CLAN MAFIOSO CHINA | China ejecuta a 11 miembros de un clan mafioso que dirigía una vasta red de estafas por internet desde Myanmar
Al hombre esposado le preguntan qué sintió cuando ordenó matar a otro para celebrar el nuevo acuerdo con un socio del hampa. «No sentí nada», responde lacónico. Es un documental emitido recientemente en la televisión pública sobre las mafias chinas que operan en Myanmar y que anuncia el fin de su impunidad. Lo subraya el investigador: «Queremos advertir al resto de que no importa quién seas ni dónde estés. Si cometes esos terribles crímenes contra el pueblo chino, pagarás el precio».
[–>[–>[–>China ha ejecutado a 11 miembros del clan Ming por un variado menú delincuencial. Se ha enriquecido con sofisticadas y pacientes estafas online en todo el mundo, de las inversiones en criptomonedas a los falsos romances, a través de los esclavizados trabajadores en centenares de edificios desperdigados por la frontera sinobirmana. El juicio se celebró en septiembre con bancos atiborrados de acusados y otra veintena de familiares recibió penas entre los cinco años y la cadena perpetua. Al clan se le acusa también de narcotráfico, prostitución y el asesinato de 14 personas. Cuatro murieron tiroteadas en 2013 cuando los trabajadores eran trasladados a la carrera de un edificio a otro tras haber recibido el chivatazo de una inminente redada policial.
[–> [–>[–>En noviembre fue rechazada su apelación y hoy ha comunicado China la ejecución. Ming Xuechang, patriarca del clan y miembro del Parlamento birmano, se suicidó cuando iba a ser detenido. El relevo recayó sobre su hijo y su nieta, ambos ajusticiados según la agencia Xinhua, que ha aclarado que se les permitió despedirse de sus familiares.
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El calendario judicial descarta el tedio en el cadalso. Cinco miembros de la familia Bai ya han sido sentenciados a muerte y los clanes Wei y Liu están siendo juzgados por parecidos delitos. El número anual de ejecuciones en China es secreto pero se sabe que cayeron mucho tras las instrucciones de que se reserven a los casos más extremos y las reformas que obligan al Tribunal Supremo a revisar las dictadas por los inferiores. Con este caudal a contracorriente subraya China el escarmiento y la disuasión para unos delitos que han generado una comprensible alarma social, tanto por los miles de chinos esclavizados como por los que pierden todos sus ahorros.
[–>[–>[–>Falsas ofertas de trabajo
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Los Ming son uno de los cuatro sindicatos del crimen que operan desde las montañas birmanas. Laukkaing, la capital de Kokang y epicentro de la industria, ha levantado lujosos casinos donde había caminos arenosos y pedregales. Myanmar es un mosaico étnico donde el Ejército se ha discutido a tiro limpio durante décadas los territorios con milicias y señores de la guerra. El que regía sobre Laukkaing fue expulsado por los militares a principios del milenio y el jefe de la operación, el general Min Aung Hlaing, se convirtió en líder del país tras la asonada de 2021. Bajo su protección, generosamente pagada, florecieron las mafias. La droga y la prostitución nutrieron sus arcas hasta que los encierros de la pandemia recomendaron explorar otras vías. Las estafas a distancia parecían la solución ideal y Myanmar es un ecosistema fértil para la infraestructura criminal.
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Los Ming están asociados a una célebre villa en Kokang que acogió a 10.000 personas en su auge, según la televisión pública china. Muchos eran atraídos con falsas ofertas de trabajo y otros son mano de obra barata. Están obligados a sentarse frente a los ordenadores durante 16 horas diarias para perpetrar sus engaños, confiscados ya sus pasaportes y sin abandonar los edificios donde estafan y duermen. A los reacios se les persuade con palizas, electroshocks o hambre. Los liberados han descrito tácticas similares con los que no alcanzan las cuotas mínimas. Sólo son liberados si pagan cuantiosos rescates o traen sustitutos a su puesto de trabajo.
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[–>Los timos con origen en el sudeste asiático superan los 43.000 millones de dólares anuales con víctimas en todos los continentes, según el Instituto de la Paz estadounidense. El latrocinio ha incrementado las críticas de gobiernos al pasotismo de Myanmar y a China se le agotó la paciencia dos años atrás. Una guerrilla étnica con el apoyo tácito de Pekín recuperó vastos terrenos del estado de Shan, capturó a los criminales y los entregó a las autoridades chinas. Al negocio aún le queda cuerda. La actividad se ha movido a las fronteras con Tailandia, Camboya y Laos, también lugares sin ley y alejados del alcance de Pekín.
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