El ‘régimen’ de Orbán en Hungría se tambalea
No es ningún secreto que la Unión Europea (UE) está en horas bajas y que países miembros actúan más como enemigos que como socios. Uno de ellos, el más díscolo, es la Hungría de Viktor Orbán, el primer ministro que lleva en el poder 15 años tras ganar cuatro elecciones consecutivas con holgura. Orbán estrecha lazos con la Rusia de Vladímir PutIn, la mayor amenaza militar para Europa, según Bruselas; con Donald Trump, el rey de los aranceles; y se funde con los principales líderes de la extrema derecha europea. Pero la continuidad de Orbán al frente del país está en peligro. Un antiguo aliado del primer ministro encabeza los sondeos a las elecciones generales del próximo abril. Se trata de Péter Magyar, un joven abogado de 44 años, eurodiputado y líder del Partido Respeto y Libertad (Tisza).
[–>[–>[–>Orbán alcanzó la cima de la política con solo 35 años, cuando asumió el cargo de primer ministro a finales de la década de los 90 del siglo pasado al frente del partido de derecha Unión Cívica Húngara (Fidesz).Tras perder en 2002 las elecciones contra los socialistas y pasar cerca de una década en la oposición se hizo de nuevo con el poder en 2010. Desde entonces, Orbán ha radicalizado su discurso. El gran giro ocurrió en 2014 como respuesta a la irrupción en la escena política del Movimiento por una Hungría Mejor (Jobbik), el partido ultranacionalista y xenófobo que se convirtió en la tercera fuerza parlamentaria, en la segunda en popularidad y en la principal amenaza para Orbán.
[–> [–>[–>El líder húngaro leyó muy bien el nuevo escenario político. Había que frenar el avance de los ultras apropiándose de su discurso, una estrategia asumida después por partidos de derecha europeos. La crisis de los refugiados de 2015 le vino como anillo al dedo. Levantó vallas en la frontera y lideró la revuelta de los países de la UE que se negaron a acatar el plan de cuotas de Bruselas. Para Orbán, acoger a refugiados o inmigrantes extracomunitarios no es responsabilidad de Hungría, sino de los países que colonizaron esos territorios, expoliando sus riquezas.
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Autocracia electoral
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La fortaleza y consolidación de Orbán quedó de manifiesto en las últimas elecciones, las de 2022, en las que ganó cómodamente al candidato de una inédita coalición formada por socialistas, los verdes y Jobbik. Orbán se llevó el 54% de los votos frente al 35% de su principal rival. La participación fue de más del 69%.
[–>[–>[–>Durante su largo ‘reinado’, Orbán ha transformado la democracia liberal húngara en una autocracia electoral, donde el primer ministro domina los tres poderes de Estado. El Tribunal Supremo y el Constitucional están en manos de jueces de su confianza. Además controla el 80% del sector mediático del país. Hungría ocupa el puesto 68 de 180 en el índice de libertad de prensa, según Reporteros Sin Fronteras, que califica al líder húngaro de «depredador de la libertad de prensa». Ultranacionalismo, xenofobia, defensa de los valores cristianos más conservadores y repulsa hacia el movimiento LGTBI+, son parte del ideario de Orbán.
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La oposición confía en que Magyar logre desbancarlo. En sus actos políticos, el líder opositor, al que la prensa gubernamental califica de «insecto» y «traidor», denuncia la mala situación económica del país, el deterioro de la sanidad y la educación pública, así como la falta de políticas sociales. Un deterioro general que afecta a las clases populares urbanas, a la población rural y a los húngaros con menor nivel educativo, la principal base electoral de Orbán.
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[–>Corrupción
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Magyar también hace hincapié en el alto grado de corrupción. «El Estado húngaro se ha convertido no en el guardián, sino en el saqueador de la riqueza pública», denuncia la oposición. Un amigo de infancia de Orbán, exfontanero, es hoy el hombre más rico de Hungría. Algo similar ocurre con su yerno, un antiguo suministrador de farolas a los municipios, que se ha convertido en un auténtico magnate.
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A pesar de las encuestas, Magyar no lo va a tener fácil. Orbán ya ha puesto en marcha al servicio de su campaña a todo el aparato del Estado y al sector privado afín, con críticas a los que «solo esperan implementar las órdenes de Bruselas» y al actual Pacto de Migración y Asilo de la UE. «No lo vamos a aplicar», ha dicho. A todo eso hay que añadir la alianza que mantiene Orbán con Putin. El líder húngaro se opone a las sanciones a Rusia y a suministrar armas a Ucrania. Sus excelentes relaciones con Trump han permitido que Hungría se salte las sanciones y siga comprando gas y petróleo a Rusia, a cambio, eso sí, de millonarias inversiones y compras de armamento a EEUU.
[–>[–>[–>Bruselas ha congelado fondos a Budapest por más de los 20.000 millones de euros ante la erosión del Estado de derecho. Magyar apuesta por restablecer las buenas relaciones con la UE e incluir a Hungría en el eurozona. «Reconstruiremos este país ladrillo a ladrillo. Este sistema no se puede reformar, solo ser sustituido y es lo que haremos. Acabaremos con este régimen», ha dicho el líder de Tisza. Bruselas ansía que así sea. La derrota de Orbán significaría un revés para la extrema derecha europea.
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