Así es el sorprendente museo valenciano que ha conquistado a Nuria Roca
Valencia esconde espacios culturales excepcionales, y uno de los más nuevos -inaugurado en 2023- es el Centro de Arte Hortensia Herrero (CAHH). Nuria Roca lo visitó hace unas semanas con su familia y pudo ver su extraordinaria colección de obras de los creadores más notables del siglo XXI. Recopilado durante los últimos diez años por la coleccionista de arte, mecenas y empresaria que da nombre al museo:vicepresidente de Mercadona y esposa de juan roig–, es un referente cultural que no hay que perderse en la capital del Turia.
CAHH ocupa el histórico Palacio Valeriola, un edificio del siglo XVII en la Calle del Mar en el corazón de la ciudad, restaurado para albergar obras de artistas internacionales, algunas de las cuales fueron especialmente diseñadas para diferentes espacios dentro de este palacio de 3.500 metros cuadrados. Nada más entrar al museo nos encontramos con el primero en el patio, donde se encuentra. corona austral, del argentino Tomás Saraceno, una instalación compuesta por seis nubes de tetraedros y dodecaedros irregulares, cubierto de cristales iridiscentes que llenan este Hall de entrada de 16 metros de altura. “El color nos transporta a la imaginación, a esas pompas de jabón que podrían flotar en este atrio y luego, cuando nos acercamos, vemos que la obra está llena de telarañas cósmicas en su interior”, explica el artista.
En el ábside que da acceso al jardín de palacio –espacio que une las diferentes plantas y estancias y nos invita a tomar contacto con la arquitectura histórica del edificio– vemos la siguiente obra diseñada para un espacio concreto, por encargo de Hortensia Herrero. El artista catalán Jaume Plensa. se trata de Tormenta, una instalación sobre una pared semicircular formada por una serie de letras de acero inoxidable de diferentes alfabetos con la que intenta transmitir un mensaje universal. Para el famoso escultor, cada letra tiene una belleza única, pero todas juntas son una muestra de la diversidad del mundo y la convivencia entre diferentes culturas.
Aunque la colección de Hortensia Herrero, compuesta por más de un centenar de obras de cerca de 50 artistas repartidas en 17 salas de exposición, se centra en el arte del siglo XXI, incluye también obras de grandes maestros del siglo XX, fundamentales para comprender la posterior evolución artística y inspiración de muchos creadores actuales, como Joan Miró, Julio GonzálezAlexander Calder o Roy Lichtenstein.
Frente a las creaciones de estos artistas, un gran ventanal da al atzucac (callejón sin salida), el espacio al aire libre que, en el siglo XIV, marcaba el límite norte de la judería de Valencia. Hoy acoge una muestra de pavimento cerámico encontrado en diferentes estancias del palacio durante su renovación para convertirlo en un centro de arte.
Sin movernos de la misma planta, vemos otra sala dedicada a Chillida y Tàpies, maestros del arte que compartieron una larga y duradera amistad. Prueba de ello es la obra de Tàpies Emprenta de cistella en mosca (1980), que perteneció a colección privada de Eduardo Chillida y que ahora forma parte de la colección de Hortensia Herrero.
El recorrido continúa en el salón noble del palacio, donde se celebraron las audiencias -obsérvese el mosaico valenciano del siglo XVIII en el suelo, que reproduce una escena mitológica de Perseo y Andrómeda- y se encuentra Las flores del malun gran cuadro del alemán Anselm Kiefer, que contiene uno de sus principales libros característicos y que, junto con otras dos obras del artista, forma parte de la colección permanente. Del 28 de abril a octubre, seis salas del museo acogerán la primera exposición monográfica de este artista en Valencia. “Es una estupenda forma de iniciar las actividades del CAHH”, afirma Javier Molins, asesor artístico y comisario de la exposición.
La obra de Anselm Kiefer también comparte espacio con la de otro de los grandes artistas alemanes de la segunda mitad del siglo XX: Georg Baselitz, de quien se exhibe un gran cuadro y una escultura en la que podemos ver las marcas de la motosierra con la que trabajó la madera original que luego fundió en bronce.
A partir de ahí, la visita al CAHH gana dinamismo con obras pertenecientes al arte cinético, es decir que están en movimiento o requieren de la interacción del espectador para ser percibidas. Es el caso de las esculturas móviles de Alexander Calder o de la placa de vidrio martillado escalofríos azules, de Veronica Janssens, que produce colores y reflejos que Cambian según la iluminación y la posición del espectador.
La videoinstalación también sorprende. transformador, que el británico Mat Collishaw, una de las figuras clave de lo que llamamos los Young British Artists (jóvenes artistas británicos que se presentaron en Londres a finales de los 80) creó por encargo de Hortensia Herrero: una obra inspirada en las Fallas de Valencia, una de sus grandes pasiones.
La antigua capilla del Palacio Valériola Fue otro de los espacios elegidos para una intervención artística y, en este caso, el autor elegido fue el irlandés Sean Scully. Se aprecia su obra abstracta en los vitrales de esta sala al mismo tiempo que las pinturas de La alegoría comercial, hecho por varios artistas en 1881, entre ellos Joaquín Sorolla. Originalmente estaban en un taller de dibujo de la calle Zaragoza, pero fueron recuperadas por Hortensia Herrero para salvaguardar la historia artística de Valencia.
El túnel del danés Olafur Eliasson, formado por 1035 piezas de vidrio, cada una diferente en tamaño y diseño y con todos los colores del arcoíris Por dentro sorprende tanto como tránsito de minerales, de Cristina Iglesias, otro de los seis artistas que crearon una obra sitio específico para la CAHH. Este pasaje original, Realizado en jesmonita con polvo de mármol, acero inoxidable pulido espejo y luz ámbar, conecta los dos edificios del centro y, en palabras de San Sebastián, permite «al espectador sentirse en un mundo onírico y, a su vez, recordarle cosas que ya ha visto en la naturaleza».
En lo alto del antiguo palacio valenciano se encuentra la andana, el lugar que servía para almacenar y secar el trigo, recuperada para albergar la obra de una serie de artistas contemporáneos que han roto con la superficie plana del lienzo para buscar nuevas formas de expresión, como la obra en acero inoxidable de Anish Kapoor o la del dúo danés-noruego Elmgreen & Dragset, en la que El visitante se convierte en parte integral de la obra al verse reflejado.
Antes de bajar desde la planta superior del edificio, desde las alturas del edificio se puede observar el Iglesia de San Nicolás de Bari y San Pedro Mártir, Uno de los templos más antiguos de Valencia, del siglo XIII, parcialmente restaurado con el apoyo de la Fundación Hortensia Herrero.
El edificio anexo al Palacio Valeriola alberga gran parte del colección de arte multimedia, con obras más curiosas. Entre ellas destaca la pieza interactiva del colectivo teamLab, El mundo del cambio irreversible, una ciudad digital que evoluciona y se transforma según las interacciones de los visitantes.
La visita al CAHH finaliza con un guiño al pasado histórico del Palacio Valeriola: Dejado en el polvo, la instalación del artista británico Mat Collishaw, inspirada en el descubrimiento de los restos del antiguo circo romano durante las obras de renovación del edificio. Una señal de que este museo es un viaje por la historia de Valenciadesde ayer hasta hoy.
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