Consumir cine en el móvil es como ver ‘Las Meninas’ en una fotocopia
Miguel Marías (Madrid, 1947), una de las voces más respetadas y libres de la crítica cinematográfica española, regresa a Gijón para participar en la quinta edición del «Cine Club 60», que organiza el Festival Internacional de Cine de Gijón (FICX) y la Sociedad Cultural Gijonesa. El que fuera director de la Filmoteca Española conversará este domingo, día 25, con el público sobre el western «Patt Garret y Billy el Niño», de Sam Peckinpah, una cinta que ha analizado en numerosas ocasiones pero que le sigue exigiendo el rito de la visión presencial. Marías se muestra muy crítico con la narrativa de las series contemporáneas –a las que tilda de «pérdida de tiempo»– y con la fragmentación excesiva del rodaje del cine actual, que a menudo carece de un «punto de vista unitario».
[–>[–>[–>¿Cómo surge esta colaboración con el «Cine Club 60»?
[–> [–>[–>Llevo varios años yendo a algunas de las cosas que programan. Cuando me proponen títulos, elijo según la fecha o, simplemente, según la película que más me apetece. Hay películas que te gustan pero que te da pereza volver a ver o comentar; en cambio, «Pat Garrett y Billy el Niño» siempre me incita a volver.
[–>[–>[–>
¿Qué hace tan especial a este título de Sam Peckinpah?
[–>[–>[–>Representa el acta de defunción del western como género. Un género solo está vivo cuando se hacen muchas muestras al año, como en los 50. Ahora es raro el año con dos o tres westerns señalables. Es también un acto sacramental, porque todos saben que Pat Garrett matará a Billy, no hay suspense, lo que importa es cómo se estructura esa melancolía y la lírica de la traición entre amigos. Y con música de Bob Dylan.
[–>[–>[–>
Usted defiende la necesidad de actualizar la mirada volviendo a ver los clásicos.
[–>[–>
[–>Absolutamente. No se puede uno fiar del recuerdo. Para presentar una película hay que volver a verla, porque los matices cambian según tu estado o el ambiente. El cine es algo que ocurre ahora, en el momento de la proyección, aunque la cinta tenga 40 años. Es bonito porque nunca se acaba; siempre puedes descubrir gestos marginales o detalles en las actuaciones que antes pasaste por alto.
[–>[–>[–>
¿Tiene el espectador actual paciencia para este cine o han ganado las plataformas digitales?
[–>[–>[–>Es una paradoja. La gente tiene paciencia para ver series, que yo no soporto porque exigen un tiempo mal invertido, pero no para ver películas antiguas. He intentado ver algunas que dicen son maravillosas y a las 80 horas todavía no habían arrancado. Prefiero el cine en el que en ocho minutos ya conoces a los personajes y el conflicto. No obstante, el cine actual es a menudo atropellado, fragmentado en 60 planos por escena sin un sentido narrativo claro.
[–>[–>[–>
¿Se está perdiendo la esencia al consumir cine en dispositivos pequeños como móviles?
[–>[–>[–>
Ver cine en una sala de cine es fundamental. Se está perdiendo el efecto de amplificación. En pantalla grande vemos detalles que no vemos ni en la vida real. Ver «Lawrence de Arabia» en un móvil no es verla; es como ver «Las Meninas» en una fotocopia en blanco y negro. La huella que deja una proyección real es mucho más fuerte que la de un ordenador. Además, la visión compartida con un público ofrece una perspectiva complementaria que no tienes tú solo.
[–>[–>[–>
El ciclo homenajea a José Luis Cienfuegos con «Mouchette». ¿Qué opinión le merece?
[–>[–>[–>
No sabía que José Luis tuviera predilección por ella y me parece muy bien, es una película magnífica. En su día sufrió por la comparación con «Al azar de Baltasar», pero para mí «Mouchette» es superior por su sobriedad y su emoción generosa hacia los personajes. Es de esas películas que hoy apenas se hacen, donde no te pasas dos horas viendo a gente antipática.
[–>[–>[–>
Suscríbete para seguir leyendo
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí