Un paquete de pollo vale 4.000 pesos y mi pensión es de 2.000 pesos, así no podemos comer»
Los cubanos estamos inmersos en la peor crisis de su historia: sin comida, sin luz, sin medicinas… Cuba se encuentra en un estado terminal y, ahora, tras la intervención de Trump en Venezuela, se ha quedado sin el petróleo venezolano, que representaba nada menos que el 30% de su dieta energética. En la isla residen unos 16.000 asturianos, con nacionalidad española (nacidos en Asturias o descendientes de emigrantes). Comprenden, sin duda, la comunidad de asturianos de todo el mundo que viven en peores condiciones económicas. Muchos de ellos dependen para sobrevivir de las ayudas económicas que el Principado les envía anualmente. Son muchos los que dicen que Cuba está al borde de un desastre humanitario. LA NUEVA ESPAÑA entrevista durante estos días a representantes de la comunidad asturiano-cubana. Todos han pedido permanecer en el anonimato por temor a represalias del régimen que lidera Díaz-Canel.
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Comer y cocinar el Cuba se está poniendo muy cuesta arriba. Primero, el precio de los alimentos está disparado y el mercado está desabastecido. Pero es que, además, apenas hay energía para cocinar. “El precio que tienen los alimentos son exorbitantes, muy altos”, dice a LA NUEVA ESPAÑA Violeta, nombre ficticio de una cubana descendiente de asturianos que vive lejos de La Habana, donde si cabe la situación es todavía más calamitosa. Pone un ejemplo: “Un paquete de pollo te está costando 4.000 pesos, cuando una pensión es de 2.000 pesos. No da para mucho. La leche y los cárnicos también están a precios exorbitantes. Todo esto dificulta mucho una correcta alimentación”.
[–>[–>[–>Y una vez que se tienen los alimentos, cocinarlos es una auténtica aventura. Las restricciones energética a las que está sometida la población cubana (que ahora además se ha quedado sin el 30% del petróleo, que recibían de Venezuela) hace que tengan que aprovechar cualquier momento de luz para ponerse a cocina, aunque sea de madrugada. Así lo cuenta Violeta: “Por la situación que tenemos actualmente en el país nos pasamos muchas horas en apagón, lo que dificulta la elaboración de los alimentos. Por lo tanto, se están elaborando a deshoras y muchas veces hay que comerlos fríos y se corre el riesgo de que se echen a perder”.
[–> [–>[–>Cocinas con energía eléctrica es un imposible, pero con gas tampoco es fácil. Así lo detalla Violeta: “Otro aspecto difícil es la situación que hay con el gas licuado para la cocción de los alimentos por el desabastecimiento que hay en los puntos de ventas. Esto hace que uno pueda comprar una balita (bombona de butano) pequeña cada siete u ocho meses y solamente dura 20 o 30 días, ahorrándola. El resto del tiempo se depende totalmente de la corriente con la inestabilidad que tiene. A veces son hasta 12 horas sin corriente, la ponen tres horas y la vuelven a quitar 6 u 8 horas más”.
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Sin luz ni gas, han tenido que recurrir a otras alternativas. Violeta lo explica así: “Las otras opciones para cocinar son con leña o con carbón dentro de las casas, pues no tenemos patios o espacios donde hacerlo. Esto es desesperante por el humo y el churre que genera, lo que atenta contra la salud de las personas que viven en la casa y molesta a los vecinos de alrededor”. Y eso cuando tienen dinero para poder combrar material combustible: “Y, por supuesto, los precios que tienen los sacos de carbón o de leña son también elevados. Pasan de los 1.200 pesos y duran siete u ocho días también ahorrándolos. En fin, es una situación bastante difícil el tema de la cocción de los alimentos”.
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