Cinco siglos en cuatro cuerdas
Los socios de la Filarmónica esperaban con interés un concierto dedicado al cuarteto de cuerda, considerado la forma más depurada de la música de cámara, y el «Cuarteto Iberia» cumplió sobradamente esas expectativas con un programa ambicioso que recorrió cinco siglos de historia musical, desde el Renacimiento hasta finales del siglo XX.
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El concierto se inició con la ensalada «La Negrina» de Mateo Flecha «El Viejo», figura clave del Renacimiento español. Esta forma polifónica, caracterizada por la mezcla de estilos y elementos diversos, fue interpretada por el Cuarteto Iberia de manera original y extrovertida. Los intérpretes rompieron con la visión solemne que suele asociarse a la música antigua, subrayando su carácter lúdico mediante la incorporación de percusiones y canto, tanto solista como coral, con textos humorísticos que sorprendieron y divirtieron al público. Esta propuesta escénica recordó que muchas de estas obras estaban concebidas para el entretenimiento cortesano y no para la gravedad que hoy se les atribuye.
[–> [–>[–>El cambio de siglo llegó de la mano de Mozart. Los Iberia se colocaron, metafóricamente, las imaginarias pelucas blancas para abordar «La caza». Dedicada a Haydn y estructurada en cuatro movimientos, la obra combina un aparente desenfado con una compleja elaboración armónica y formal. El Cuarteto Iberia supo captar ese equilibrio, con mayor peso técnico en el primer violín, resuelto dignamente por Marta Peño, destacando especialmente el Allegro assai final.
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La segunda parte estuvo dedicada al Cuarteto op. 132 de Beethoven, una de las cumbres del género. Compuesta en plena sordera y tras un periodo de grave enfermedad, la obra transmite una profunda carga emocional. La interpretación evidenció un trabajo minucioso y una comprensión profunda del lenguaje beethoveniano, destacando el amplio scherzo de grandes dimensiones que evoca a la musette y el conmovedor movimiento central. El resultado superó al de Mozart y fue acogido con prolongados aplausos, correspondidos con una pieza minimalista de Philip Glass que devolvió los estados de ánimo colectivos a una serena y deseada calma.
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