António José Seguro, el triunfo de la moderación en tiempos convulsos
António José Seguro ha llegado hasta este domingo sin los aspavientos ni la escenificación que se han convertido en algo común en la política en estos tiempos convulsos. El candidato del Partido Socialista para presidir Portugal se mide en la segunda vuelta de las elecciones al populista de extrema derecha André Ventura, su antítesis en fondo y forma. Y también ha llegado Seguro hasta las urnas de una forma insospechada, retirado hasta hace unos meses de la política desde que en octubre de 2014 perdiera unas primarias frente al entonces alcalde de Lisboa y hoy presidente del Consejo Europeo, António Costa.
[–>[–>[–>Nacido en 1962 en Penamacor, un municipio del centro de Portugal de menos de 5.000 habitantes próximo a la frontera con Extremadura, se vinculó muy pronto al Partido Socialista, ocupando entre 1990 y 1994 la secretaría general de las juventudes. En esos años también obtuvo un escaño en el Parlamento y estrechó lazos con António Guterres, quien en 1992 fue elegido líder de la formación. El actual secretario general de la ONU le incluyó en sus dos gobiernos, como secretario de Estado de Juventud en el primero (1995-1997) y como viceprimer ministro en el segundo (2001-2002). Entre ambos cargos pasó también por el Parlamento Europeo (1999-2001), donde fue eurodiputado y se encargó de redactar el informe sobre el Tratado de Niza, donde abogó por más integración.
[–> [–>[–>De regreso al país luso, se encargó de dirigir el grupo parlamentario socialista en la Asamblea y en 2011 fue elegido secretario general del partido, en plena crisis económica y supervisión de la ‘troika’ que apartaron al PS del Gobierno.
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Tras perder el duelo en primarias con Costa, Seguro se sumergió en la academia. Licenciado en Relaciones Internacionales en la Universidad Autónoma de Lisboa, regresó a su alma máter para impartir clases de Teoría del Estado y Pensamiento Político y Social. También ha sido profesor del Instituto Superior de Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad de Lisboa. Está casado con Margarita Maldonado Freitas, una farmacéutica a la que conoció hace más de 30 años en una discoteca y con quien tiene dos hijos a los que ha intentado mantener fuera del foco público. La familia reside en Caldas da Rainha, una ciudad a unos 80 kilómetros al norte de Lisboa.
[–>[–>[–>Moderación
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Su candidatura a las presidenciales no aglutinó en un principio simpatías generalizadas en el seno del Partido Socialista, que tardó cuatro meses en trasladarle su respaldo explícito. La mayoría de los ataques que recibió de sus correligionarios fueron por su discreción, algo que los portugueses parecen apreciar, según muestran los sondeos. Tras ganar la primera vuelta de los comicios el pasado 18 de enero con el 31,11% de los votos, frente al 23,52% de Ventura, los sondeos le dan una victoria contundente, con cerca de un 70 % de los votos, este domingo al atraer el apoyo de los votantes de la derecha moderada.
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«Está claro que André Ventura es un riesgo para la democracia», ha repetido Seguro durante toda la campaña sobre su adversario, a quien también ha acusado de enfrentar a los portugueses. Por contra, el socialista ha prometido que será un presidente «equidistante» de los partidos, que respetará la lealtad institucional y ha asegurado que trabajará para garantizar la estabilidad pero sin dejar de decir nunca lo que piensa.
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[–>Si vence, deberá cohabitar en el Ejecutivo de centroderecha de Luís Montenegro, a quien si nada se tuerce le quedan tres años y medio de mandato lidiando con la Chega de André Ventura como segunda fuerza en la Asamblea. También tendrá el reto de mantener el listón de su antecesor, el conservador Marcelo Rebelo de Sousa, quien durante sus 10 años al frente de la jefatura del Estado ha cosechado elevadas cotas de popularidad por su cercanía con los ciudadanos de a pie y ha logrado ejercer con soltura su papel de árbitro y garante de los principios constitucionales. Aunque hay quienes le reprochan su excesivo intervencionismo por disolver hasta en tres ocasiones el Parlamento frente a situaciones de bloqueo o crisis política, tres disoluciones que han insuflado cada vez mayor brío a la extrema derecha.
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