PROTESTAS IRÁN | Iraníes en el exilio logran contactar con el país tras restablecerse la red telefónica: «Una amiga ha visto morir a 20 miembros de su familia por la represión»
Asal —no es su nombre real— dice que no sabe cómo explicarlo, que le es imposible describir cómo se ha sentido estos días, desde el jueves, cuando habló por última vez con su familia en Irán, hasta este martes a la mañana, cuando por primera vez desde la semana pasada las líneas telefónicas han sido restablecidas —a cuenta gotas, temporalmente— en el país persa. Internet sigue, sin embargo, bloqueado a cal y canto.
[–>[–>[–>«Mi tío nos ha dicho que todo bien, pero poco más. La línea funcionaba muy mal, y se ha cortado a los dos minutos. Nos han dicho que este martes parecía que había menos gente en la calle, pero que por suerte nadie en la familia ha sido herido, ni detenido ni matado, pero nada más. Entonces se ha cortado, y ya no hemos podido hablar más», dice Asal, que vive fuera de su país desde unos pocos años.
[–> [–>[–>La joven, sin embargo, no puede disfrutar las noticias. Como miles de iraníes en el extranjero, Asal ha vivido la última semana de protestas enganchada a su teléfono, preocupada por lo que ha ocurrido, ocurre y ocurrirá. Y porque no solo le queda su familia en Irán. Tiene, allí, toda una vida.
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«De verdad que es muy difícil. Me imagino alguien dentro del país: sin conexión, sin saber si la gente también sale a protestar en otras ciudades, si en ellas hay muertos o no. Incluso para los que estamos fuera lo que estamos viviendo es indescriptible. La última vez que hablé con mi mejor amiga, que también vive en Teherán, fue el jueves de la semana pasada, justo antes de que saliese a protestar con su hermana. Me comentaba que estaba entusiasmada. Pero desde entonces ya no he podido hablar nunca más con ella. No sé cómo está. No sé nada. Es imposible describir esta sensación: estar días sin saber si un ser querido está muerto o no», dice Asal.
[–>[–>[–>Información a cuentagotas
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A causa del bloqueo informativo impuesto por la República Islámica y el corte de internet y teléfonos desde jueves de la semana pasada, poco se sabe de lo que realmente ha ocurrido durante los últimos días en las calles de Irán, a no ser por los pocos vídeos que se han filtrado —de mala calidad, cortos, incompletos— a través de Starlink.
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«Tengo una amiga en Irán que ha visto como 20 miembros de su familia han muerto en los últimos días por culpa de la represión del gobierno», explica otra iraní en el extranjero. Esta mujer pide un anonimato absoluto por miedo a que su conocida sea identificada por parte del régimen.
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[–>Hay algunas informaciones sí confirmadas: que las protestas han ocurrido en todo el país, ciudades y pueblos, y que la policía, el Ejército iraní y los grupos paramilitares basij han reprimido y disparado con fuego real y a discreción contra los manifestantes, la gran mayoría de ellos desarmados.
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Según ha asegurado un oficial iraní anónimo a la agencia de noticias internacional Reuters, al menos 2.000 personas han muerto en el país en los últimos días de protestas. Teherán, mientras, culpabiliza a «grupos terroristas», sin dar nombres, identidades ni pruebas, y no a sus propios agentes de las masacres.
[–>[–>[–>Las imágenes y testimonios que emergen del país apuntan directamente a las fuerzas de seguridad iraníes. «A los ciudadanos de este país no se nos trata como seres humanos, y la gente está ya harta», asegura Asal, que continúa: «La gente no está armada, y la policía les está disparando. Este régimen es brutal. En los últimos días he leído informaciones de que el Estado, para retornar los cadáveres de los muertos, reclama el dinero en las morgues de las balas que han sido usadas para matar a esos mismos protestantes. Su crueldad no tiene límites». No es algo nuevo: Irán ya realizaba estos cobros durante los años más duros de represión de la República Islámica, en la década de los 90 y tras el final de la guerra contra Irak en 1988.
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La República Islámica ha llegado a un callejón sin salida. Sin capacidad de maniobrar ni intención de responder a las demandas económicas y sociales de la población, el camino que han tomado las autoridades iraníes es el de acelerar en la represión. «Esta es la primera vez que veo un cambio profundo entre los iraníes —dice Asal—. El miedo a la muerte y a las protestas existe, pero ha cambiado. Ya nada importa. Puede que el régimen aguante meses, o algunos años más. Pero ya han perdido. Su modelo ha muerto. Lo que está ocurriendo ahora es su fin».
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