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De repente hubo un silencio sepulcral, luego se escuchó un golpe y empezaron los gritos

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  • Publishedenero 20, 2026



Lucas Merakio, youtuber argentino y sobreviviente del accidente de AdamuzNo sabía dónde estaba hasta que salió. Desde el interior del coche no se podía ver si se trataba de un túnel, una carretera secundaria o el borde de algo. Viajaba en el vagón 5 del tren Iryo con su esposa cuando todo se detuvo. «No se podía ver nada desde dentro»diría después en Al Rojo Vivo, al reconstruir las primeras sensaciones tras el descarrilamiento.

Regresaban de Marbella. Málaga-Madrid. Una hora de viaje. Conversación mínima –si ir o no al bar del tren– y una ligera vibración que no parecía importante. Luego otro. Y otro más. Hasta que el coche empezó a balancearse de un lado a otro y Las maletas cayeron de los portaequipajes como si alguien las hubiera empujado.

Primero hubo gritos sueltos. Luego silencio. Un silencio extraño y total. «Sepulcral», lo llama Merakio. Y luego el golpe. Detrás. De repente, grita pidiendo ayuda. Del vagón 6 empezó a salir humo.

Pensó en el fuego. Pensó en irse. Buscó los martillos de emergencia para romper las ventanas. El auto estaba lleno. Nadie sabía nada. Nadie vio nada.

Pasaron unos veinte minutos antes de que apareciera un empleado de Iryo. Habló lentamente. Pidió calma. Dijo que cuidáramos la batería del celular, que nos ayudáramos entre todos. Fue entonces cuando la calma empezó a parecer sospechosa. «Cuando escuchamos que más tarde íbamos a necesitar la batería del celular, pensamos: ¿qué va a pasar? ¿Dónde estamos? ¿Lo que está sucediendo?recordar.

El ambiente lo sostenían, en parte, algunas mujeres mayores que viajaban en el carruaje. ««Nos dieron tranquilidad».dice.

La palabra que lo cambió todo fue otra. Fallecido. Lo dijo una chica, médica, que viajaba en el mismo coche. En ese momento, la pareja de Merakio empezó a hiperventilar. Un episodio de angustia en medio del caos. «Ahí es cuando te das cuenta de que es grave. Cuando aparece esa palabra.»

Desde el vagón sólo percibieron el paso del Alvia a través de una vibración, que duró unos veinte segundos. «A nosotros el Alvia nos pasó de largo. No teníamos idea de que estaba a 800 metros de distancia, caído en un barranco de cuatro metros», afirma.

El miedo entonces era diferente. Que venga otro tren. Una vez más. «Como en ‘La sociedad de la nieve’, cuando temen que caiga otra avalancha»dice.

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