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claves para gestionar el temor

claves para gestionar el temor
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  • Publishedenero 21, 2026



Las tragedias nos recuerdan que la vida es un suspiro, que todos somos vulnerables a la adversidad y que, de una forma u otra, La muerte y el miedo a la muerte nos hacen iguales.. Por tanto, es normal que después Accidente ferroviario de Adamuz Sentimos cierto respeto por viajar en tren.

Porque la tragedia no sólo ha dejado 42 víctimas y cientos de vidas destruidas, pero también «una eco emocional en muchas personas que, sin haber estado allí, sienten un nudo en el estómago cada vez que piensan en subirse a un tren», explica a laSexta. psicólogo, María Padilladirector de Psicólogos capitalinos.

«Es un miedo silencioso, a veces bochornoso, pero completamente humano. Nos recuerda otras tragedias, otros silencios, otras alertas. Es en estos momentos cuando nos hacemos preguntas incómodas como: ¿Volveré a viajar en paz? ¿Por qué siento esto si no me ha pasado nada? ¿Soy el único?».No, no eres la única persona a la que le pasa esto.«, coincide el experto.

Y esto es algo que suele ocurrir ante cualquier tragedia, sin ir más lejos que el otro accidente ferroviario vivido en España en este siglo: el del Tren de Santiago en 2013 en el que 78 personas perdieron la vida.

Una tragedia activa nuestro sistema de alarma interno

Como tiene que ver con nuestras emociones, tiene una respuesta, también científica: «Cuando ocurre una tragedia como esta, se activa un sistema de alarma interno. Nuestra mente, aunque racional, está diseñada para protegernos. Y por eso, aún sabiendo que estadísticamente los trenes son seguros, la emoción prevalece sobre la lógica», explica Padilla.

Y es que, tras un hecho traumático colectivo, algunos Mecanismos psicológicos.

  • Identificación con la víctima. Es decir, “pudo haber sido yo”, “fui en ese tren hace una semana”, “uso a menudo esa línea”, “pudo haber sido mi hijo”… Este tipo de pensamientos hacen que la distancia emocional con el accidente desaparezca y lo vivamos como algo personal.
  • imaginación vívida. Los medios, imágenes y testimonios activan la mismo circuito cerebral eso si lo estuviéramos viviendo. Aunque no estemos ahí, el cuerpo reacciona como si estuviera ahí.
  • Sensación de vulnerabilidad. El tren, en este caso, como el avión o el autobús, por ejemplo, es un lugar sobre el que no tenemos control. Es decir, no decidimos la velocidad, ni la dirección, ni las decisiones técnicas. Y esto, tras una tragedia, se traduce en ansiedad.
  • Sesgo de disponibilidad. Lo que sucede cerca, lo reciente y lo que tiene impacto emocional pesa más a nuestro juicio que los datos. Aunque sepamos que “es muy improbable”, porque las estadísticas y la propia experiencia así nos lo dicen, es difícil que nos sintamos seguros.

«Por eso es habitual que, tras un accidente como éste, muchas personas experimenten miedo o al menos un respeto diferente. Y sí, algunas personas son más vulnerables: aquellas con antecedentes de ansiedad, alta sensibilidad emocional, experiencias traumáticas previas o gran empatía pueden verse especialmente afectadas», explica la psicóloga.

Regreso a la ‘normalidad’

Normalmente, tras un suceso de este tipo se tarda un tiempo en volver a la normalidad, es decir, volver a subir a un tren sin pensar, en este caso, en el accidente de Adamuz.

Al igual que hasta el domingo, al subir a un tren ya no pensábamos en el accidente de Santiago (como sociedad, a nivel global, lógicamente no en los afectados y las víctimas). Quizás, podría venir a nuestra memoria cuando sentimos, por ejemplo, que el tren iba muy rápido.

Pero, ¿cuánto tiempo tarda la sociedad en recuperar la confianza, en olvidar realmente el acontecimiento en su vida cotidiana? Como explica Padilla, «cada evento tiene su propio impacto emocional colectivo. Después de una tragedia, suele haber una fase de impacto (días o semanas), seguida de una progresiva normalización.«.

De esta forma, el miedo colectivo suele disminuir en 2 a 6 semanas, dependiendo, por supuesto, de la intensidad mediática, la cercanía emocional al suceso y la frecuencia de uso del transporte: «La confianza se restablece cuando no se repiten hechos similares y la vida cotidiana vuelve a ser predecible», afirma, aclarando que «Aunque el recuerdo permanece, la intensidad emocional disminuye si no hay nuevas amenazas«.

Así, la mayoría de personas vuelven a sus rutinas de forma natural, sostiene el experto, «aunque puede haber pequeñas consecuencias emocionales como malestar o hipervigilancia temporal».

Claves para afrontar el miedo a subirse a un tren

Ahora bien, ¿qué podemos hacer para gestionar ese miedo? «Aunque no es un miedo irracional, puede llegar a ser limitante si no lo abordamos», afirma Padilla. Por eso, aquí te damos algunas claves para afrontar el miedo a subir a un tren tras una tragedia como la de Córdoba.

1. Validar la emoción

Sentir miedo no es debilidad. Es humano. Ponerle nombre y reconocerlo es el primer paso para que no se enquista.

2. Cuida la exposición

Evite la sobreinformación, las imágenes repetidas o las historias dramáticas, especialmente antes de viajar. La exposición constante refuerza el miedo.

3. Busque anclajes de seguridad racionales

Recuerda que los trenes siguen siendo un medio de transporte muy seguro. Si bien no elimina el miedo, lo contrarresta con la lógica.

4. Recupera las rutinas de forma paulatina

Regresar al tren lo antes posible, si es posible, ayuda al sistema nervioso a reinterpretar la experiencia como segura.

5. Técnicas de autorregulación

La respiración, el mindfulness, aportar distracciones agradables al viaje… ayudan a reducir la activación corporal.

6. Uso ocasional de soporte farmacológico

Algunas personas necesitarán un medicamento contra la ansiedad ocasionalmente. «Pero si el miedo persiste o interfiere con la vida diaria«Es recomendable acudir a un profesional», concluye Padilla.

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