La filosofía es como la corriente; siempre precisa de contraste o diferencial
David Alvargonzález Rodríguez (Gijón, 1960) es profesor titular de Filosofía de la Universidad de Oviedo y alguien decidido a volcar ahora parte de su experiencia en un ensayo de divulgación pura. Su libro «Un mapa filosófico del mundo» se presenta como una herramienta «realista» para actuar en complejo presente, alejándose de «mapas fantásticos» o de la ausencia total de guía. La presentación del tomo será hoy, a las 19.00 horas, en el Ateneo Jovellanos, junto a una de sus compañeras de departamento, la profesora Eva Álvarez Martino, en un acto que promete acercar la filosofía al lenguaje del día a día.
[–>[–>[–>¿Qué nos cuenta en este «Mapa filosófico del mundo»?
[–> [–>[–>Es un libro de divulgación total pensado para gente que no es de la filosofía. No tiene citas, referencias ni notas al pie. Es una exposición dogmática de un sistema, algo así como un catecismo, pero uno que no es religioso. Al que quiere usar un mapa no le importa mucho saber los fundamentos de cómo se ha hecho, sino que le interesa orientarse en una realidad en la que tiene que actuar. Está pensado para personas que necesitan un mapa a la altura de los tiempos desde una perspectiva abstracta que no esté comprometida con ninguna entidad concreta.
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¿Es un manual de los sistemas filosóficos o algo más práctico?
[–>[–>[–>No es una introducción a la filosofía, es un mapa del mundo hecho con método filosófico y con una funcionalidad eminentemente práctica, que es orientarse. Se trata de situar las técnicas, las ciencias, las artes, el derecho y la política unas con respecto a otras. Es un mapa hecho con palabras e ideas, como «individuo», «libertad», «cultura», «Estado», etc. y cómo están conectadas entre sí, lo cual no es nada fácil.
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¿Por qué es necesaria esta herramienta precisamente ahora?
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[–>En el último medio siglo el mundo ha cambiado muchísimo y esos cambios afectan al mapa figurado y no hay una filosofía perenne que haya hecho Santo Tomás y valga para siempre y hay que ajustarla constantemente. El sujeto humano también cambia, no somos como los hombres del Paleolítico preocupados por cazar. Nuestro mundo personal es diferente, escolarizado y tecnológico, y por tanto requiere una reorientación.
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¿Siente que el individuo actual vive alejado de la filosofía?
[–>[–>[–>En absoluto. Existe una filosofía académica, pero la filosofía tiene una ubicuidad muy grande. Un periodista, por ejemplo, hace filosofía a diario aunque no quiera, porque tiene que tomar decisiones y conectar saberes. Es prácticamente imposible dar un paso sin ideas de libertad, democracia, técnica o salud. La filosofía se hace en el día a día, en las películas y en las noticias.
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¿Ha sido difícil traducir conceptos profundos a un lenguaje llano?
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Mucho. Soy un profesor acostumbrado a otro registro, pero me han ayudado unas 30 personas que no eran de filosofía y leyeron el manuscrito. Me anotaron dónde tropezaban o qué les resultaba extravagante. He quitado todas las palabras técnicas o inusuales y todo lo que resultara demasiado especulativo o alejado de la realidad.
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En la sinopsis afirma que hay cosas que da por supuesto con las que el lector «no estará de acuerdo».
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No se trata de que el lector esté de acuerdo. Incluso al que no esté de acuerdo le va a ser más útil el libro, porque tiene un mapa alternativo contra el que pensar para afinar el suyo propio. En la filosofía ocurre como en la electricidad, para que haya una corriente eléctrica tiene que haber una diferencia de potencial entre dos sitios, un contraste; si todo está al mismo potencial, la corriente no corre. Hace falta esa divergencia para que el libro valga de algo.
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¿Algún mensaje final?
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Que este no es un libro para decirle a nadie lo que tiene que hacer. No es autoayuda ni un manifiesto político. Es un instrumento para que, cuando tú quieras ir a un sitio, sepas por dónde tienes que ir. Cualquiera que hable español puede entenderlo y sacar materia para razonar y revisar sus propias posiciones.
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