Sánchez y el día de la marmota
Cuando Pedro Sánchez convocó precipitadamente y prácticamente sin consultar a nadie, elecciones generales para el 23 de julio de 2023, sabía que se la estaba jugando de veras. El catastrófico resultado de las elecciones autonómicas y municipales del día anterior le había puesto en un difícil brete con el que bregar. Nadie en ese momento daba un «duro» por él y hasta los más optimistas de los suyos preconizaban una confortable victoria de Feijóo. Se la tenía que jugar y se la jugó.
[–>[–>[–>Sabía que la única forma de mantener el poder, una vez perdidos todos sus feudos electorales, era pactar con quienes aspiraban a trocear España en pedacitos que poco a poco agrandasen sus pequeños reinos de taifas. No lo dudó.
[–> [–>[–>Desde entonces su «reinado» fue de despiece en despiece, siempre por un voto más. El voto de terroristas, independentistas y como no, de quienes veían la posibilidad de sacar algún partido de un gobierno débil, acosado por hienas carroñeando «este País» que, con mucha prudencia y cautela, habíamos conseguido sacar adelante sin sangre, desde la transición.
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Pero claro, para Sánchez una nación era «un sentimiento» y tantos sentimientos había como veleidades separatistas. Por eso no cedió ni un ápice ante quienes le achacaban la destrucción de España.
[–>[–>[–>Para él, la fragmentación de «este País» que se sigue haciendo con cada proyecto ley, es una manera de mantener sus votos y de conseguir lo que tal vez crea que pueda ser la reinstauración, por vía de hecho, de una república federal sin apelar a las urnas, ¿la tercera?
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Así han pasado estos casi tres años de gobierno sanchista. La creencia de que por la vía del decreto se podía restituir lo que se había perdido por la vía electoral.
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[–>Tal audacia encontraba en su propio consejo de gobierno y en algunas partes de lo que quedaba del antiguo partido socialista, una pequeña, que no débil, resistencia. Tuvo que bregar con ello, engañar a los fragmentaristas, y ocultar ante sus propios ministerios que la cosa no iba por ahí. Una y otra vez este gobierno se convirtió en el gobierno de la marmota. Una y otra vez diciendo lo mismo y a la vez lo distinto. Pero que importaba. ¿A quién importaba?
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El peligro dice, es la derecha y la ultraderecha, y la extrema derecha de la ultraderecha, si la hubiere. Como si sus socios separatistas fueran de izquierdas. Pero esos no son un peligro mientras les den sus votos. El único peligro que prevé Pedro Sánchez es su desalojo del poder, porque en esa tesitura ¿quién le salvará de los muchos casos de corrupción que afectan a los miembros del gobierno y de su propia familia?
[–>[–>[–>Así han transcurrido y van transcurriendo estos años de la marmota sanchista. Con decretos que conceden «paguitas» y más «paguitas» a todos los que están, y quieren, en edad de votar. A pensionistas, parados y mediopensionistas. A nacionalistas y a regionalistas. A los que tienen casa y a los que las okupan. A los que van a la Uni y a los que no. A los que piden trabajo y a los que no lo quieren (a los que lo dan, no, que de algún sitio habrá que sacar el dinero). En fin, a todos los que le vayan a dar su sufragio, «pelearé hasta el último voto», dijo.
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Pero un gobernante no puede gobernar para los votos, antes que nada, debe hacerlo para el bien del país que dirige, sea esto bueno o malo por sus pretensiones electorales. En democracia no se puede permitir un gobierno populista, porque esto es el fin de la democracia misma. Dice Platón:
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–¿Y no te percatas (Sócrates) que, como resultado de la acumulación de todas estas cosas, el alma de los ciudadanos se torna tan delicada que, si alguien le proporciona siquiera una pizca de esclavitud, se irrita y no lo soporta? Pues bien, sabes que de algún modo terminan por no prestar atención ni siquiera a las leyes orales o escritas, para que de ningún modo tengan amo alguno.
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–Por cierto, que lo sé bien (responde Glaucón).
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–Pues éste es, según me parece, el bello y vigoroso principio de donde nace la tiranía.
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Platón, República, VIII (y de cómo la tiranía nace a partir de la democracia). n
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