Vías, votos, víctimas
Es probable que el ministro Puente no haya tenido la menor culpa, por acción o por omisión, en la catástrofe ferroviaria de Adamuz. Tampoco se le podría atribuir a Sánchez, salvo la de no haber rectificado con fuerza una estrategia desarrollista que durante décadas ha descuidado el mantenimiento. Pero el golpe de una gran tragedia busca paliativo en una culpa y un culpable, igual que una sobrecarga de tensión busca el fusible. El golpe llega en el peor momento político de Sánchez, pone en crisis el sistema ferroviario español –una de las joyas de la corona hacia dentro y hacia fuera– y, con el caos de Rodalies, revienta el bastión de votos catalán, trabajado con tanto esfuerzo y coste. Se diría que la mano del destino apunta ahora con siniestra precisión contra Sánchez. Trenes que cambian de vía los votos (como aquel fatídico 11-M); aunque la peor parte sea, desde luego, para las víctimas.
[–>[–>[–>
Suscríbete para seguir leyendo
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí