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Pensé que la solución estaba en un bote de pastillas

Pensé que la solución estaba en un bote de pastillas
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  • Publishedjunio 9, 2026



A sus 50 años, Raquel Bollo ha decidido contar su vida en un libro de memorias. En él, -bajo el título La vida después del ruido-, relata el infierno que vivió al lado de Antonio José Cortés Pantoja, más conocido como Chiquetete, con el que compartió ocho años de infeliz matrimonio.

El cantante, que logró enorme fama en la década de los 80 con éxitos como Esta cobardía o A la puerta de Toledo, la arrastró a «una vida narcotizada» y «al borde del abismo».

Y es que lo que experimentó al lado del artista -fallecido en 2018– fue un auténtico calvario. Uno en el que las broncas, los gritos, malos tratos físicos y psicológicos, así como sus adicciones a las drogas y al juego, formaban parte de su día a día.

Aquella adversa realidad, marcada por la «soledad«, un sufrimiento afrontado desde el silencio y un rol de esposa abocado a «ser poco menos que un jarrón, sin voz ni voto«, es lo que plasma ahora sobre el papel.

Raquel Bollo y Chiquetete estuvieron casados de 1995 a 2003.


Raquel Bollo y Chiquetete estuvieron casados de 1995 a 2003.

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Cómo conoció a Chiquetete

Su autobiografía, que salió a la venta el pasado 3 de junio, no pretende ser un ajuste de cuentas. Solo aspira a ser, dice, «una historia sobre la verdad, el perdón y la resiliencia«.

Lo cierto es que ya el comienzo del romance parecía aventurar que aquella historia estaba abocada al fracaso. La excolaboradora detalla cómo se conocieron porque, durante décadas, se han construido «innumerables mentiras» sobre «aquellos inicios».

Raquel Bollo no había cumplido los 18 años cuando su destino se cruzó con el del sevillano. Era «una niña» que poco o nada sabía de la vida: «Ni siquiera había tenido novio«. Él, en cambio, «andaba por los 45«. Casi le doblaba la edad. Pero no dudó en flirtear con ella.

«La primera vez que vi a Chiquetete para mí era un señor más del espectáculo«, destaca en el libro. Era una adolescente con los gustos musicales propios de una joven de su edad: «Isabel Pantoja, Rocío Jurado, o Lole y Manuel«. Ni era admiradora suya ni tuvo pretensión alguna de «camelárselo».

«Quizás la diferencia de años», cavila la andaluza, «hizo posible que me envolviese». Chiquetete la conquistó «poquito a poco». Sonrisas, palabras y «algún pequeño detalle».

La vida después del ruido es el título del libro de memorias de Raquel Bollo.


«La vida después del ruido» es el título del libro de memorias de Raquel Bollo.

Planeta.

El intérprete atravesaba entonces una especie de declive. Las canciones de antaño ya no triunfaban como antes. Y «en lo personal tampoco le iban bien las cosas».

Sus amoríos estaban en boca de toda Sevilla. Y su matrimonio con la bailaora Amparo Cazalla Mora, con la que contrajo matrimonio en 1973, «hacía aguas» mientras «los excesos se apoderaban de su día a día».

Al final de aquel cortejo, que se prolongó todo un verano, Bollo cayó rendida a sus pies. Él la «trataba muy bien», y ella se «sentía cómoda» a su lado.

El noviazgo parecía ya consolidado cuando Raquel Bollo decidió que había llegado el momento de irse a vivir con el cantante. Consciente de que sus padres no aceptarían que se fuera de casa (aún iba al instituto), optó por escribirles una nota.

Así, le dejó una carta comunicándoles que lo dejaba todo por él. Sus progenitores, desesperados, la encontraron y la convencieron para regresar al domicilio familiar. Pero aquello solo duró un tiempo: «Seguí con mi relación sin marcharme de casa».

Finalmente, se fue a vivir con Chiquetete en 1994. Se trasladaron al piso donde vivía la madre de él, en El Tardón, uno de los barrios de Triana. El inmueble, casualmente. «era uno de los pisos que había conseguido Juan, el padre de Isabel Pantoja y tío de Antonio». El lugar «donde se había criado».

Para colmo de sus males, le tocó vivir bajo el mismo techo que su suegra. Todo iba cada vez a peor. La cosa se complicó aún más: se quedó en estado.

Chiquetete y Raquel Bollo, en 2001.


Chiquetete y Raquel Bollo, en 2001.

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Una boda sin noche de bodas

El embarazo del primer hijo de la pareja, Manuel (31), aceleró los planes de boda. Raquel Bollo se casó en la primavera de 1995, estando de cinco meses. Apenas tenía barriga, por lo cual no le costó disimular el embarazo.

Se dieron el ‘sí, quiero’ el 1 de abril de 1995 en Sevilla. Pero aquel día no le brindó demasiadas dichas.

La ceremonia ya atisbó lo que sería su matrimonio: «Se dedicó a estar con todo el mundo menos conmigo». Cero complicidad. Y cero atenciones, salvo para algún baile o alguna presentación.

Después de convertirse en su esposa, Bollo se topó de bruces con un panorama nada idílico. No hubo noche de bodas. Tampoco luna de miel.

Tras la ceremonia, ella regresó al piso que compartían. Él, en cambio, se fue con un amigo «y apareció a los tres días».

Raquel Bollo y Chiquetete, con su hija Alma.


Raquel Bollo y Chiquetete, con su hija Alma.

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Las drogas y el juego

Tras el casamiento, Raquel Bollo pasó a ser una ama de casa. Sus ocupaciones eran ir al súper, limpiar, cocinar… Chiquetete, en cambio, se pasaba en el bingo «mañana tarde y noche». Tanto es así, que cuando se puso de parto de su hijo, él estaba apostando su dinero en juegos de azar.

Pero el juego no fue el único enemigo de su relación. El consumo de drogas también minó la convivencia. Eso provocó la «auténtica debacle» en sus vidas.

Tal y como refiere en sus memorias, el dinero que el artista había ganado en sus años de gloria se había «esfumado» mucho antes de conocerla a ella.

Nunca les faltó un plato de comida. Tampoco regalos el Día de Reyes. Pero no siempre había fondos para llenar el carro de la compra.

A veces tenían que recurrir a la tarjeta de El Corte Inglés, y pagar a plazos. Otras veces tenía que pedir prestado a su tía «y luego devolvérselo». A Bollo le tocaba ir «parcheando» con el dinero que llegaba para resolver en las gestiones diarias.

La falta de liquidez contrastaba con el patrimonio inmobiliario de Chiquetete: un piso en Los Remedios, otro en Triana, un chalet en Chipiona, una casa de campo en Palomares y varios locales.

Chiquetete en una imagen de archivo


Chiquetete en una imagen de archivo

Episodios de violencia

En sus memorias, Raquel Bollo evita ofrecer detalles innecesarios. No se recrea en el número o intensidad de las discusiones. Tampoco ahonda en cómo fueron, exactamente, los episodios de violencia.

Sí comparte algunas pinceladas. Como el primer día que Chiquetete se dejó llevar por sus instintos más feroces. Un día, estando en una casa de campo, «cogió una maceta y la levantó con sus brazos, como si quisiera lanzársela«, subraya. No lo hizo. Pero fue un adelanto de lo que vendría después.

Entre las múltiples escenas incómodas que padeció con su marido están, entre otras, sus cabreos «por no encontrar las llaves de casa». O las veces que la dejó «tirada en plena calle». Y es que, en alguna ocasión, la obligó a bajarse del coche tras una discusión.

«Cuando la agresión deja de ser verbal ya es demasiado tarde para ver la realidad«

Una vez «me echó a patadas del coche». A Raquel Bollo no le quedó más remedio que caminar unos seis kilómetros «en plena noche, por la carretera, hasta llegar a casa».

Hubo un día en que «las drogas se le fueron de las manos» y tuvo que intervenir doña Ana, madre de Isabel Pantoja, para «pararle».

«Cuando la agresión deja de ser verbal ya es demasiado tarde para ver la realidad», reflexiona.

Raquel Bollo en el 10 Aniversario de EL ESPAÑOL.


Raquel Bollo en el 10 Aniversario de EL ESPAÑOL.

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El día más oscuro

Con el tiempo, Raquel Bollo se dio cuenta de que lo mejor era separarse. Aunque en el entorno familiar, Chiquetete se mostraba «loco» con sus hijos, con ella nada iba a mejor.

La primera vez que intentó separarse, la abogada a la que consultó la disuadió de tomar esa decisión. ¿La razón? Ella era una desconocida. «Nadie te va a creer», le dijo. Tampoco tenía dinero para pagar un pleito. Así que tiró la toalla. Y se hundió.

«Pensé que la solución estaba en un bote de pastillas«, confiesa en su libro. Estaba desesperada, hundida. Y sin saber qué hacer con su vida: «No me asustaba la muerte porque, en realidad, yo ya estaba muerta en vida».

«Seguían las voces, los golpes, el desgarro«, relata Raquel Bollo en su libro

Cuando su mente le falló e intentó quitarse de en medio, su tía Juli llegó a tiempo. Por suerte, aquel nefasto conato se quedó en un susto. Raquel Bollo fue trasladada a un hospital. Después llegaría su primera sesión en psiquiatría.

Después de aquello, no se produjo cambio alguno en su desdichado vínculo marital. Chiquetete seguía desapareciendo de la noche a la mañana. Casi siempre, después de una bronca monumental. Y, en ocasiones, durante varios días, sin dar noticias sobre su paradero.

En una de esas huidas del hogar familiar, ella llegó a perder el bebé que estaba esperando. Fueron 15 días «interminables» en los que ella estuvo sin saber, una vez más, su paradero.

Mientras tanto, se seguía encontrando «la droga» en los lugares más «insospechados» de la casa. Por ejemplo, encima del televisor. Y el via crucis continuaba: «Seguían las voces, los golpes, el desgarro de una niña hecha mujer a la fuerza», escribe.

Raquel Bollo e Isabel Pantoja, en una imagen de archivo.


Raquel Bollo e Isabel Pantoja, en una imagen de archivo.

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El apoyo de Isabel Pantoja

Cuando Raquel Bollo por fin logró separarse de Chiquetete, su hija Alba (26) tenía unos dos años. El artista, por cierto, -al igual que sucedió en el nacimiento de su hijo mayor-, tampoco estuvo presente en el parto de la niña.

El episodio definitivo, el que marcó la ruptura definitiva, tuvo lugar unas Navidades. A su madre la habían operado de cáncer, y ella sentía que estaba «en el peor momento» de su vida. Un 31 de diciembre, después de una «brutal paliza«, marcó el principio del fin.

«Me había pegado tan fuerte que me había dejado prácticamente inerte«, expone. Fue su hijo Manuel quien la vio tumbada en el suelo, sin poder moverse.

«Isabel Pantoja no es solo amiga, sino verdadera familia»

La llevaron al hospital. Y aunque en un principio dijo que se había caído, finalmente contó la verdad. Fue así como se abrió un procedimiento de oficio por malos tratos.

Cuando todo aquello ocurrió, recibió una llamada de apoyo de Isabel Pantoja. El gesto le llegó al alma: «No es solo amiga, sino verdadera familia».

A día de hoy le resulta imposible olvidar que «cuando su primo estuvo a punto de acabar conmigo», la tonadillera «me cogió de la mano para ayudarme a salir del infierno».

Firmaron el divorcio, pero solo fue «un punto y seguido». Después llegaría el «ruido» que da título a su libro: el de los titulares, los falsos testimonios y «las mentiras».

Con los años, la empresaria, ahora feliz en su faceta como diseñadora, ha aprendido a valorar más que nunca a la familia, a su actual pareja, el empresario sevillano Mariano Jorge Gutiérrez, con el que tiene planes de boda. Y el silencio que, durante sus años al lado con Chiquetete, no pudo disfrutar.

«Hoy el espejo me devuelve la imagen de una mujer que no se ha rendido«, concluye.



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