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Necesito darme el permiso de vivir más que mi padre

Necesito darme el permiso de vivir más que mi padre
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  • Publishedenero 25, 2026



Alba Flores No sólo es una de las actrices más reconocidas de su generación, aunque su rostro ha servido para abanderar luchas políticas y feministas. Ella también es una mujer que ha aprendido avisita su historia y la de su familia mediática de manera personal, mezclando en su análisis algo que para los Flores es indivisible: lo que sucede delante y detrás de las cámaras.

hija de Antonio Flores y nieta de Lola Floressu identidad se construye en constante diálogo con un inmenso legado cultural, pero también con las heridas y contradicciones que siempre revela este tipo de análisis familiar. En el segundo programa del nueva temporada de Lo de Évolegrabado un día después de recibir el Premio Forqué por Flores para Antonioel documental que ha conmovido a toda España-, Jordi Évole se acerca a ella desde un lugar íntimo, pero severo. Alba no se anda con rodeos y pronto lo descubrirá.

El programa comienza en el Rastro de Madrid, un lugar que para Alba no es un decorado, sino un mapa de su infancia. Allí, en la calle donde vivía la familia de su madre, regatea para comprar una vieja revista que habla del nacimiento de su padre y lee un detalle llamativo que dice más de lo que parece a primera vista: «El primer sonajero se lo regaló Estrellita Castro«La España de entonces sabía incluso quién le había comprado el primer sonajero a Antonio Flores.

La presencia de los Flores es palpable en cada posición, y Alba lo vive con naturalidad: «Para mí es mi vida, pero flipas». Todo, o casi todo, lo que rodea a su familia es de dominio público y no encuentra nada extraño en ello. Entre los puestos también aparecen recuerdos incómodos. una revista Entrevista se refiere a un momento doloroso: Alba recuerda el juicio que ganó tras la publicación de un fotografía de él tomada cuando era menor de edadaunque fue estrenada justo cuando cumplió 18 años.»Se equivocaron mucho porque tenía 17 años.» Su madre y sus tías también aparecieron en esa misma revista.

Su sinceridad sobre Antonio Flores

En ese paseo por el Rastro se encuentra con su madre, Ana Villaquien ofrece una nueva ventana a través de la cual podemos ver la personalidad de su hija y el día a día de la familia que formó con Antonio Flores. Sobre él, habla honestamente. «Aunque rompimos, hicimos muchas cosas juntos», explica. Ella nunca dejó de amarlo y siempre quiso volver con él: «Estaba enamorada, hubiera tenido seis hijos».

el documental Flores para Antonio Elimina heridas profundas en las mujeres de Antonio.. Y volver a sumergirse en ese legado familiar documentado al extremo por esta narrativa audiovisual ha sido muy duro para ella, y también «para Lolita y Rosario».

la presencia de Elena Furiase amplía el retrato familiar. «Donde quiera que vayas, hay algo en ellos», dice sobre la huella cultural de los Flores. Juntos recuerdan a su abuela Lola Flores y los cuentos que les contaba para dormir: «Nos contó historias muy raras, eran como las de David Lynch, Tim Burton las podría haber hecho«.

La conversación se mezcla entre la admiración y la sorpresa por la influencia cultural y mediática de los Flores, pero también por la forma en que han sobrevivido al paso del tiempo y la fama. También evocan a su abuelo La pescaillasiempre pendiente: «¿Has comido? ¿Tienes dinero? ¿Estás bien?» Alba corrige cuando Jordi lo define como «patriarca«: «Eso es un invento estúpido.»

Machismo en ‘La Casa de Papel’

En este contexto, la conversación pasa a la fama de Alba y su personaje en El robo de dinero. Évole recuerda Nairobisu personaje icónico, pero para Alba, algo polémico: «No me parece una serie especialmente feminista.. No lo es. No importa que mi personaje dijera ‘empieza el matriarcado’ y quedó como un símbolo», reconoce, aunque esa escena ha servido «para reivindicar muchas luchas, por ejemplo la del aborto en Argentina».

Su carácter era una bandera: «Para mí, perfecto. Pero originalmente, El contenido no era tan fuerte, consciente y nutritivo como el significado que luego la gente le dio«.

La conversación se facilita con recuerdos de la infancia compartida. Ella y Elena realizaron entrevistas con la familia, incluida Juan El Golosina, a quien Elena le preguntó si era «un hombre un poquito como una mujer». El humor llega con la confesión de Évole: Tuvo – y sigue teniendo – un «crush» con Elena. «Igual que le dijiste a Henar Álvarez…», dice la presentadora recordando una entrevista que Alba concedió al programa ‘Al cielo con ella’, presentado, precisamente, por el ‘crush’ de Alba.

Jordi admite que ya se lo había contado Lolita en un programa de la temporada anterior de Lo de Évolepero lo quitó del montaje: “Se lo dije a tu mamá en la entrevista y lo quité después”. «No le hizo ninguna gracia», confiesa entre risas. Alba cierra la escena con un ‘dardo’ magistral: «Me engañaste para que tuviera una cita con mi prima. Cuchara el payo«.

Fama, paparazzi desde la infancia.

La fama parece ser una presencia incómoda para ellos desde la infancia. ambos recuerdan creciendo perseguido por paparazzi. «Antes los niños no estaban protegidos en la televisión. Nos perseguían en los coches, le tiraban helado a mi hermano y se echaba a llorar, lo veía como muy abusivo», cuenta Elena.

Aun así, Alba reivindica el profundo sentimiento de pertenencia a sus raíces: «Somos una familia sindical de artistas, lo que nos une no es la gloria y la fama.sino el amor al arte y al público.» Y añade: «Mi tía Lolita, mi tía Rosario, mi prima y yo no vivimos de rentas; trabajamos como perras y seguimos haciéndolo«.

El programa entra entonces en uno de sus núcleos más políticos. Alba denuncia haber sufrido racismo toda su vida. Pone como ejemplo el momento en que se mudó a un nuevo barrio, donde los vecinos empezaron a temer que iba a causar muchos problemas allí: «No creo que esto le pase a Bárbara Lennie ni a Aitana; No es por el artista, es porque somos gitanos«.

La corrección a Évole

Alba recuerda en este punto el momento en el que Évole se refiere a El Pescaílla como «patriarca» del «clan» Flores e insiste en la importancia del lenguaje: «Cuidado con cómo nombras las cosas, porque el lenguaje genera pensamiento». «Los gitanos no llaman ‘clan’ a nuestra familia, como si fuéramos Los Soprano«, aclara. Una nota que Évole agradece.

En el segundo programa, Jordi Évole visita a Alba en su casa. Cocinan un guiso vegano con la receta de Ana Villa mientras hablan de fama y privilegio. «Es un problema de privilegiados, no es un problema de vida», afirma Alba.

Jordi reflexiona sobre la polarización social y recuerda que alguien le gritó «Viva España». Alba añade que ella Le gritaban «Arriba España» cuando estaba con su amigo no binario. También opina sobre la extrema derecha, el machismo y el patriarcado: «El patriarcado nos oprime a todos, brutaliza a los hombres». Cita a Pamela Palenciano y bromea sobre la necesidad de «Talleres de corte de cebolla para nuevas masculinidades«.

También habla de su «familia elegida»: «tengo amigos, amigos y amigas«. Algo que a su familia le cuesta entender, por mucha curiosidad que tenga por entenderlo. Alba reflexiona sobre la represión de la libertad sexual y el fascismo: «Si eres capaz de renunciar a eso, puedes obedecer a cualquier cosa». Y va más allá en su reflexión sobre por qué «los fascismos se oponen a la libertad sexual»: «Si nos hubieran enseñado a relacionarlas libremente con la sexualidad, ¿quién carajo iba a trabajar ocho horas diarias?«.

La relación de Flores con el régimen de Franco

Alba reconoce que Le hubiera gustado que la familia Flores fuera «más combativa» contra el régimenaunque contextualiza a su abuela, que afirmó que había convivido «muy bien» con Franco y que habría dicho lo mismo de «los barbudos» -como llamaba a los comunistas- si la hubieran tratado igual.

Ante esta ambigüedad, reivindica a su padre: «Claramente, mi padre si tenía una ideología antifascista“Y luego recita algunos versos de canciones que dan buena cuenta de ello.

Évole señala que Alba es la que menos se expone en el documental Flores para Antonio. Recuerda haber omitido momentos en los que se derrumbó: «No funcionó, era demasiado pornográfico.También habla de una expareja de siete años y de cómo esa relación le permitió profundizar en sus heridas.

«No he tenido tiempo de reflexionar sobre el hecho de que estaba enamorada de mi padre», sabe admitir ahora. Cuando Jordi le pide que diga algo negativo sobre su padre, Alba responde: «Vivía muy arriesgado y eso era muy difícil de manejar para quienes lo rodeaban.«.

El encuentro con Carla Simón

la llegada de Carla Simónque entra en la propia casa de Alba Flores, abre un bloque intenso. La actriz comparte con el director de Verano de 1993, Alcarrás y Peregrinaje la experiencia de perder a sus padres a una edad muy temprana a causa de las drogas y reflexionar sobre el estigma. Alba recuerda cuando un niño insultó a su padre llamándole «drogadicto» cuando estaban en la escuela: «Fui a casa y le pregunté a mi madre». Carla comparte cómo se enteró de que sus padres murieron de SIDA. Ambos han superado la edad en la que murieron sus padres y tienen un sentimiento extraño. En su cumpleaños número 33, Alba compartió una tarta con su familia. «Necesito darme permiso para sobrevivir a mi padre.«, reflexionó entonces.

Ambos reflexionan sobre la generación de los 80 y le dan una nueva lectura que reconoce su valentía y su capacidad para romper reglas. Alba conecta esta nueva visión con el presente: «No hemos tenido permiso para ser como ellos en lo cool, en la libertad, en cuestionar el sistema.«. También admite que se encontró admirando a su padre por haber logrado desintoxicar y aguantar al mono durante el proceso de creación del documental.

Al despedirse, Alba agradece a Carla haberlo hecho Verano de 1993una película en la que se vio sumamente reflejada. También se preocuparon por ella cuando no lloró tras la muerte de su padre. «Es que Alba no llora«, dijeron. Tampoco la niña protagonista de Verano.

La emoción de Alba al escuchar yo no dudaría

El programa finaliza con Alba depositando flores ante la estatua de Lorca, cruzándose con un coro cantando villancicos en la Plaza de Santa Ana. La emoción aparece en su rostro cuando empiezan a cantar. yo no dudaría al verlo. No puede seguirlos con la voz, pero sí con los ojos. Alba ya no canta, pero escucha, habla y siente.

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