Coraje político en la era de los hombres fuertes
Lo mejor que ha pasado por nuestras manos esta semana es el discurso de Liliana Sáenz de la Torre, hija de una de las 45 víctimas del accidente de Adamuz, en el funeral de Huelva. Les sugiero que presten atención: «Ellos no son los 45 del tren, ellos eran parte de una sociedad tan polarizada que empezó a resquebrajarse hace mucho tiempo y no nos estamos dando cuenta». No se puede decir más en menos. Y los que asistieron a esa ceremonia, y algunos que lamentablemente no asistieron, deberían reflexionar sobre lo que esta mujer dijo en nombre de muchos. Adamuz y la crisis de Rodalies han vuelto a poner en la picota la manera como los políticos, y a su vera los periodistas, gestionan la comunicación ante una tragedia que se cobra vidas. Quizás impulsados por los años de plomo de los atentados terroristas, los políticos en España no dudan ni un minuto en utilizar la tragedia para desgastar a los gobiernos, sean del signo que sean, porque en esto se han ido intercambiando lo papeles. Recordemos episodios sonados como la colza, el 11-M, los incendios de Castilla La Mancha, el hundimiento del túnel del Carmel o la dana valenciana. Creo haber hecho un resumen ecuánime porque hay malas praxis en casi todos los lados aunque la situación se ha agravado desde que el populismo atenaza a los partidos centrales. El que fu representante de los Estados Unidos en Europa durante la Segunda Guerra Mundial, Harry Hopkins, quiso tranquilizar en una ocasión a Winston Churchill, inquieto porque los norteamericanos eran reacios a entrar en combate: «Roosevelt se dispone a liderar la opinión pública estadounidense, no a seguirla».
[–>[–>[–>En la época de los hombres fuertes, la adversidad es una gran oportunidad para demostrar sus agallas. Lo vimos con Boris Johnson durante la pandemia. Y lo vemos cada día varias veces con Trump. Luego hay algunos, como el ministro Óscar Puente, que se dejan llevar por la dinámica de los hombres fuertes y acaban gritando más que nadie para seguir captando la atención. Es decir, haciendo lo que dicen combatir. En situaciones de crisis, como dijo Hopkins, los políticos tienen la obligación de liderar, no de hacer seguidismo de la rabia, indignación o excitación de las víctimas y del conjunto de la sociedad. Entre otras cosas porque en la vida real hay más Lilianas que Alvises. Y lo peor de todo es cuando gente que proviene de tradiciones políticas nucleares en la democracia liberal (Puente, Tellado, Ayuso o Sánchez), se dejan llevar por el griterío de los fanfarrones que arreglan el mundo de madrugada con un par de cubatas y cuando se levantan con la resaca, el mundo sigue igual y ni se acuerdan de lo que dijeron. Para liderar la opinión pública, se necesita un coraje que los hombres fuertes no tienen ni tendrán nunca. Porque el coraje implica correr el riesgo de perder el favor de la gente y eso en democracia equivale a perder el poder y eludir ese riesgo es el primer paso para perderlo. n
[–>[–>[–>
Suscríbete para seguir leyendo
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí