golpes internos, intervenciones externas y unas calles ensangrentadas
Calma después de la tormenta. Esta es la situación en la que, en la actualidad, se encuentra una Irán paralizada, rota y descompuesta, tras el final —forzado por las matanzas de hace dos semanas— de la ola de protestas que sacudió el país desde el 28 de diciembre hasta mediados de enero.
[–>[–>[–>Las cifras asustan. Debido a la represión contra esa ola, y sobre todo durante las protestas del 8 y 9 de enero, cerca de 5.000 personas murieron, según la oenegé HRANA. La cifra definitiva, según la organización podría ser mucho mayor: HRANA asegura estar investigando la posible muerte de 9.000 personas más. El episodio ha sido, de largo, el más sangriento en la República Islámica desde su inicio, tras la revolución islámica de 1979.
[–> [–>[–>Ahora, tras esa muerte, todo ha parado. El país sigue bloqueado, con restricciones al acceso de internet, y a pesar de que ya no hay protestas en las calles, iraníes que han conseguido salir del país aseguran que la tensión es enorme. Todo está contenido y a la espera de lo que haga un solo hombre: el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que asegura «querer negociar» con Teherán mientras su Gobierno «no descarta» una acción militar contra Irán.
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«Los iraníes somos orgullosos, y no queremos un ataque desde fuera. Pero, sinceramente, es difícil ver otra opción. Con protestas solo el régimen no caerá. Esto lo hemos visto ya. ¿Que Trump haga lo mismo que hizo con Nicolás Maduro con [el líder supremo iraní, el ayatolá Alí] Jamenei? Puede que no funcione, pero es una de las pocas opciones que tenemos», afirma un joven iraní que acaba de abandonar Irán.
[–>[–>[–>En el país persa, sin embargo, existe un enorme miedo a que la posibilidad de una intervención y ataques estadounidenses e isrealíes militaricen el país, que los seguidores de la República Islámica —una minoría, pero varios millones— se movilicen, y las represalias vuelen en todas direcciones para que acaben pagando las consecuencias los de siempre, la castigada población iraní.
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Ya ocurrió tras la guerra de 12 días contra Israel de junio del año pasado. En los meses posteriores, Irán aceleró sus condenas a muerte y ejecuciones de presos supuestamente capturados por «ser espías» de Tel Aviv. Organizaciones de derechos humanos llevan años denunciando que muchos de los condenados a muerte lo son por confesiones realizadas bajo tortura.
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[–>«El próximo capítulo de Irán vendrá del resultado no solo de lo que haga o no EEUU, sino de las dinámicas que se generen entre países de la región, que temen un caos tras el colapso del régimen, protestantes y las facciones pro-Jameneí. Qué pasará es algo imposible de saber», explica Arash Azizi, profesor de la Universidad de Yale.
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Para el académico, sin embargo, si que hay algo claro, y es que «hasta hace unos pocos años, millones de iraníes votaban en las elecciones del país esperando que gente moderada de dentro del régimen pudiese llevar al país a la reforma. Pero el rechazo de Jameneí a cualquier cambio y sus masacres de civiles en masa han cambiado todo. El Ayatolá tan solo ha traído muerte y miseria. Los iraníes quieren un cambio; sea como sea».
[–>[–>[–>¿Un cambio desde dentro?
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Irán lo ha perdido todo. El régimen se ha convertido en una especie de ‘zombie’, sin apoyo interno, en una crisis económica y militar sin paliativos y, además, sin su red de aliados en Oriente Próximo, derrotados por una Israel que ha conseguido aplastar tanto a Hamás en Palestina como a Hizbulá en el Líbano. Sin el apoyo financiero y logístico de Teherán, estos grupos —que conformaban el ‘Eje de la Resistencia’ con el Gobierno de Asad en Siria, también desaparecido, los hutíes en Yemen y las milicias chiíes de Irak— se han visto muy debilitados.
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Cada vez son más las voces que hablan de un posible golpe interno contra Jameneí, de 86 años y sin un sucesor claro. Según el experto Hamidreza Azizi, sin embargo, esta posibilidad, aunque real, está aún muy lejana.
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«Hay una insistencia en las últimas semanas de un incremento en la posibilidad un golpe interno, pero creo que viene de entender a la Guardia Revolucionaria —el cuerpo de élite político-militar del país persa— como un actor aparte del sistema político. Pero la guardia es el pilar central de ello: es la base fundamental del sistema», dice el experto, que sin embargo cree que otro tipo de «golpe» ya está teniendo lugar.
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Este, dice Azizi, es «lento», y busca expandir el control «burocrático y militar» de la guardia para «asegurar y proteger» el débil sistema actual iraní. «Un golpe militar clásico contra el líder supremo sigue siendo improbable por razones estructurales. Sin embargo, un orden post-Jameneí que consolide aún más el poder de la élite militar y de seguridad en general dentro del Estado no solo es plausible, sino que ya está pasando».
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