El mayor despliegue militar de EEUU desde la guerra de Irak aguarda la orden de Trump de atacar Irán
El ejército de EEUU está ya en su mayor despliegue desde la guerra de Irak 2003, preparado, según el propio presidente Donald Trump para un ataque a Irán que podría ser inminente. Pero la orden todavía no ha llegado. El presidente estadounidense ha dicho que considera un «ataque limitado» para presionar a Irán y ha fijado un ultimátum de “10 a 15 días” para que Teherán acepte un acuerdo sobre el programa nuclear y su arsenal de misiles balísticos, y la exhibición de fuerza se convierte en ultimátum.
[–>[–>[–>La pregunta de si Irán será el nuevo Venezuela está literalmente en el aire. El mismo portaviones USS Gerald R. Ford —ahora rumbo a Oriente Próximo— participó en la operación del 3 de enero para la captura de Nicolás Maduro. Los medios desplazados y los movimiento militares recuerdan aquella antesala cuando estaban estacionados en el Caribe. La misma presión pública, la misma concentración de medios aéreos y marítimos, a la espera de si hay orden militar y política para un golpe rápido.
[–> [–>[–>Mientras tanto, EEUU hace costado a su mayor aliado en la región, Israel. El secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, tiene previsto viajar el 28 de febrero para reunirse con el primer ministro Benjamin Netanyahu, en un momento en que Washington sopesa opciones para mostrarse como protector de su aliado más expuesto a la presión iraní (Israel) y avanzar en sus propios intereses nacionales. El calendario diplomático convive con una región en alerta.
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Irán advierte de que responderá
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Irán ha llevado su advertencia al Consejo de Seguridad de la ONU: asegura que no busca “tensión o guerra”, pero que responderá de forma “decisiva y proporcional” ante cualquier agresión. Es un mensaje pensado para disuadir, aunque también subraya el riesgo central: un ataque limitado puede activar una cadena de represalias difícil de contener.
[–>[–>[–>Sobre el terreno, Irán busca mostrar capacidad de respuesta. Ha anunciado maniobras navales con Rusia en el mar de Omán y el norte del océano Índico, y ha activado avisos de seguridad aérea por lanzamientos de cohetes. Durante ejercicios con fuego real, además, se han impuesto restricciones temporales en áreas del estrecho de Ormuz, una ruta crítica para el tráfico energético global.
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Imágenes satelitales difundidas por agencias internacionales apuntan a refuerzos en instalaciones sensibles y a la protección de infraestructuras vinculadas al programa nuclear. Analistas describen un esfuerzo por endurecer posiciones y complicar una eventual ofensiva. El problema es que, en escenarios así, cualquier incidente —un buque dañado, una infraestructura energética golpeada, un error de cálculo— puede reescribir el guion.
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[–>La base Diego García
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La presión militar convive con una fricción entre aliados. La base de Diego García, en el archipiélago de Chagos, vuelve al centro del debate porque puede servir como plataforma logística y de apoyo en operaciones de largo alcance. Pero su uso no depende solo de EEUU: es un enclave bajo soberanía británica arrendado a Estados Unidos, y por ello, Reino Unido debe autorizar su empleo en acciones ofensivas.
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El primer ministro británico, Keir Starmer, ha trasladado a Trump que no permitirá utilizar instalaciones británicas, incluida esta base militar, para atacar Irán si eso vulnera el derecho internacional. Trump ha respondido elevando el tono contra el acuerdo británico para transferir la soberanía del archipiélago a Mauricio y reclamando públicamente que no se “entregue” la isla. La disputa importa porque condiciona permisos y tiempos; también porque revela que, incluso entre socios, el salto de la disuasión a la acción abre grietas.
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En vilo
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Mientras Trump decide, el Pentágono amplía su presencia alrededor de Irán. Han llegado más aviones de combate y de vigilancia, drones y aparatos de apoyo, junto a refuerzos defensivos para proteger bases y tropas ante una posible represalia. En el mar, el Abraham Lincoln ya opera en la zona y se espera la llegada del Gerald R. Ford, lo que aumenta la capacidad de operar desde el mar con rapidez y continuidad.
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La señal política es clara: Estados Unidos quiere estar en posición de actuar si el ultimátum se agota. Y, al mismo tiempo, quiere que Irán lo vea. Con el precedente venezolano todavía reciente y con parte de los mismos medios volviendo a escena, el despliegue alimenta la duda sobre si Washington prepara un guion repetible.
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Si las próximas jornadas no traen un acuerdo, el dispositivo ya está colocado para que una decisión en el Despacho Oval se traduzca, casi sin transición, en hechos sobre el terreno. Y esa es la palanca que sostiene la tensión: cuando todo parece listo, cualquier señal puede convertirse en el detonante.
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