victoria (2-4) ante la Cultural
El Sporting se olvidó en el Reino de León de sus problemas. Si el debate estaba en la falta de pegada o en la ausencia de un delantero goleador, el encuentro seguro que ayudó a rebajar parte de la angustia. Otero se reivindicó con dos tantos y los gijoneses se fueron con hasta cuatro goles para noquear a una atrevida pero vulnerable Cultural (2-4). La victoria fue tan contundente como merecida, forjada a través del acierto de los jugadores y también de Borja Jiménez, capaz de levantar a su equipo de dos derrotas gracias a un cambio de sistema y a la presencia de savia nueva como Oliván o Manu Rodríguez. Por una vez, el club —que no solo el equipo— estuvo a la altura de la Mareona, que regresa a Asturias con una sonrisa y con los puntos, necesarios para escalar en la tabla. La afición del Sporting no solo llenó el estadio de la Cultu, sino que invadió León y demostró de nuevo que el mayor patrimonio de la institución es su gente.
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Quien alargó el vermú en el Húmedo seguro que después, a toro pasado, cuando tomó asiento en un abarrotado Reino de León, pensó que aquella no fue la mejor idea. Porque el encuentro no concedió ni un respiro, con un arranque trepidante. En un acto de rebeldía, la Cultural quiso enseguida demostrar que, a pesar de las miles de bufandas rojiblancas, León sigue siendo su tierra. Los de Ziganda mordieron el verde en los diez primeros minutos a todo volumen y con altísima intensidad. Diallo amenazó pronto a Yáñez. Y después fue Tresaco, un constante incordio desde el costado, quien se echó al equipo a sus espaldas. Una cabalgada al espacio del extremo le permitió ganar ventaja a Rosas hasta colocar un balón en la zona donde se deciden los partidos.
[–> [–>[–>Collado estuvo mucho más vivo que la zaga rojiblanca para abrir muy rápido el marcador. Pero el Sporting se levantó muy deprisa. Rosas, todo pundonor, se sublevó tras aquella acción de Tresaco. Su respuesta fue tan rápida que cogió al público local aún en pie, celebrando. En un ataque de orgullo, llegó a línea de fondo, levantó la cabeza y vio el desmarque de Otero al primer palo. El colombiano no solo hizo un estupendo movimiento, sino que también definió de primeras para empatar el marcador. Los tantos de Otero hacen justicia a un futbolista que es más que un goleador justo cuando la dirección deportiva se concentra en la búsqueda de un “9”. Al cafetero no se le caen los goles de los bolsillos pese a ser un estupendo lanzador de penaltis, pero su incansable trabajo alcanza otra dimensión cuando aparecen los goles. Otero es un estupendo jugador para un equipo que lleva casi una década atrapado en Segunda como el Sporting, aunque no tenga los registros del mejor de los arietes.
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El tanto de Otero desperezó definitivamente al Sporting e hizo recular a una Cultural que hasta ese momento era todo valentía, pero que comenzó a sentirse frágil. Los gijoneses olfatearon la vulnerabilidad del enemigo y se lanzaron a la yugular. Alejarse del conformismo fue sin duda un comportamiento de equipo grande. La zaga de la Cultu temblaba sobre su espalda, atacada una y otra vez por los veloces Otero y Dubasin. Fue el segundo quien volteó el marcador y dejó a la otra mitad del Reino de León con cara de circunstancias. Duba domó un balón largo y embistió al espacio, donde es un futbolista incontrolable. Tampoco le temblaron las piernas frente a Badía. El 1-2 dejó inconsciente a la Cultural, que solo reaccionó con un disparo venenoso de Calero, que llevaba solo un rato en el campo. Pero Rosas ya había logrado desactivar a Tresaco. El desarrollo de los minutos añadió confianza a un Sporting cómodo y concentrado. También ambicioso. El giro de sistema de Borja y la entrada de nuevos jugadores dio sin duda otro aire a un equipo que ya no sufría en las áreas. Precisamente una arrancada de Oliván, de estreno como titular, redondeó un primer tiempo de nota. El lateral demostró que tiene una pierna izquierda de élite. Se sacó un envío tenso y preciso. Otero empujó en el segundo palo a la red la obra, que la habría firmado el mismo Cote, uno más de los dos mil de la Mareona en León. El descanso dejó satisfecha a la mitad del estadio, y seguro que también a Borja después de comprobar cómo su equipo volvía a destacar en las áreas.
[–>[–>[–>Ziganda revolvió al descanso y metió hasta dos hombres de refresco para intentar una remontada. Los cambios del exentrenador del Oviedo encendieron el interruptor: dieron energía a la Cultu, que ya no veía a su rival con miedo. Los leoneses comenzaron a escalar hasta estar permanentemente en campo gijonés. Yáñez vivía en constante tensión. Borja tiró de Perrin para resguardar el marcador con cinco defensas. Calero, el hijo del entrenador, personificaba la reacción. Un lateral vestido como delantero fue quien apretó las tuercas al grupo asturiano. Primero con un disparo potente que repelió Yáñez y que, después de un rechazo, sacó de la línea Duba. Pero en la siguiente ya no hubo aviso. Calero enganchó un balón perdido que superó al guardián de El Molinón. El 2-3 revivió fantasmas. Pero las tinieblas duraron un suspiro. Hubo respuesta. De nuevo en cuestión de un minuto —como sucedió en el primer tiempo—. Pablo Vázquez pegó un brinco en una acción de pizarra tras un gran centro de Corredera; su remate de cabeza fue incluso mejor que el salto y acabó colándose por la escuadra. Aunque la Cultu nunca bajó los brazos, ya no había partido, sino solo tiempo por correr. El Sporting se fue de León con una alegría.
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