“No todo es vender paisaje. Hay que controlar ciertos excesos y redirigir ciertas tendencias»
Eduardo Martínez de Pisón (Valladolid, 1937) es muchas cosas, también asturiano de adopción con residencia en la Atalaya de Cudillero. Especialista en Geografía Física, escritor, alpinista… Este lunes pronunció en Avilés la conferencia de clausura de las V Jornadas de montaña de Avilés: “Montañas y glaciares. Notas de un espectador”.
[–>[–>[–>-¿Cómo y cuándo se aproxima un vallisoletano a la geografía y la naturaleza?
[–> [–>[–>-Primero fue la naturaleza, los largos veranos en pueblos de Castilla, un padre que era ingeniero de montes e inculcaba respeto por la naturaleza. También mis lecturas infantiles. Pero sobre todo mi afición a la montaña en el Pirineo. Luego, ya en la universidad, encontré que la geografía me explicaba lo que era causa de ese sentimiento de atracción y me interesó. La geografía me abrió entonces un camino riguroso de respuestas que todavía me permite seguir entendiendo los paisajes.
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– ¿Cuándo descubrió su pasión por la montaña y qué le atrapó de ella?
[–>[–>[–>-Fue en 1954 y 1955 en unas excursiones juveniles al Pirineo aragonés cuando las montañas aparecieron ante mí tan majestuosas, tan bellas y me proporcionaron tanto disfrute para el espíritu que ya no quise renunciar a ellas, hasta hoy mismo.
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-Usted es tan científico como alpinista. ¿Qué le aporta la montaña a su trabajo y la ciencia a su forma de escalar?
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[–>-Se han unido ambas maneras de ir a la naturaleza en toda mi vida. Al ser montañero he podido entrar en lugares muy remotos, bastante altos y exigentes para realizar mis estudios. Y al ser científico he visto con otros ojos la naturaleza, he sabido su idioma y creo que he logrado percibir algunos de sus mensajes.
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-Ha estudiado cordilleras de todo el mundo. ¿Cuál le ha sorprendido más y por qué?
[–>[–>[–>-Tanto el Ártico, por su dureza gélida y apartada, como el Himalaya, por su grandiosidad. Son la naturaleza con mayúsculas. Pero eso es por la sorpresa. Por otros caracteres o afectos, tengo muchos más lugares y algunos muy cercanos.
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-Su conferencia se titula “Montañas y glaciares. Notas de un espectador”. ¿Qué contará que sea distinto de un libro de geografía?
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-Desde que empecé a recorrer las montañas he sido testigo de sus paisajes a lo largo de más de 70 años. De eso hablo en la conferencia, de lo que vi. Pero inclinado a los glaciares porque el año 2025 fue declarado por la ONU como su año internacional. Y me parecía oportuno hacer un balance de lo que ocurre con ellos y de su significado en la naturaleza de las montañas. Eso es también geografía, pero vista con ojos de espectador.
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«Estar en el mismo Polo Norte, para un geógrafo, es muy especial. Lo veo como un momento muy señalado en mi vida. En la cima del Globo, donde se acaban los paralelos y se cruzan los meridianos: el templo de la geografía»
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-Ha visto glaciares en muchos rincones del planeta. ¿Cómo describiría su estado actual a quienes no los conocemos de cerca?
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-Un estado que, cuando no es pésimo, es preocupante. Lo primero es creciente y lo segundo debería tomarse como un aviso.
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-Del deshielo a las olas de calor… ¿Hay freno o paliativo?
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-Los glaciares son elocuentes de unas condiciones climáticas muy desfavorables a su persistencia y nos están diciendo que sus causas son generales y que envuelven a todo. El paliativo para los glaciares es inexistente en las tendencias actuales. No sabemos si las causas naturales de este escenario negativo se modificarán en el futuro, ahí nada podemos hacer; pero las causas antrópicas, las que dependen de nosotros, sí sería ético intentar su control.
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-Ha trabajado en lugares tan extremos como el Polo Norte, Siberia o el desierto del Gobi. ¿Cuál de esas expediciones le dejó una impresión inolvidable?
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-Todas ellas. Pero estar en el mismo Polo Norte, para un geógrafo, es muy especial. Lo veo como un momento muy señalado en mi vida. En la cima del Globo, donde se acaban los paralelos y se cruzan los meridianos: el templo de la geografía.
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-Como ecologista, ¿qué cambios más preocupantes ha observado en los paisajes españoles a lo largo de su vida?
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-Por un lado, la pérdida, la descaracterización de los espacios rurales armoniosos y los derribos innecesarios del patrimonio urbano. En la fisonomía del campo, el agravio horrendo de los aerogeneradores como gólgotas en las cumbres de cerros, colinas y montañas. En la naturaleza, sus asaltos constantes por equipamientos para una supuesta puesta en productividad técnica. Con frecuencia los promotores dicen: se hará tal cosa, comúnmente una barbaridad, “pero sin daño al medio ambiente”. A veces parece que te dijeran: “mire, le voy a matar, pero sin daño para su salud”.
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-Ha sido director del Plan de Ordenación de la Sierra de Guadarrama y miembro de varios patronatos de parques nacionales. ¿Qué hace falta para que la gente valore más nuestros espacios naturales?
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-Educación, conocimiento, cultura. Espíritu desinteresado. Amor a la naturaleza. Y una apuesta política para lograr que estas bases se difundan.
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«A un joven Eduardo le diría: gracias por tus esfuerzos y sacrificios para que mi restante vida haya sido gozando de las maravillas de la Tierra»
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-¿De qué salud gozan los espacios naturales de Asturias: se corre el riesgo de la sobreexplotación o masificación?
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-En todas partes ocurre, y aquí también, de la playa del Silencio a la Garganta del Cares. No todo es vender paisaje. Hay que controlar ciertos excesos y redirigir ciertas tendencias. Asturias es magnífica y la gente acude a ella desde fuera por su evidente belleza, que se compone de muchas facetas físicas, humanas y anímicas. Ojalá no se pierdan nunca.
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-Muchos jóvenes admiran a los alpinistas y exploradores. ¿Qué consejo les daría para combinar pasión y responsabilidad con la naturaleza?
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-No soy de mucho aconsejar, sino de mostrar opciones y dejar que se escoja. Pero, si amas algo, querrás que perdure. Y para ello, deberás protegerlo. Si eres libre y eliges la naturaleza, te vuelves responsable de ella, por lo que adquieres la obligación de cuidarla. Tú también, activamente. No es cuestión de otros.
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-Mirando atrás, ¿hay un momento o una experiencia que defina su relación con la montaña y el medio ambiente?
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-Con la montaña, es mi vida, año a año. Con el medio ambiente, fue a comienzos de los setenta del siglo pasado, cuando hubo una oleada de actuaciones y proyectos de aprovechamientos por la industria turística sin miramiento, muy dañinos, lo que provocó en mí una necesidad de defensa de los paisajes.
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-Por último, si pudiera hablar con el joven Eduardo con curiosidad por la geografía y, a la par, por la montaña, ¿qué le diría?
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-Gracias por tus esfuerzos y sacrificios para que mi restante vida haya sido gozando de las maravillas de la Tierra.
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