«La bala de Corvera» se desliza por el hielo y aspira al podio mundial en Suiza
Israel Blanco Amorín está en Letonia, en la ciudad de Sigulda, donde compite en la Copa del mundo del bobsleigh adaptado o parabobsleigh, un deporte del que es el único representante «corverano, asturiano y español». El de Molleda lleva once años en este mundo, deslizándose con un trineo por largos toboganes de hielo a gran velocidad por media Europa. Su amigo poleso Javier Piquero le recomendó que probara el bobsleigh adaptado y desde su primer deslizamiento en una carrera disputada en Austria no ha parado. «Me enganchó», reconoce. La mezcla de adrenalina y concentración que requiere ese deporte tiene en Blanco un aliado que a partir del próximo día 27 competirá en Saint Moritz (Suiza) donde se disputará el campeonato del Mundo. «Aspiro a subir al podio», comenta el corverano desde el otro lado del teléfono. En las pistas suizas superará los cien kilómetros por hora en los descensos.
[–>[–>[–>Blanco es un deportista desde chaval. Fue jugador de balonmano en su Corvera natal desde que tiene recuerdos. Un accidente laboral le pasó factura a sus 21 años. Mantuvo la cabeza fría y las ganas por salir adelante y lo consiguió. Eso sí, no pudo salvar su pierna izquierda, sin embargo eso no le ha impedido desligarse del mundo del deporte. Por ello decidió animarse a probar una disciplina deportiva que «nada tiene que ver» con el balonmano y, en su momento, nueva para él y para los españoles, ya que no existen pistas para practicar este deporte de hielo. El único español que practica bobsleigh adaptado es además presidente del Club Veteranos Corvera Handball, que sustituyó al ya desaparecido Balonmano Corvera y entrenador del equipo de alevines. También ha sido convocado en varias ocasiones por la Selección española de balonmano en silla de ruedas para concentraciones en Valladolid, pero eso es otra historia.
[–> [–>[–>Israel Blanco Amorín con una de las medallas obtenidas en Noruega. / Girts Kehris / IBSF
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Actualmente, Blanco Amorín es un referente en el mundo del bobsleigh adaptado. Cuenta con el apoyo de la Federación internacional de deportes de hielo para sus desplazamientos. Ha competido en Italia, Suiza, Noruega, Letonia y algún que otro país más a lo largo de su trayectoria. A sus 48 años se encuentra con fuerzas para competir. Prueba de ello fueron las primeras carreras de la Copa del Mundo disputadas en Noruega, las dos primeras de las seis que conforman el circuito. En la pista ubicada junto a la ciudad noruega de Lillehammer, el corverano obtuvo podio.
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Primero obtuvo un segundo y después un primer premio, respectivamente. Eso le daba alas para alcanzar un gran resultado final en las cuatro pruebas restantes y que se disputarían días después en la ciudad letona de Sigulda. Sin embargo, en Letonia no le fue tan bien. En uno de los primeros descensos, relata, sufrió magulladuras en las costillas tras un mal movimiento en pleno descenso -«el dolor es llevadero», manifiesta- y eso dificultó considerablemente mantener los buenos resultados que traía de Noruega en el cómputo general de la Copa del Mundo. Otro día, aún con dolores, decidió participar y tuvo la mala suerte de quedarse a un metro de la meta. «Si no cruzas la meta, no puntúas», lamenta el corverano, que decidió descansar algunas jornadas y no forzar la máquina para estar lo mejor posible para el Campeonato del Mundo.
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Imagen de uno de los podios que Israel Blanco, en el centro, realizó en Noruega / Girts Kehris / IBSF
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Blanco no contaba con ese traspie que tuvo en Letonia. «Este año venía muy bien, con fuerzas para hacer un buen papel pero, claro, me pegué ese tortazo en las costillas…», reflexiona el corverano, que es consciente de que eso no le impedirá competir al máximo nivel en el Campeonato del Mundo de Suiza. «Las costillas no están ni rotas ni fisuradas, si no me subí estos días es para estar bien en Suiza, para estar recuperado», añade.
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La «bala de Corvera» detalla que hay diferencias entre el bobsleigh adaptado y el convencional. Una de ellas es que el trineo está solo pensado para una persona frente a los grupos de dos, tres y cuatro. «Nosotros salimos directamente sentados y competimos en la misma categoría chicos y chicas y además estamos encinchados», apunta Blanco que explica además que en su caso se tiene que quitar la prótesis de su pierna izquierda y requiere de ayuda de otra persona para subirse a la embarcación, antes de deslizarse por el tobogán de hielo. El deporte consiste en conjugar la velocidad con el equilibrio en tramos en los que es posible alcanzar los 130 kilómetros por hora. Y en esas anda Israel Blanco Amorín, al que no le gusta hablar de superación pero sí deporte y de esforzarse al máximo para competir en una disciplina nada convencional.
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