el semillero ya ha ayudado a crear mil empresas (con 1.200 empleos) desde su apertura
La «huerta» del emprendimiento en Asturias puede presumir de dar buenos frutos. Y muchos. El semillero de empresas de Valnalón ha superado este año un hito relevante. El departamento de la ciudad tecnológica langreana (dependiente del Principado) dedicado a asesorar a los emprendedores en la puesta en marcha de su negocio ha rebasado en este 2026 el millar de empresas impulsadas. La generación de esos negocios, en los que Valnalón ha desempañado un papel de tutorización capital, ha significado, además, la creación de 1.220 puestos de trabajo, la mayor parte de ellos vinculados a los socios impulsores de los proyectos, aunque también hay contrataciones de personal por cuenta ajena.
[–>[–>[–>Rafael Vigil conversa con dos emprendedores en el semillero en una imagen de archivo. | FERNANDO RODRÍGUEZ
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El objetivo del semillero de proyectos, según Valnalón, es el «apoyo y acompañamiento a todas las personas emprendedoras que quieren analizar la viabilidad de sus modelos de negocio, así como el desarrollo de las competencias emprendedoras, necesarias para su puesta en marcha». Desde su apertura en 1992, el semillero ha asesorado a más de 7.000 emprendedores que han desarrollado más de 3.000 proyectos. Hasta finales del pasado, un total de 997 de esas iniciativas habían cristalizado en la creación de empresas y en lo que va de ejercicio ya han nacido una decena más, con lo que se ha rebasado la barrera del millar. Los técnicos de Valnalón han desarrollado para ello «una metodología y unas herramientas propias que nos permiten trabajar con las personas emprendedoras en el desarrollo de sus competencias y en el análisis de viabilidad de sus modelos de negocio». También señalan que «el trabajo compartido, las tutorías con nuestro equipo técnico, la conexión en red a través de nuestra plataforma ‘Valnaloncrea’ y la importante red de entidades colaboradoras con quienes compartimos formaciones, talleres o buenas prácticas, hacen del semillero un entorno idóneo de aprendizaje».
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En el camino recorrido ha jugado un papel clave Rafael Vigil, coordinador del semillero de proyectos de Valnalón. El servicio se puso en marcha en el citado 1992 y ocho años más tarde, Vigil ya formaba parte de él. Reconoce que aquel semillero en el que empezó a trabajar «era muy distinto al que tenemos ahora. Ocupábamos la mitad del espacio de la planta baja y teníamos seis puestos físicos con un ordenador cada uno para que los emprendedores pudiesen hacer con nosotros sus proyectos. Venían ellos todos los días, o con la frecuencia que podían, a trabajar in situ».
[–>[–>[–>[–>[–>[–>La razón principal de tener tanta actividad presencial era logística: «Fuimos el primer punto de La Felguera en tener punto de acceso a internet y la verdad que teníamos bastante demanda. Había tanta gente que tenía que repartir un poco los puestos entre todo el mundo y hacía una especie de cuadrantes por franjas horarias y días que poníamos en sitios muy visibles. Y la gente ya veía más o menos en esa semana el tiempo que se le tenía destinado para trabajar».
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Vigil explica que «a mí ni se me ocurría preguntar a nadie si tenía internet en casa, porque ya sabía que me iban a decir que no, y lo normal en aquel momento era que no tuviesen ordenadores, con lo cual tenía muchísima lógica que pudiesen venir aquí con nosotros».
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[–>Esa eclosión tecnológica de principios de siglo también condicionaba las iniciativas empresariales que se ponían en marcha. «Los proyectos eran un poco distintos a lo que tenemos ahora porque nosotros en Valnalón fuimos los pioneros en poner en marcha uno de los primeros centros de negocios especializados en informática: Incuvatic. Me acuerdo de que en aquella época todo el mundo quería entrar en aquel centro. Teníamos muchísimos proyectos de esta clase».
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Eran proyectos «de informática, innovación y hacer páginas web porque había bancos que estaban comprando las primeras páginas, administraciones públicas, ayuntamientos fuertes, gobiernos autonómicos…. Al principio este tipo de páginas eran bastante interesantes porque eran caras y dejaban mucho margen». Sin embargo, «eso murió; ese tipo de negocio es ahora un ser muy residual y no genera tanto margen como dejaba en la época».
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Ha cambiado el volumen de proyectos que pasan por el semillero –»antes ayudar a 40 proyectos al año era un éxito y ahora hay muchos más»– y el tipo de emprendedor. «Ahora nuestro perfil medio es una mujer, de 35 a 45 años, estudios de secundaria o superiores, y la actividad el sector servicios, en su mayoría. Los proyectos son de toda Asturias y los emprendedores de otras nacionalidades siguen aumentando todos los años».
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También señala Vigil que «desde la pandemia se nota un ralentización en el desarrollo de los proyectos. Se trabajan más tiempo antes de ponerse en marcha».
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Uno de esos emprendedores recientes es Yohanna Fernández, que abrió su barbería en La Felguera hace cuatro años. «No me arrepiento de haberme lanzado; La gente dice que vaya miedo ser autónoma hoy en día y les respondo que qué va, palante», relata con humor y optimismo. Trabajó por cuenta ajena nueve años y se hizo empresaria para «ser mi propia jefa». «En Valnalón me ayudaron mucho porque yo solo sabía de barbería. Ellos me apoyaron en temas de fiscalidad, de redes sociales… Hay que tirarse a la piscina y remar hacia adelante».
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