Espronceda sigue diciendo cosas que aún nos conmueven
El periodista y escritor José Luis Argüelles (Mieres, 1960) acaba de publicar «Que es mi dios la libertad», una antología sobre Espronceda. La presentará hoy, al cobijo de las principales entidades culturales de la ciudad (Ateneo Obrero, Ateneo Jovellanos, Gesto y Sociedad Cultural Gijonesa), en diálogo con Carlos González Espina, a las 19.00 horas, en la Escuela de Comercio.
[–>[–>[–>¿Por qué una antología de Espronceda?
[–> [–>[–>¿Y por qué no? En «Que es mi dios la libertad» agrupo los poemas que hacen de Espronceda el primer poeta moderno en español. Una tesis que defiendo en la introducción, donde sigo las opiniones de Jaime Gil de Biedma y Guillermo Carnero, entre otros, y rechazo el conocido dictamen de Luis Cernuda. Este afirmaba que Espronceda es un autor declamatorio, como el duque de Rivas o Zorrilla. A mi juicio, sin embargo, las rupturas románticas de Espronceda y Larra –el primero como poeta y el segundo como prosista– tienen una equivalencia en la literatura española. Un autor así no podía faltar en la colección «Poetas con Impronta», para la que ya preparé otra antología de César Vallejo.
[–>[–>[–>
En el prólogo le da la razón a Gil de Biedma cuando recomendaba leer al autor con cierta «buena voluntad inicial». ¿Cómo han envejecido sus textos?
[–>[–>[–>Los lectores de poesía del último medio siglo han venido desarrollando una cierta reticencia hacia los poemas con rimas consonantes, aunque, paradójicamente, el rap ha devuelto los textos rimados al centro de la modernidad. Espronceda es un poeta de hace algo menos de doscientos años que, como ocurre con otros clásicos, sigue diciendo cosas que aún nos conmueven. Ahí está, por ejemplo, el «Canto a Teresa», uno de los grandes poemas de amor de la literatura universal. Invito a los lectores a que escuchen la versión que ha hecho el grupo de heavy metal Tierra Santa de la «Canción del pirata». ¿Cómo no va a ser un contemporáneo nuestro alguien que escribe así de la libertad?
[–>[–>[–>[–>[–>[–>
¿Qué criterio se planteó para esta selección?
[–>[–>
[–>Dos criterios: el de mi gusto como lector y la atención al consenso crítico sobre aquellos textos poéticos de Espronceda, un maestro del poema narrativo largo, que constituyen el meollo romántico de su escritura. Espronceda atravesó diversas fases (la neoclásica, la osiánica, la medievalizante…) hasta dar, a mediados de los años treinta del siglo XIX, con su voz personal ya plenamente romántica. El lector encuentra en el libro los hitos del Espronceda romántico, incluidos fragmentos sustanciales de «El estudiante de Salamanca» y «El diablo mundo».
[–>[–>[–>
En el prólogo también resume las influencias que ha tenido el autor en otros escritores. ¿Podría poner ejemplos?
[–>[–>[–>Es un asunto bastante estudiado. Toda la poesía española de la segunda mitad del siglo XIX debe algo, en algún tramo, a Espronceda: de Bécquer a Campoamor. La polimetría modernista tiene un claro antecedente en el autor de «El estudiante de Salamanca». Y esa influencia se puede rastrear en autores tan distintos como Valle-Inclán, los Machado e incluso Juan Ramón Jiménez.
[–>[–>[–>
¿La biografía de Espronceda, quizás no tan conocida, explica en parte la «rebeldía» de su obra?
[–>[–>[–>
Hasta que llegó el hispanista Robert Marrast con su imponente trabajo, las biografías de Espronceda han arrastrado inexactitudes e hipérboles, incluida la que José Cascales publicó en 1914. Y luego está la insistencia en querer hacer de Espronceda el Lord Byron español, desmontada por Esteban Pujals en 1951. Hay una extrema coherencia entre el poeta romántico y el ciudadano liberal progresista que pasó años de exilio y penalidades por su valiente oposición al absolutismo de Fernando VII. Como es tan buen poeta, algunos conservadores lanzaron la presunción de que Espronceda, de vivir algunos años más, se hubiese hecho moderado. Lo cierto es que murió en 1842 siendo diputado progresista, en el sector más a la izquierda de este partido. Me gusta subrayar la importancia que tuvieron dos asturianos, Riego y Álvaro Flórez Estrada, en la actitud vital y política de Espronceda.
[–>[–>[–>
¿Recomienda leer esta antología en orden?
[–>[–>[–>
No necesariamente, aunque si se sigue el orden que he fijado podemos ver con claridad cómo Espronceda va haciéndose con su voz de poeta romántico.
[–>[–>[–>
¿Siente predilección por algún poema o etapa lírica que recomendaría especialmente?
[–>[–>[–>
La «Canción del pirata» me parece una joyería rítmica y sigo disfrutando con muchos pasajes de «El estudiante de Salamanca», donde Espronceda ofrece una de las más complejas versiones de la figura de don Juan. Ya he hablado del «Canto a Teresa».
[–>[–>[–>
¿Cuándo descubrió usted a Espronceda? ¿Qué puede enseñar hoy a los nuevos lectores?
[–>[–>[–>
Muy pronto, en los libros escolares. Pertenezco a una generación que aún aprendía de memoria estrofas de la «Canción del pirata». Y leí muy pronto la edición que Gil de Biedma hizo para Alianza de las dos obras mayores de Espronceda. ¿Enseñar? Pues que la lengua española es una maravillosa caja de músicas y una extraordinaria fuente de imágenes. Y tal vez, como dirían los Monty Phyton, un sentido de la vida.
[–>[–>[–>
Suscríbete para seguir leyendo
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí