A prisión los dos detenidos por matar de una paliza a un hombre en Benifaió e incendiar su piso para ocultar el crimen
La jueza de la plaza 2 de la Sección de Civil e Instrucción del Tribunal de Instancia de Carlet (Comunitat Valenciana) ha ordenado el ingreso en prisión provisional, comunicada y sin fianza para los dos presuntos autores materiales de la paliza mortal a Juan Miguel Beraza Ochoa, de 53 años, y de quemar después su piso con el cuerpo dentro para borrar sus huellas, en agosto del año pasado, en el municipio valenciano de Benifaió.
[–>[–>[–>Los principales sospechosos -hay cuatro personas investigadas en este momento, incluido el hijo de la víctima– han salido pasadas las 16.20 horas de este jueves de la sede judicial, dentro de sendos coches patrulla de la Guardia Civil, con destino a la cárcel de Picassent, tal como ha solicitado la Fiscalía. Se trata de dos jóvenes de Alginet y de Carlet, Emilio N. P., de 21 años ahora y Agustín Usama P. E., de 22 recién cumplidos, el primero de los cuales, presunto ideador del plan, tenía solo 20 años cuando supuestamente cometió los hechos, y el segundo, 21.
[–> [–>[–>El mismo destino, la cárcel, espera al hijo del fallecido, Juan José B. H., de 23 años, investigado pero no detenido porque continúa hospitalizado debido a las gravísimas lesiones que le causaron las quemaduras. En su caso, está acusado del incendio, pero no del homicidio de su padre. De hecho, se le considera único autor de ese fuego intencionado
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Vehículo de la Guardia Civil con uno de los presuntos asesinos de Banifaió a bordo, camino de prisión. / Agustí Perales Iborra
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Las quemaduras del hijo, los «encapuchados» y la autopsia
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Para el cuarto investigado, vecino de Benifaió y de 41 años, que les ayudó a llevar cuatro garrafas de gasolina al piso para rociarlo entero y provocar el incendio, la jueza ha decretado libertad con cargos. En su caso, ha sido la magistrada quien ha ordenado que pase a estar investigado en la causa, tras citarlo como testigo para interrogarlo junto al resto de implicados en la mañana de este jueves.
[–>[–>[–>Tal como ha adelantado en exclusiva Levante-EMV, este jueves no fue un incendio fortuito y menos aún una muerte accidental. Juan Miguel Beraza Ochoa, de 53 años, fue asesinado en su casa de Benifaió en agosto pasado y quien participó en ese homicidio prendió fuego a la casa para aparentar que todo había sido fruto de un accidente. Ahora, cinco meses después, el grupo de Homicidios de la Guardia Civil de València, gracias a su trabajo, al de los forenses y al del laboratorio de Criminalística de la Comandancia de València, ha detenido a los dos presuntos responsables de este crimen, Emilio N. P. y Agustín Usama P. E. Y ha imputado al hijo de la víctima, acusado de haber quemado el piso con el cuerpo de su padre dentro para borrar huellas. Nuevo homicidio resuelto.
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Los hechos sucedieron a última hora del lunes, 18 de agosto, en un piso de la última planta de un edificio de tres alturas. En un primer momento, el incendio fue atribuido a una supuesta explosión de gas que habría prendido fuego a una de las estancias, desde donde se habría propagado al resto del piso. Sin embargo, en la finca no había gas natural y no había estallado ninguna bombona.
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[–>El hijo de la víctima, de 23 años y que vivía con su padre, y una vecina tuvieron que ser hospitalizados. La segunda, por inhalación de humo, pero el primero, por quemaduras. En las manos y en otras partes del cuerpo especialmente comprometedoras. Esas quemaduras son propias de quien inicia un fuego y resulta salpicado por el acelerante, que arde tanto sobre la ropa del autor como sobre aquello que pretende quemar. Una primera señal de alerta muy clara para la Guardia Civil. La segunda fue escuchar a varios vecinos diciendo que, justo antes de esa explosión, «había un fuerte olor a gasolina» en la escalera y en el rellano de la vivienda.
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Muerto de una paliza, más de 24 horas antes
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El hijo, además, salió gritando en busca de ayuda, diciendo a voces «mi padre está muerto, mi padre está muerto». Era demasiado pronto para saber que había fallecido, si la muerte realmente hubiese sido consecuencia del incendio. De ahí, el joven fue evacuado a la Unidad de Quemados de La Fe. Tanto él como la vecina se encontraban en estado grave, tanto que al menos el ahora imputado continúa ingresado debido a las graves secuelas por la profundidad y extensión de las quemaduras sufridas.
[–>[–>[–>Aunque es cierto que había una sospecha clara de que no estaban ante una muerte accidental, la certeza definitiva vino del Instituto de Medicina Legal (IML) de València. Nada más finalizar la autopsia, los forenses advirtieron a los agentes de Homicidios de que la víctima, Juan Miguel Beraza, llevaba horas muerto -al menos 24 horas, concretamente- cuando se produjo el incendio y las llamas prendieron en su cuerpo, entre otras cosas, porque en sus pulmones no había humo, lo que demuestra que no lo respiró, así que ya estaba muerto con antelación. Pero es que, además, determinaron que la causa de la muerte había sido una brutal paliza recibida al menos 48 horas antes del incendio. Con esas conclusiones, obviamente, el hijo fue el primero al que se le tomó declaración. Y negó la mayor.
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Según su versión, el crimen habría sido autoría de «unos encapuchados» a quienes dijo no conocer y haber visto salir corriendo del piso, justo después de desatarse el fuego, en torno a las 22.15 horas de ese 18 de agosto. También, apuntó ya en ese primer interrogatorio como testigo, que esos desconocidos habían matado a su padre por una deuda.
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A preguntas de los investigadores, ha negado siempre su relación no solo con la muerte de su padre, sino también con el incendio posterior. Incluso cuando uno de los vecinos que le vio salir corriendo en llamas -«a uno le salía fuego de una pierna», relató en aquel momento a este diario ese vecino- le reconoció ante la Guardia Civil siguió negando su implicación.
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La Guardia Civil precinta el edificio en el que se produjo la explosión que dejó un muerto en Benifaió. / Perales Iborra
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Obligarle a pagar la deuda
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Mientras, especialistas en investigación de incendios de Criminalística de la Zona de Valencia, con sede en el cuartel de Benimaclet, informaban de que, una vez analizada la escena, había indicios claros de que el fuego había sido intencionado y provocado con el uso de gasolina, combustible del que encontraron las trazas evidentes que quedan tras un siniestro en el que se ha usado ese líquido como acelerante de la combustión. En el comedor, donde se había iniciado todo y donde estaba el cuerpo sin vida de la víctima.
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A partir de ahí, Homicidios empezó a reconstruir lo ocurrido y, a lo largo de cinco meses, han recopilado imágenes de cámaras de seguridad e información de geolocalizaciones y contenidos telefónicos que les han llevado a identificar a los dos presuntos implicados en el asesinato de Juan Miguel Beraza, que trabajaba en una industria de la Ribera, y a reunir las pruebas de qué hizo cada uno de los presuntos responsables, desde la paliza a Juan Miguel Beraza, hasta que su cuerpo se consumió en el incendio. También les han servido para concluir que el móvil del crimen había sido económico, para obligar a la víctima a pagar la deuda contraída por él y por su hijo, por el consumo abusivo de cocaína que, supuestamente, no habían pagado a sus camellos.
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Acusados de tres delitos graves
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Una vez recopilada toda la información y reunidas las evidencias, ya solo faltaba diseñar el momento de las detenciones que, como es habitual cuando hay más de un implicado, se han realizado de manera simultánea para evitar chivatazos de unos a otros.
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Así, los dos presuntos autores materiales del crimen fueron arrestados a primera hora del martes en sus domicilios, en un municipio de la Ribera, y, según la información obtenida por Levante-EMV de fuentes de toda solvencia, al menos uno de los acusados habría confesado ya, con pelos y señales, qué ocurrió en el piso de Juan Miguel entre el domingo, 17 de agosto por la noche, cuando se cometió el asesinato, y ese lunes, 18, cuando prendieron fuego al piso tras rociar con gasolina el cadáver y el resto del comedor.
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De momento, los dos presuntos autores del asesinato están acusados de tres delitos: un homicidio consumado, otro intentado (el de la vecina) y un delito de incendio en casa habitada con grave riesgo para las personas. El hijo, únicamente de haber participado en la quema de la vivienda que a punto estuvo de costarle su vida y la de la vecina. De hecho, el hecho de que continúe hospitalizado como consecuencia de las gravísimas quemaduras que se hizo en la quema del piso es lo que ha hecho que, en su caso, no haya sido detenido y figure únicamente como investigado en la causa abierta en la Plaza 2 de la Sección de Civil e Instrucción del Tribunal de Instancia de Carlet. Eso sí, como sus compinches, irá a prisión.
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