CÁNCER DE PÁNCREAS | Por qué el tratamiento de Barbacid contra el cáncer de páncreas aún no se puede probar en pacientes
Desde que el doctor Mariano Barbacid y su equipo anunciaron el éxito de un primer experimento en el que se logró curar el cáncer de páncreas en modelos de ratón, cientos de pacientes han intentado contactar con el Centro Nacional de Estudios Oncológicos (CNIO) y otras instituciones científicas para pedir esta terapia. En algunos casos, incluso hay enfermos y familiares que han acudido presencialmente a este centro a rogar por estos fármacos experimentales. Pero según reconocen los mismos responsables de este trabajo, la terapia desarrollada por Barbacid aún está muy lejos de poder aplicarse en humanos. Los científicos estiman que harán falta al menos tres años más de pruebas en ratones, desarrollar fármacos más tolerables y, sobre todo, asegurar la seguridad de los compuestos antes de ni siquiera iniciar los trámites para testar el fármaco en humanos. «Aún no hay fecha para los ensayos clínicos», asegura la investigadora Carmen Guerra.
[–>[–>[–>La terapia desarrollada por el equipo de Barbacid, y hasta ahora testada solo en medio centenar de ratones, consiste en la combinación de tres fármacos. Según relatan los propios especialistas, se trata de tres compuestos que atacan a una proteína específica (KRAS) que está relacionada con la proliferación de células tumorales. En el ensayo con animales, los científicos aplicaron una combinación de daraxonrasib, afatinib y un degradador de proteínas llamado SD-36 y lograron una «curación» duradera de esta enfermedad en ratones con un tipo de tumor de páncreas específico.
[–> [–>[–>El tratamiento desarrollado consta de tres fármacos, de los cuales solo uno se está testando en pacientes y dos son experimentales
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Dos de los tres compuestos utilizados para este tratamiento (el afatinib y el SD-36) se encuentran aún en una fase muy experimental de desarrollo, solo se han testado en animales y se asocian con efectos adversos potencialmente graves tanto a nivel gastrointestinal como dermatológico. Solo uno de estos fármacos (el daraxonrasib) se está poniendo a pruebas en humanos tras más de diez años de estudios clínicos y, aún así, todavía está en fase de estudio y aún no está oficialmente aprobado para su uso en pacientes.
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Desarrollo de fármacos alternativos
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Según explica Guerra, segunda de a bordo del equipo científico de Barbacid, en estos momentos todos los esfuerzos se centran en las investigaciones preclínicas de este tratamiento. Por un lado, se aspira a probar esta combinación de fármacos en ratones con mutaciones genéticas distintas y con metástasis avanzadas ya que, en la práctica clínica, la mayoría de pacientes que reciben un diagnóstico de esta enfermedad no son operables precisamente por la expansión de células tumorales hacia otros órganos. Por otro lado, también se trabajará para desarrollar fármacos alternativos que no resulten tan tóxicos para el organismo y que, sobre todo, puedan combinarse de forma segura y eficaz. Este proceso, afirma Guerra, demorará un mínimo de tres años. Y hasta que no finalice, será muy difícil vislumbrar cómo deberá proseguir la investigación y cómo, eventualmente, esto se podría trasladar a ensayos clínicos con pacientes.
[–>[–>[–>Barbacid ha fundado una empresa que aspira a crear (y patentar) una versión propia de los compuestos experimentales utilizados en esta terapia
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Más allá de los estudios con animales, los científicos centrarán gran parte de su trabajo en el desarrollo de medicamentos. Tal y como explica EL PAÍS, el mismo Barbacid, junto a Carmen Guerra, ha fundado una empresa llamada Vega Oncotargets para acelerar el desarrollo de alternativas farmacológicas a estos fármacos. La compañía se centrará en diseñar (y patentar) una versión propia de los dos compuestos experimentales utilizados en este trabajo y que, eventualmente, podrían utilizarse junto al daraxonrasib, el único fármaco que se está testando en personas, para esta terapia. Los responsables de este proyecto afirman que en estos momentos ya se han localizado «un par de moléculas que apuntan muy bien» pero que aún requieren mucho trabajo. «La probabilidad de que esto acabe bien no es alta, por no decir que es muy pequeñita, pero, si esto va bien, estimamos que en dos o tres años se podría empezar a ensayar en voluntarios humanos», sostiene el químico Gerardo Gutiérrez en una entrevista con Manuel Ansede.
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Al menos tres años más de estudios de laboratorio
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Los científicos se muestran cautos sobre los siguientes pasos de la investigación. «Nuestro objetivo es dedicar los próximos tres años para avanzar, por un lado, en estudios con animales y, por otro lado, en el desarrollo de fármacos optimizados», sostiene Guerra, quien recuerda que el éxito de este proceso determinará cómo y cuándo este tratamiento podría pasar a la fase de ensayos clínicos con pacientes. Más allá de la parte científica, uno de los pasos cruciales de este proyecto será reclamar la aprobación para testar los tres fármacos en personas. Esto podría ser especialmente complejo ya que hay al menos dos compuestos que son experimentales y que, además, es la primera vez que se plantea su uso conjunto. También queda por ver cómo las autoridades sanitarias estudian la aprobación de este triple cóctel farmacológico y a qué tipo de pacientes permitirán administrarlo en las primeras fases de los ensayos.
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[–>«Nuestro objetivo es dedicar los próximos tres años para avanzar, por un lado, en estudios con animales y, por otro lado, en el desarrollo de fármacos optimizados»
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«Incluso cuando este tratamiento llegue a la fase de ensayos clínicos, aún quedará un largo camino para validar su seguridad y eficacia», recuerda Guerra. Sobre todo porque, según se ha visto en estudios similares, hay fármacos contra el cáncer de páncreas que se han empezado a testar hace más de una década y que aún ahora están en fase de ensayos clínicos. El proceso para llevar este tipo de tratamientos a la práctica clínica pasa por estudios de fase 1, fase 2 y fase 3, en los que se empieza probando los fármacos en grupos reducidos de pacientes y, después, se va ampliando el grupo de voluntarios para poner a prueba tanto la seguridad como la eficacia de los compuestos. Después, si los resultados son positivos, se solicita la autorización ante diferentes agencias sanitarias y entidades reguladoras. El proceso puede demorar años y no siempre avanza de la forma prevista.
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