Europa, aquí llega el arte asturiano
El Parlamento Europeo lo ha visto casi todo. Los grandes manifiestos pronunciados en plenarios vibrantes -como cuando cayó el muro de Berlín, del que aún conservamos un fragmento frente a la sede de Bruselas-, decisiones que han marcado épocas -como la puesta en marcha de los fondos de recuperación tras la pandemia-, y también las reuniones discretas en las que se cierran acuerdos tras largas noches de negociación.
[–>[–>[–>Pero los pasillos, hemiciclos y salas de esta gran plaza europea son algo más que el escenario de la política, la economía o la industria. Son también un espacio que refleja lo que Europa tiene de diverso y de sorprendente. Una dimensión más cercana a los ciudadanos.
[–> [–>[–>Ese es el planteamiento que me ha llevado a organizar una exposición de Marcos Tamargo en Bruselas. He querido traer al corazón de las instituciones europeas la obra de un artista asturiano. No para olvidar los problemas que tenemos, ni para distraernos de los conflictos que nos rodean y que forman parte de mi trabajo diario -desde la política comercial hasta el futuro del sector primario o la competitividad industrial-, sino precisamente por todo ello. Porque en un contexto de retos, conviene no perder de vista que Europa también se construye sobre aquello que nos define como sociedades: la creación, la mirada crítica y la identidad cultural.
[–>[–>[–>
El objetivo de esta exposición es llevar Asturias al Parlamento Europeo. Mostrar que esta tierra es industria, campo y mar, energía e ingeniería, pero también creación y talento. Que, sobre la base de un patrimonio cultural riquísimo, existen trayectorias artísticas capaces de proyectarse al exterior sin perder sus raíces.
[–>[–>[–>Marcos Tamargo es un buen ejemplo. Su obra está presente en colecciones de distintos países y su trayectoria se ha desarrollado entre Estados Unidos, Europa y Sudamérica, con proyectos de alcance internacional como la serie dedicada a las mujeres Premio Nobel.
[–>[–>[–>
Yo descubrí su obra hace años, antes incluso de saber que el pintor era asturiano. Me atrajeron la fuerza de sus composiciones y la intensidad de la materia, esa combinación de emoción y reflexión que no necesita demasiadas explicaciones. Hay artistas a quienes se entiende antes de conocerse, y ese fue el caso.
[–>[–>
[–>Solo después supe que detrás de esos lienzos estaba alguien de mi tierra. Y quienes somos asturianos sabemos bien lo que eso significa cuando estamos fuera: nos reconocemos rápido y, casi sin darnos cuenta, nos apoyamos todavía más rápido. Por eso fue un placer contar también con el embajador en Bruselas y gijonés como el artista, D. Marcos Alonso, para la inauguración de las obras.
[–>[–>[–>
Ese vínculo discreto, que aparece lejos de casa, es también parte de nuestra identidad. Ese encuentro entre lo local y lo universal es, precisamente, el que he querido traer ahora a la casa europea.
[–>[–>[–>Porque este lugar en el que trabajo desde hace casi siete años gana cuando abre sus espacios al arte. No como un elemento decorativo, sino como una declaración de principios. En unos pasillos marcados por agendas apretadas y debates complejos, el arte de la negociación da paso a otro tipo de arte que introduce algo casi subversivo en nuestros ritmos frenéticos: la pausa. La invitación a mirar, a interpretar, a no pensar todos lo mismo ni a toda velocidad.
[–>[–>[–>
Una exposición no arregla problemas pendientes ni salva las discrepancias profundas que existen hoy en Europa. Tampoco se hace para entonar discursos complacientes sobre una teórica armonía cultural. La sensibilidad social exige sobriedad, realismo y respeto por las preocupaciones reales de la gente. Precisamente desde esa sobriedad, estas iniciativas permiten explicar Europa desde algo cercano y comprensible.
[–>[–>[–>
Es fácil conectar esta experiencia con la candidatura de Oviedo a Capital Europea de la Cultura 2031. Oviedo 2031 es una gran oportunidad para proyectar Asturias como un territorio en el que conviven el patrimonio, la creación contemporánea y la ambición cultural.
[–>[–>[–>
La exposición de Marcos Tamargo hace eso en Bruselas: recordar, sin exageraciones ni alharacas, lo que somos capaces de aportar, cuáles son nuestros colores y cómo son nuestras miradas. En tiempos como estos, en los que las certezas se difuminan, no es poca cosa poner delante de los ojos lo que se ve con luz natural y lo que está detrás. Asturias habla en Europa con voz propia cuando defiende su industria o su campo, pero también cuando lo hace desde el arte y la cultura.
[–>[–>[–>
Suscríbete para seguir leyendo
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí