América para mí y mis americanos
Sostengo desde hace tiempo que lo de «América para los americanos» es una síntesis de la doctrina Monroe pero no la doctrina Trump. Si el presidente James Monroe, hace ya dos siglos, planteó como política exterior de Estados Unidos impedir que las potencias europeas volviesen a establecer colonias en el continente, Donald Trump no sigue esa trayectoria. Creo que el actual residente en la Casa Blanca busca otra cosa. Su beneficio propio. El frustrado Nobel, como veterano «showman» mezcla actuaciones televisivas con decisiones políticas y si empezaba con aranceles era para preparar el campo de juego y luego lanzarse a otros campos más productivos aunque menos populares. Maduro era un fruto reclamado por gran parte de la sociedad, aunque el mundo político esperaba otros métodos. Sin embargo se demostró que los actuales protagonistas de la política internacional están tan desunidos que le han valido sus bravuconadas para que no se mueva nadie.
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Rusia calla porque le conviene. China se frota las manos puesto que Trump le está abriendo el campo. Y Europa quizá se da cuenta que no es potencia para tales menesteres, su impotencia es manifiesta, su unión es puramente económica, no política ni militar. Trump tiene la ventaja de su estatus dentro de la unión interior y su mayoría en el parlamento. Su trayectoria como «showman» televisivo, no solamente empresarial, le avala. Y el apoyo de los grandes empresarios mediáticos, que han demostrado que le tienen más que respeto, es una de sus mayores bazas. Musk, Bezos, Zuckerberg dominan el mundo digital y en la campaña electoral demostraron su pleitesía. Todo parece estar a su favor.
[–> [–>[–>Alguien mencionaba hace poco el caso de un cómico que fue candidato a la presidencia de Francia. Pero Coluche hizo las cosas al revés. Al menos así me parece. Quiso involucrar al elector «serio», Trump fue por el votante desorientado o cansado de la política. Michel Colucci, «Coluche» como payaso, no «era un nuevo rico» sino un «viejo pobre» que basó su campaña en frases como esta:
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«Como siempre hemos votado personas competentes e inteligentes, ahora propongo que votemos a un imbécil que no se entera de nada. O sea, a mí». Fue hace más de cuatro décadas, y confesaba que se presentaba a la elección de presidente de Francia ataviado de clown «para cubrir de mierda a todo el mundo». No consiguió su propósito aunque si hay ejemplos que lo consiguieron en otras latitudes.
[–>[–>[–>Donald Trump aprovecha la coyuntura del auge de la inteligencia artificial y la proliferación de los bulos para su propio beneficio. No acomete su furia contra dictadores sino contra quienes le quitan parte de su poder, el petróleo y las imprescindibles «tierras raras» necesarias en la nueva tecnología. A Venezuela le ha quitado su reyezuelo pero ha dejado a sus lacayos. No menciona ni a Ortega en Nicaragua ni a Bukele en El Salvador, no tienen lo que él pretende o si tienen algo ya está en manos norteamericanas. Groenlandia, el Canal de Panamá, los cristianos nigerianos parecen señuelos para distraer al campo político internacional. Cuba y diversas repúblicas suramericanas están tras el telón. Sus cálculos están en hacerlas sus «protectorados» como está haciendo con el Gobierno de Caracas. Ya no tiene reparo en considerarse «virrey de Venezuela». Lo de Ucrania es un grano heredado que dejará para ocupar a los temerosos europeos y que se distraigan mientras ataca a Irán, cuando arremete sin clemencia a los zaheridos demócratas que creyeron en los conservadores religiosos para librarse de un tirano.
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De momento todo está hilvanado para luego coser el traje de la ultraderecha que aplaude sus pretensiones dictatoriales y antidemócratas, su ambicioso egoísmo indisimulado: primero se destruye el equilibrio internacional y luego se aprovechan las ruinas para edificar sobre ellas un «imperio resort».
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