REAL OVIEDO – GIRONA |
Denle el mando. En un equipo con tantas carencias técnicas, tiren de Santi Cazorla, algo a lo que agarrarse. Se animó esta vez Almada a darle al Mago —41 años, conviene recordarlo— el mando durante un rato largo, algo que no sonara a simple tributo. Salió Santi como solución, para aportar calma, para encender al Tartiere y para, en definitiva, encontrar fútbol. Porque eso es justo lo que le falta al Oviedo: fútbol. Su participación en el tanto del triunfo, el que permitió saltar de alegría al Tartiere (¡en el 88 se celebró un saque de puerta como un gol!), con esa pausa y servicio a la izquierda (sobresaliente Thiago, luego iremos con él) fue fundamental para que el Oviedo, por fin, lograra ese triunfo que tanto necesitaba. La victoria (1-0) que devuelve un trozo importante de fe.
[–>[–>[–>Desde finales de septiembre no ganaba el Oviedo. Ha llovido desde entonces. Y esta vez no sería sin sufrimiento. Con Aarón sacando un balón milagroso sobre la línea en el añadido y con Ter Stegen queriendo disfrazarse de Trubin en la última acción. Sufrió el Tartiere, que se quedó sin uñas, y celebró a lo grande. En una temporada con tanta miseria, algo a lo que agarrarse. Ya son 16 puntos. Queda un trecho, pero algo más corto que antes del choque ante el Girona.
[–> [–>[–>La primera mitad mostró una de las versiones más pobres del Oviedo en la temporada. O, al menos, con más distancia con el rival. Decir que el Girona fue superior es quedarse corto. Los de Míchel, a los que quizás les falta colmillo, fueron dueños de cada situación, domando con su sistema de pases el intento del Oviedo de Almada de morder.
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No salió la versión enérgica que sí se vio en los últimos encuentros de los azules, que siempre persiguieron sombras, desde el inicio de la jugada catalana, donde Ter Stegen, Reis y Blind siempre jugaron en superioridad. Tampoco es que el Oviedo se jugara la carta de usar las contras. Pocas veces pudo correr y, cuando lo hizo, volvió a quedar demostrado el déficit de talento en la plantilla carbayona.
[–>[–>[–>No es que fuera un asedio visitante, ya se ha señalado que al Girona le falta más mala baba arriba, pero las ocasiones fueron acumulándose ante Aarón. Costas robó ante Vanat cuando ya encaraba a los 3 y Arnau no supo qué hacer con un balón franco, libre de marca el catalán, en un córner fatal defendido por los de Almada. Aarón apareció en dos ocasiones para mantener el resultado. La primera, valiente y veloz, abajo, ante Vanat. La segunda, otra vez ante el ucraniano, tapando cualquier hueco a la red.
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Más protagonismo de Vanat, este a los 26, por un codazo en la cara de Costas sin sanción en forma de tarjeta para Alberola Rojas. Aarón se encargó de recordarle al colegiado que 5 minutos antes el delantero se había lanzado de forma temeraria llevándose al meta por delante. No estaba el partido para acusar de nada al árbitro, pero la fortuna arbitral sigue saliendo cruz.
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[–>Un centro de Javi López ante el que Hassan se relamía para volear fue el triste bagaje ofensivo del Oviedo en la primera media hora. Al menos, los de Almada habían logrado corregir la presión y Aarón vivía algo más tranquilo. Una cuestión de centímetros —la pelota había salido de fondo— evitó el gol de Iván Martín y, ya sobre la bocina, el Tartiere pudo ver los guantes de Ter Stegen, flamante fichaje del Girona en invierno, en un remate blandito de Chaira.
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Al descanso, el 0-0 era un premio valiosísimo en las manos de los locales, que habían sido superados con claridad por un rival cómodo sobre el terreno. Pero al Oviedo le separaba de la victoria un trecho enorme, visto lo visto.
[–>[–>[–>Intentó alterar el guion el equipo azul tras el descanso, con más tiento en la presión. Javi López recibió un gran servicio de Reina ya en el área, pero su centro chut no encontró una pierna que lo llevara a la red. Rugió el Tartiere, que poco pide para hacerlo. Un tiro sin chispa de Hassan y una definición chafada a la carrera de Chaira trataron de darle continuidad al nuevo Oviedo, uno que, al menos, no se encogiera ante el rival.
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Para contribuir a la fe, movió rápido el banquillo Almada, con Thiago, debutante, y Cazorla, reclamo general, al verde. Pretendía el Oviedo agitar su ataque. Santi fue básico en el juego. Destaca más ante la falta de calidad de la plantilla, sí, pero lo suyo solo se explica con un balón.
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Quién sabe si el gol de Chaira hubiera sido posible sin el Mago. Quizás sí. Pero la cosa es que parte de un control y pausa cuando el cuerpo pedía esprint. Cazorla abrió a Javi López, que puso un balón con mimo al área donde llegaba Thiago, el nuevo. El argentino controló a toda velocidad y del mismo control salió una idea en su cabeza: ceder a Chaira para que, a puerta vacía, anotara. Fue un golazo en cuatro fogonazos. Un milagro a la vista de la primera parte, un premio a la mejora en la segunda.
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De ahí al final apretó el Girona y el Oviedo solo respiró básicamente cuando Cazorla la controló o cuando Thiago encontró vías para escaparse. Dejando de lado el flechazo clásico de las primeras citas, el argentino tiene algo. Para empezar, que parece entender el idioma que habla Cazorla, que ya es mucho.
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El epílogo del choque estuvo a la altura de la posición que ocupa el Oviedo. La losa del colista pesa una barbaridad. Aarón sacó sobre la línea un centro que se cerraba directo a gol y en un córner en el que había subido Ter Stegen se mascó la tragedia azul. Pero resistió el Oviedo porque, esta vez sí, era el día. El de volver a la senda de la victoria en Primera y recuperar un poco de fe. También de recordar una cosa: denle el mando a Santi.
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