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5 negocios artesanos para empaparse de la esencia de Palma

5 negocios artesanos para empaparse de la esencia de Palma
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  • Publishedfebrero 12, 2026



Es un viaje a través de las palabras que nos lleva de la mano por las calles de Palma de Mallorca. Un escape con una perspectiva diferente: una que busca encontrar la verdadera esencia de las cosas. Porque, en un mundo globalizado donde las ciudades cada vez tienden a parecerse más, hay quien defiende con esfuerzo y trabajo, con pasión y dedicación, seguir haciendo lo que las hace únicas. Lo que los hace especiales sobre todo.

Y no importa si son artesanos del mimbre, arqueólogos gastronómicos o diseñadores experimentados: escuchar sus historias y comprender sus orígenes es descubrir una ciudad fantástica. Palma de Mallorca que queremos mucho. Aquí está la historia de cinco de ellos.

Imagen multimedia© Shutterstock

Fornet de la Soca, en defensa de la memoria y la resistencia

Empezamos a lo grande, con uno de esos proyectos que ilusionan y fascinan al mismo tiempo. Porque hablar del Fornet de la Soca (plaça de Weyler, 9), aunque su origen es relativamente reciente -abrieron su primer taller en 2010-, es hablar de tradición y pasión por las raíces, de profesionalidad y, en definitiva, de la arqueología del sabor. El alma del proyecto pertenece a ea Tomemos a Abona y María José Orero, que han conseguido transformar un pequeño horno de Palma en un auténtico reducto del recetario tradicional de la isla. En las entrañas de este universo paralelo no hay lugar para las prisas ni las presiones: las cosas hay que hacerlas bien, con mimo y cariño, dedicándoles el tiempo que se merecen. Por eso cada pan, cada ensaimada –¡oh! –, cada delicia o empanada de temporada es el resultado de horas y horas de investigación y estudio para recuperar recetas de toda la vida. Siempre fielmente, dando a la cocina popular mallorquina el lugar que se merece.

¿Para los preparativos? Por supuesto que todavía se usan.s harinas de cereales locales, fermentaciones largas y hornos tradicionales este resultado Deliciosos bocados que conectan generaciones. Admira su escaparate, entra en su pequeña boutique y déjate aconsejar. Ya te lo hemos avisado: querrás probarlo todo.

Imagen multimedia© @fornetdelasoca
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Colmado Santo Domingo: deliciosa sobrasada

Casi como si fuera la cueva de las maravillas, visita esta tienda de comestibles única en el corazón histórico de Palma (Carrer de Sant Domingo, 1), es embriagarse de aromas incomparables: saber que será imposible no caer en la tentación. Porque de sus paredes y techos cuelgan delicias caseras y artesanales que identifican, sin duda, la vertiente gastronómica de la isla. comenzando con sus sobrasadas, que son este pecado imposible de evitar: hecho con cerdo negro de la tierra, su sabor es espectacular. Pero la oferta es amplia, como lo demuestran las cestas y cajas llenas de fruta: hay naranjas y limones de Sóller cuando es temporada – y las verduras de la huerta, los quesos y los embutidos que decoran el entrante. Una carta de presentación inmortalizada hasta la saciedad: llama tanto la atención que muchos turistas no dudan en hacerse fotos delante de ella.

Fundado en 1886 y pasado por las manos de varias generaciones, el Colmado Santo Domingo sigue apostando por encima de todo el producto local y consigue que quien ponga un pie en el establecimiento no se quede sin un poco de butifarra o longaniza, conservas o salchichón. Un rincón histórico que demuestra que la autenticidad no está reñida con la evolución y que el comercio tradicional, cuando se cuida, todavía tiene mucho que decir.

Imagen multimedia© Shutterstock
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Sombrerería Casa Juliá, desde 1898 ofreciendo elegancia

El tiempo parece detenerse cuando cruzas las puertas de esta legendaria sombrerería. Podríamos decir que al cruzar el umbral viajamos a un tiempo que ya no existe. El hecho de que se fundara en 1898 y de que siga en manos de la misma familia -ya va por su cuarta generación- tiene mucho que ver: la esencia, la historia, sigue viva en su interior. Su hélice era Francesc Julià, que inauguró este histórico establecimiento en la calle del Sindicat —conocida entonces como Sa Capelleria por la concentración de talleres y sombrererías—, sin saber que acabaría siendo el último testigo vivo de una tradición que marcó la vida comercial de la ciudad. Ya a principios del siglo XX la calidad de su obra fue reconocida públicamente: en 1903, durante la Exposición de Baleares, recibió el diploma y el medalla de plata para excelencia en la confección de sombreros. Un prestigio que se ha forjado a base de artesanía, paciencia y saber hacer.

A pesar de las dificultades, como el cierre de la fábrica tras la guerra por escasez de materiales, Casa Juliá nunca cerró sus puertas. La sombrerería resistió, se adaptó y, en 1992, incluso se hizo cargo del diseño y fabricación de auténticos sombreros mallorquines. Hoy son Daniel y Silvia Estela quienes continúan con el legado, defender el asesoramiento experto y discreto que ha hecho de Casa Juliá un referente, no sólo para los mallorquines, sino también para personalidades –y hablamos de escritores, actores e incluso políticos– de todo el mundo.

Imagen multimedia© @sombrereriacasajulia1898
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Mimbrería Vidal, entre cestos y sombreros

En manos de la familia Vidal desde hace 70 años, este Cestería en la calle Cordería —no es casualidad que lleve este nombre, pues en el siglo XVI ya había registrados más de 16 talleres dedicados a esta tarea en esta misma calle—, es uno de los últimos bastiones de un oficio que, durante generaciones, formó parte del ritmo cotidiano de la ciudad: trabajando con fibras vegetales Durante cientos de años, fue más una necesidad que una profesión. Entre sus paredes siguen reposando rollos de mimbre, palmito y esparto, pero también carteles, morriones y cestos elaborados como siempre: con paciencia y a mano. Abierto al turismo que actualmente forma parte de su clientela, tampoco faltan sombreros o bolsos de estética más moderna que sirven como souvenir a los visitantes.

La empresa está actualmente dirigida por Tomás Vidal, tercera generación de la familia y guardián de un conocimiento que poco a poco va desapareciendo. «He trabajado aquí durante 35 años», dice. “No tengo hijos, sólo sobrinitos, pero serán lo que quieran ser”, añade, consciente de que la falta de reposición es la gran amenaza que pesa sobre estas empresas históricas. Pese a todo, y más allá de la nostalgia, Mimbrería Vidal sigue viva, demostrando que la artesanía no es sólo una cuestión del pasado, sino una forma honesta de entender el presente. Y seguir rindiendo homenaje a lo que un día significó.

Imagen multimedia© @mambreriavidal
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El bordado de Valldemosa, símbolo de resistencia

Un cartel blanco sobre fondo negro corona la entrada de Bordados Valldemosa. En su ventana también sobrevive una reja de aluminio que sus trabajadores trabajan duro para abrir y cerrar todos los días durante el horario de oficina. Situado en plena calle Sant Miquely rodeada hoy de franquicias y escaparates que todos conocemos, afronta el paso del tiempo sabiendo que es la única un negocio de bordado tradicional que continúa en Palma. Fundada en 1968 por familia Binimelis, Este pequeño negocio nace con un objetivo tan simple como imprescindible: dar salida a los bordados realizados por la anfitriona y preservar una tradición textil profundamente ligada a la isla. Eran tiempos diferentes: en aquellos años, Joan Binimelis, ya jubilado, recorría Mallorca en su Vespa visitando hoteles donde mostraba, como un vendedor, sus manteles y piezas bordadas a mano. Pequeñas obras de arte que hablaban de paciencia, detalle y artesanía.

Si su fachada no ha cambiado desde hace décadas, el interior, intacto desde el día de su inauguración, también conserva ese aire de antaño. En cada rincón, ya sea en las encimeras o colgados en las paredes, se pueden ver bordados en punto mallorquín, manteles, sábanas, pañuelos y mantelerías de crochet. En los años 90 decidieron ampliar su oferta con tejidos mallorquines, como el popular roba idiomas— con los que confeccionan cojines y bolsos, carteras o llaveros, que deleitan y ofrecen al turista los mejores y más elegantes souvenirs para llevarse a casa. Un refugio de la memoria para incluir en un itinerario por la Palma más auténtica. El que desearía poder continuar por los siglos de los siglos.

Imagen multimedia© GettyImágenes
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