partido minoritario que, en su condición de «mal menor», ha sabido canalizar el rechazo al apellido que gobernó ese país durante una década. Sánchez pidió a sus seguidores estar «atentos» a lo que sucederá entre cuatro paredes de un tribunal.
[–> [–>[–>El 1,6% del total de actas de esta segunda vuelta es una cifra que, consigna El Comercio, se acerca al 1,9% registrado en 2021, pero que, a su vez, se distancia de los niveles observados en otras elecciones presidenciales, tanto de primera como de segunda vuelta, desde 2006. «Lo más probable es que el 100% de las actas observadas finalmente se corrijan y de todas se cargue la votación correcta de esas mesas. No se debería de perder ni un voto«.
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La dilación del resultado definitivo tiene connotaciones especiales en un Perú acostumbrado a las reiteradas crisis de sus instituciones. El JEE es apenas un tribunal de primera instancia. Fuerza Popular no se privará de apelar un dictamen adverso ante el Jurado Nacional de Elecciones (JNE), que tiene la potestad de concluir un eventual litigio.
[–>[–>[–>La abstención
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La sociedad sabía de antemano que la segunda vuelta estaba revestida de una enorme complejidad. Eso no privó a un 24% de los 27.325.432 peruanos en condiciones de acudir a las urnas de darle la espalda al proceso electoral. Unos 6,5 millones de ciudadanos decidieron no ejercer el derecho al sufragio. Es el número más elevado, después de la pandemia, de electores ausentes en las segundas vueltas de los últimos 20 años. El Comercio calificó de «sencillamente inaceptable» esa deserción. «En distritos con mayores recursos y mayor acceso a información, la indignación que genera ese dato es aún mayor». Al principal diario peruano le resulta a la vez «inverosímil» que «frente a dos propuestas de gobierno diametralmente opuestas» tantos peruanos «no tuvieran una posición asumida o consideraran que su participación era prescindible». Son los que «se indignan ante un estado de cosas de cuya gestación decidieron sustraerse. Lloran sobre leche que contribuyeron a derramar».
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