ESTADOS UNIDOS | El golpe de Trump a Venezuela y las amenazas a Groenlandia evidencian la fractura de la extrema derecha global
La incursión militar de Estados Unidos en Venezuela y la amenaza de Donald Trump de replicar su intervencionismo en Groenlandia están poniendo en evidencia la fractura que divide a la extrema derecha global. «Los partidos ultranacionalistas comparten una narrativa, pero nunca han tenido una posición unificada, cada uno responde en base a sus intereses», explica el experto en autoritarismos Franco Delle Donne, autor del libro Epidemia Ultra.
[–>[–>[–>Tras violar el derecho internacional con una operación en Caracas que terminó con el secuestro y enjuiciamiento del autócrata venezolano Nicolás Maduro, la Casa Blanca ha reiterado su interés en hacerse con el control de Groenlandia, la estratégica isla con vastas reservas de recursos naturales y perteneciente a Dinamarca que el presidente estadounidense sueña con anexionar desde su primer mandato. Ese «nuevo imperialismo» —como lo ha definido Emmanuel Macron— ha desorientado a algunas de las fuerzas reaccionarias que ven en Trump una brújula moral y que ahora se pronuncian o guardan silencio dependiendo de sus contextos geográficos, políticos y electorales.
[–> [–>[–>Protrumpistas fieles
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Delle Donne los clasifica en tres grupos. El primero es el de los protrumpistas más extremos, que han celebrado la acción de Washington contra el régimen bolivariano. Ahí se encuentran el presidente argentino, Javier Milei; el presidente electo chileno, José Antonio Kast, o el movimiento encabezado por el expresidente brasileño Jair Bolsonaro, todos ellos aliados fieles del trumpismo. «Comparten la demonización del chavismo como elemento de un discurso que les permite movilizar miedos, así que les es más fácil posicionarse a favor de Trump sin perder coherencia», analiza el doctor en Comunicación. La decisión de EEUU de menospreciar a la líder opositora María Corina Machado —que ‘arrebató’ a Trump su deseado Premio Nobel de la Paz— y mantener a Delcy Rodríguez al frente del país caribeño ha torpedeado posiciones como las de Milei, cuyo Ejecutivo ha maniobrado para acomodarse a las decisiones tomadas desde el Despacho Oval.
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En ese primer grupo también está Vox. El partido nacionalconservador español, presidido por Santiago Abascal y que no para de subir en las encuestas, escenificó públicamente su «júbilo» con la captura de Maduro, a quién ha vinculado con el Gobierno de Pedro Sánchez. Sin embargo, ha guardado silencio tras una amenaza a Groenlandia que, de ejecutarse, podría hacer implosionar la OTAN. «Para los ultras europeos, esto genera contradicciones que suponen un problema más complejo», remarca Delle Donne. «Y, a diferencia de la extrema derecha suiza, Vox no puede manifestarse a favor de que el pueblo de Groenlandia decida libremente su futuro porque eso choca con su narrativa de una España unida».
[–>[–>[–>Septiembre de 2025, Donald Trump con el presidente argentino Javier Milei, en Nueva York / DPA vía Europa Press / DPA vía Europa Press
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Reacción en contra
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La doctrina intervencionista de Trump también despierta importantes recelos en otros partidos de extrema derecha. Ningún líder ultra ha sido más explícito en ese sentido que la francesa Marine Le Pen, de Reagrupamiento Nacional. «La soberanía de los Estados nunca es negociable, cualquiera que sea su tamaño, cualquiera que sea su poder, cualquiera que sea su continente. Es inviolable y sagrada. Renunciar hoy a este principio por Venezuela, por cualquier Estado, equivaldría a aceptar mañana nuestra propia servidumbre», ha denunciado la cara visible de la primera fuerza política en intención de voto en Francia según los sondeos. Le Pen se encuentra en pleno juicio de apelación a la sentencia que la inhabilita durante cinco años.
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En este grupo está parte de Alternativa por Alemania (AfD), el partido euroescéptico e islamófobo que también figura primero en las encuestas. Su inclusión es parcial, pues está dividido en dos facciones representadas en una copresidencia bicéfala: el ala trumpista, encabezada por Alice Weidel, y el ala prorrusa y cercana a China, liderada por Tino Chrupalla.
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Marine Le Pen contraataca tras su condena mientras la izquierda no se moviliza / Archivo
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En medio
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En el medio de ambas posiciones se encuentran pesos pesados de la extrema derecha europea que tratan de equilibrar su alianza con Trump con cierta crítica. Es el caso de la presidenta de Italia, Giorgia Meloni. La posfascista italiana, que ha logrado reconvertir su imagen como una estadista pragmática, ha mostrado su desacuerdo con Trump, recalcando que el derecho internacional «debe ser ampliamente defendido», y ha descartado como «poco realista» una hipotética acción militar estadounidense en Groenlandia.
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Más ambigua e incómoda ha sido la respuesta del británico Nigel Farage, del partido populista de derechas Reform UK, que también lidera las encuestas en el Reino Unido. Farage aseguró que la acción contra Venezuela era «poco ortodoxa y contraria al derecho internacional», pero añadió que si hacía que Rusia y China «se lo pensaran dos veces, podría ser algo positivo».
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El líder reformista del Reino Unido, Nigel Farage, el 26 de diciembre durante un evento del Boxing Day en Chiddingstone. / NEIL HALL / EFE
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Es también el caso del presidente de Hungría, Viktor Orbán. El líder del partido ultraconservador Fidesz, que se juega su reelección en abril, ha optado por una posición poco habitual al celebrar que el creciente poder de EEUU en las reservas mundiales de petróleo le permitirá influir en el precio de la energía y crear «una situación energética más favorable» a los intereses de Budapest. En relación a Groenlandia, Orbán se ha limitado a decir que es un «asunto de la OTAN» que debe ser gestionado internamente.
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