El hábito diario que está destrozando el turbo
Hay gestos diarios al volante que realizamos de forma automática, sin pensar, convencidos de que no tienen consecuencias para el turbo. Arrancar, conducir, aparcar y apagar el motor forman parte de una rutina tan interiorizada que rara vez nos paramos a reflexionar si lo estamos haciendo bien. Sin embargo, Algunos de estos hábitos aparentemente inofensivos son causa de averías muy costosas que llegan prematuramente al taller.
El turbo es un componente clave en la mayoría de motores modernos, tanto diésel como gasolina. Mecánicos y especialistas coinciden en lo mismo: hay una costumbre cotidiana, muy extendida entre los automovilistas, que está acortando drásticamente la vida útil del turbo y provocando reparaciones que Pueden superar fácilmente los 1.500 euros.
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¿Por qué es tan sensible a nuestros hábitos?
fuente: propia
El turbo es una de las partes más exigentes del motor. Su función es comprimir el aire que ingresa a los cilindros para mejorar el rendimiento y la eficiencia, permitiendo más potencia con menor consumo. Para lograrlo, gira a velocidades extremas. Pueden superar las 200.000 revoluciones por minuto y trabajar a temperaturas muy elevadas.
Este componente depende críticamente de una lubricación constante. El aceite de motor no sólo reduce la fricción entre las piezas del motor, sino que también ayuda a enfriarlo. Cuando el flujo de aceite es correcto, el turbo puede soportar fácilmente estas condiciones extremas durante cientos de miles de kilómetros. El problema surge cuando este flujo se interrumpe bruscamente.
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