Estos son los hallazgos históricos realizados por los arqueólogos en pleno corazón de Oviedo
Cimientos de construcciones medievales, antiguas canalizaciones, estructuras asociadas al uso del agua y una abundante presencia de materiales cerámicos y de alfarería de distintas épocas. Son, grosso modo y sin entrar en grandes detalles sobre su relevancia histórica, los hallazgos detectados en las catas arqueológicas realizadas en la parcela del Martillo de Santa Ana, según fuentes próximas a la investigación. Unos descubrimientos que ahora obligan a ajustar el proyecto del gran centro cultural promovido por el Arzobispado para revitalizar este punto estratégico del Antiguo, concebido como una intervención que respeta la trama histórica y busca coser el vacío urbano entre las calles Santa Ana y Canóniga.
[–>[–>[–>[–>[–>[–>Los sondeos se desarrollaron entre enero y mayo del pasado año bajo la dirección de las arqueólogas Alicia García y Patricia Suárez Manjón, dentro del procedimiento previo obligatorio antes de edificar en el casco histórico. Los trabajos sacaron a la luz abundante material que los expertos consideran «habitual» en este tipo de intervenciones que conllevan movimientos de tierras e intervenciones en parcelas del Antiguo. No obstante, apuntan que su interés patrimonial ha llevado a la Consejería de Cultura a exigir su conservación y su integración en el futuro edificio cultural.
[–> [–>[–>El proyecto de la Iglesia para crear un centro cultural en Martillo de Santa Ana / .
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La decisión traslada ahora la responsabilidad al arquitecto del Arzobispado, Daniel Cortizo, autor de una propuesta que ya partía de un diálogo expreso con la ciudad medieval. El diseño evita un bloque único y masivo y apuesta por la fragmentación en volúmenes de escala contenida, evocando la primitiva división de parcelas del Antiguo y evitando competir con hitos de gran peso como el Palacio Arzobispal o el palacio de Velarde, sede del Museo de Bellas Artes, ambos muy próximos al solar.
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El proyecto otorga especial relevancia al «cantón», la esquina donde confluyen Santa Ana, Canóniga, San Antonio y Mon, concebida como un prisma en caliza de La Granda que actúa como hito urbano y acceso principal al centro cultural. A su alrededor, otros cuerpos en caliza de Piedramuelle abrazan ese volumen y evocan el antiguo «martillo» del palacio episcopal, acogiendo los principales usos culturales, como salas de exposiciones, espacios polivalentes y áreas de recepción de visitantes.
[–>[–>[–>La intervención se completa con patios interiores que aportan luz, una reducción deliberada de vanos hacia el exterior, contraventanas pétreas y un mirador posterior en forma de terraza elevada, asomada al jardín del Palacio Arzobispal. También se recupera el antiguo edificio de Cáritas, donde se mantendrá la fachada de Juan Miguel de la Guardia y se reforzará la conexión funcional con dependencias eclesiásticas mediante un paso posterior históricamente existente.
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Ahora, esa voluntad de respeto a la memoria urbana debe extenderse también al subsuelo. Los restos ya han sido valorados en dos ocasiones por la comisión permanente del Consejo de Patrimonio Cultural. Aunque ni el Arzobispado ni el Principado detallan su entidad, fuentes diocesanas apuntan a vestigios que permiten leer la evolución de la ciudad desde época medieval hasta el siglo XIX.
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[–>La necesidad de diseñar una solución técnica que permita conservar e integrar estos elementos alargará los plazos de una actuación llamada a ser revulsivo cultural. El plan mantiene su esencia arquitectónica, pero suma un reto añadido: hacer visible dentro del nuevo centro cultural la huella material de los siglos que permanecían ocultos bajo el Martillo de Santa Ana.
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