España Hoy Noticia

Gente que viene y buah

Gente que viene y buah
Avatar
  • Publishedenero 11, 2026


No hace falta que te chives para evitar rollos poco higiénicos pero puedes confeccionar tu propia lista de gente tóxica con la que tienes que convivir de una u otra forma. Hay contactos que se pueden evitar y contactos que no. Hay espacios de los que algunas personas pueden escapar y espacios que no permiten la huida. En fin, cosas de la vida. Losas de la vida, a veces. La toxicidad no suele pillar desprevenidos a quienes toman precauciones porque se supone que hay suficiente bagaje como para saber por dónde van a ir los tiros sin gracia. Hay quien define a ese tipo de personas como vampiros de energía. Dráculas de colmillo bien afilado aunque no siempre visible a las primeras de cambio. Suelen ser especialistas en envasar al vacío todo aquello que no coincide con sus prioridades y se escudan en barreras de fuerza hostil con las que tratar de mantener cautivos a quienes se niegan a cultivar envidias, celos, rencores, desconfianzas y demás flora venenosa. En trincheras de política y determinados círculos culturales y catódicos son el plan suyo de cada día. Y en mundos virtuales ni te cuento. El verdadero peligro no llega de quienes manejan con torpeza los disimulos porque su vocerío negativo, negativo y solo negativo llega a ser tan continuo y cansino que da tiempo de sobra a desconectar a tiempo o buscar vías alternativas de alejamiento preventivo. Las redes son un lugar donde la gente dañada se desahoga a borbotones y acoge los casos donde las ondas más peligrosas tienen un trazo más fino. Más astuto. Más falso: la zancadilla que no lo parece, la mano de apoyo que en realidad sirve para empujar más al caído, el gesto que parece conciliador y se revela poco a poco como maniobra que busca debilitar y desorientar… Es habitual, se lamentan, la queja sobre el uso de la maledicencia para extender una versión manipulada de los demás para usarla como blindaje propio. La gente más sensata recomienda atajar el contagio. Y para eso hay que minimizar todo lo que se pueda el contacto y poner límites. Líneas rojas. No se necesita dar portazos, basta con impedir que se bloquee la salida a pisotones.

[–>[–>[–>

Suscríbete para seguir leyendo



Puedes consultar la fuente de este artículo aquí

Compartir esta noticia en: