Todos adoraban a Marcial
Es curioso pero existen en nuestro idioma, nombres propios que dicen y se definen «per se» .
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Fue el caso de mi querido consuegro Marcial. Hablar de Marcial en Asturias (no sólo en Oviedo, Navia o Morcín) era como pronunciar su nombre e inmediatamente identificar a la persona. Allá por donde pasó dejó huella indeleble. Avilés también fue testigo de su paso. De manera casi preceptiva, sus incursiones en la villa, obligadamente acompañadas de sus respectivos almuerzos y correspondiente partidina de tute, las hacía invariablemente en compañía de sus amigos del alma -entre otros- Ramonín Guardado (como Marcial lo llamaba) o su otro entrañable, Granel. En nuestros ratos juntos, de manera entusiasta, me contaba alguna historia de sus vivencias con éstas y más personas de Avilés. Con un común denominador que afectaba a todos ellos: todos adoraban a Marcial.
[–> [–>[–>En nuestros varios encuentros familiares en compañía de nuestros hijos y nietos, celebrábamos y compartíamos por distintos motivos, el almuerzo correspondiente. En muchos sitios, dependiendo de la fama, los consuegros compartíamos gusto culinario: unos callinos no podían faltar. No hace muchas semanas, convaleciente aún de sus achaques, comíamos en Lugones nuestras sendas cazuelinas. Esa sí que era una medicina auténtica y válida para Marcial, y para mí también, por supuesto. Era raro el lugar a lo largo y ancho de la geografía asturiana, donde alguna persona no parara a Marcial y le preguntara: «¿Usted no es Marcial? ¿No dio clase en Oviedo en el Alfonso? Y cual actor de cine, atendía como sabía hacerlo, a quien lo paraba o se acercaba hasta donde él estaba. En ocasiones, sólo le faltó firmar algún autógrafo.
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A este nombre de origen latino –Marcial– asociado al dios Marte, el dios romano de la guerra, le son afines (según la mitología) cualidades como, fuerza, valentía y espíritu guerrero. Precisamente las cualidades que Marcial exhibió durante su enfermedad, no exenta de múltiples contrariedades y avatares, que aguantó estoicamente y con resignación.
[–>[–>[–>Orgullosos de ti quedamos aquí los que hasta hoy resistimos. Tú, ya más cerca de la Santina (a la que ambos tanta fe profesamos) y con más posibilidades por lo tanto, encomiéndanos a todos, especialmente a nuestros nietinos, hasta que tengamos nuevamente la oportunidad de volver a vernos.
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Un abrazo enorme al cielo, querido consuegro. n
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