3 kilómetros de tierra que nadie quiere asfaltar
El abandono de las infraestructuras rurales en la España vaciada no es sólo un problema presupuestario, sino un ejemplo de uno bloque administrativo entre provincias lo que deja núcleos habitados enteros aislados por apenas tres kilómetros de territorio.
Parece un chiste de mal gusto o un guión de Berlanga, pero es la realidad cotidiana de los vecinos que intentan cruzar la frontera invisible entre Valladolid y Zamora. En el siglo XXI, una calle convencional se transforma de repente en calle camino de piedras y polvo porque dos consejos provinciales llevan décadas en desacuerdo sobre quién debería poner el alquitrán. Se trata del tramo que une Villaester con San Román de Hornija, un «agujero negro» logístico que simboliza el olvido institucional hacia la periferia rural.
La situación ha llegado a tal punto de agotamiento que los vecinos ya no piden grandes autopistas, sino simplemente que la carretera no destruya sus vehículos cada vez que van al médico. Si bien la burocracia está llena de promesas sobre la conectividad rural, la realidad es que Estos tres kilómetros de abandono Constituyen un riesgo constante para la seguridad vial. No es sólo una cuestión de conveniencia; Es el recordatorio físico de que, para el sistema, hay ciudadanos que viven literalmente al otro lado de una frontera administrativa infranqueable.
Una frontera administrativa que frena el progreso
La disputa no es nueva, pero la apatía ha transformado este rasgo en un símbolo de la ineficiencia política que asfixia a los pequeños municipios. Mientras Valladolid mantiene su parte con un asfalto digno, entrar en territorio zamorano supone una salto al pasado más absoluto donde los baches y la grava dominan el paseo. Esta desconexión no sólo afecta a los coches privados, sino que también impide que los servicios de carga y de emergencia funcionen tan rápido como sea necesario en zonas con una población que envejece.
Los alcaldes de la zona han alzado la voz en varias ocasiones, pero sus peticiones parecen perderse en un laberinto de poderes cruzados. Es escandaloso ver cómo Burocracia provincial paraliza el trabajo lo cual, en términos de ingeniería y costos, es una miseria en comparación con los presupuestos manejados en las capitales. El problema es que nadie quiere hacerse cargo del mantenimiento de un tramo que, según unos y otros, «es del vecino», dejando a los usuarios en un injustificable limbo de asfalto.
El costo de vida oculto en el olvido institucional
Para los habitantes de San Román de Hornija y los pueblos de alrededor, estos tres kilómetros son un impuesto revolucionario que pagan con la salud de sus amortiguadores. No es raro ver cómo conductores locales realizan rodeos hasta veinte minutos para evitar un tramo que habría que recorrer en tres, simplemente por miedo a quedar atrapado en el barro tras una tormenta. Este aislamiento forzado desalienta cualquier tipo de inversión empresarial en una zona que ya está luchando desesperadamente contra una hemorragia demográfica.
El sector agrícola, motor de la región, es el que más sufre este absurdo, dado que el transporte de sus productos se encarece y complica por un capricho administrativo. El sentimiento general es este. La España vaciada sangra para heridas ridículas como ésta, en las que la voluntad política brilla por su ausencia. Si no son capaces de asfaltar tres mil metros de terreno, ¿cómo pueden esperar que los jóvenes se queden y construyan un futuro en estas ciudades?
Promesas que se las lleva el viento y el polvo
Cada vez que se acercan elecciones, vemos a representantes de ambas provincias prometiendo soluciones permanentes que nunca se materializan en forma de apisonadora. El intercambio de reproches entre Valladolid y Zamora se ha convertido en un tradición política de mal gusto que ya no engaña a nadie. Se escudan en que la vía no cumple con las características de una carretera provincial, pero no hacen nada para cambiar su estatus legal para que alguien pueda hacerse cargo de ella.
La falta de una visión global del territorio hace que se pierdan oportunidades de desarrollo turístico y vitivinícola en una zona con un enorme potencial. La realidad es esta el presupuesto necesario para arreglarlo Se trata de una cifra insignificante en la infraestructura regional general, lo que hace que la falta de acción sea aún más dolorosa. Los vecinos ya no esperan milagros, sólo esperan que el sentido común prevalezca sobre el ego de quienes firman los acuerdos de colaboración.
Un peligro real para la seguridad del usuario
Más allá de la degradación mecánica, lo preocupante es la seguridad vial en un tramo donde las señales viales parecen un adorno de otra época. Al no ser considerada oficialmente una autopista por derecho propio, vigilancia y mantenimiento invernal Son prácticamente inexistentes y convierten el barro en una trampa mortal cuando bajan las temperaturas. Los servicios de asistencia en carretera son muy conscientes de este punto negro: los rescates por desvíos de la carretera son mucho más frecuentes de lo que las estadísticas oficiales quisieran reconocer.
Resulta paradójico que en el país de la alta velocidad todavía haya tramos en los que los ciudadanos se juegan la vida por falta de un poco de alquitrán. Esta negligencia lo demuestra. inversiones en seguridad vial No se reparte equitativamente, privilegiando siempre las grandes arterias sobre las venas que dan vida a nuestras ciudades. Hasta que esta vía no esté asfaltada, la administración seguirá siendo cómplice de cada accidente que se produzca en este escenario de abandono premeditado.
¿Hay luz al final del camino de tierra?
La presión social empieza a dar sus frutos, las plataformas vecinales ya no aceptan un «no» por respuesta y exigen un compromiso firmado ante notario. La solución técnica es sencilla, rápida y económica; lo único que falta es que alguien en Valladolid o Zamora Atrévete a levantar el teléfono y cerrar el trato de una vez por todas. La cuestión no es quién paga la factura, sino quién tiene la decencia de no ignorar a los ciudadanos que pagan impuestos como todos los demás.
El tiempo se acaba para un territorio que ya no puede permitirse obstáculos a su supervivencia diaria. Veremos si 2026 será finalmente el año en el que se cancelen las máquinas de asfalto esta vergüenza histórica del mapa de Castilla y León. Hasta ese día, los tres kilómetros de territorio entre Villaester y San Román seguirán siendo el auténtico monumento a la incompetencia política y al desprecio por la vida rural.
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