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Por la Roma más literaria: cinco casas imprescindibles en la ciudad eterna | Escapadas por Europa | El Viajero

Por la Roma más literaria: cinco casas imprescindibles en la ciudad eterna | Escapadas por Europa | El Viajero
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  • Publishedfebrero 11, 2026



Resultaría inevitable referir aquí el listado de autores que han escrito sobre Roma, y raro es el mes en que alguna librería no muestra un libro nuevo que dé otro enfoque de lo que lleva allí, hermoseando el mundo, cientos de años. Entre los títulos vinculados a lo que exponemos están desde el libro de Mary Beard SPQR. Una historia de la antigua Roma —resultado de 50 años de estudio e investigación sobre la antigua Roma, logrando una visión de conjunto de su historia de dos mil años, que aún es la base de nuestra cultura— al de Paco Álvarez Somos romanos: descubre el romano que hay en ti, en que se propone que hay mucho de Roma diariamente en nuestra vida, en nuestro idioma y en nuestra cultura, aunque no nos damos ni cuenta al habernos dado todo lo que compone nuestra civilización. A este y otros muchos estudios se añadió el realizado por Juan Claudio de Ramón ―un diplomático que ocupó la Embajada de España en Italia—: Roma desordenada. La ciudad y lo demás, en que mezclaba datos y observaciones, trayendo a colación diferentes lugares y artistas, hechos históricos, curiosidades gastronómicas o referencias literarias; un libro para quien no buscara una guía de viajes al uso, sino, como decía el autor, “una relación desordenada de amores topográficos y las historias que evocan. Cosas pensadas, vividas o leídas en Roma“.

El paseante por la capital italiana puede tropezarse con infinidad de museos, más algunas casas de autores locales o foráneos que vivieron en la conocida como la ciudad eterna, y hospedarse en un edificio histórico de ubicación inmejorable.

Casa Keats

El libro de Juan Claudio de Ramón contaba con un prólogo, titulado La felicidad de Italia, de Ignacio Peyró, que compartía una cita del Doctor Johnson sobre que el hombre que no conoce Italia es siempre consciente de una inferioridad. Asimismo, recordaba a uno de los poetas a los que trataba De Ramón, el inglés John Keats, al que se puede visitar hoy en Roma gracias a la Casa Keats-Shelley. Está ubicada en uno de los lugares más especiales de la ciudad, junto a la escalinata de la plaza de España, consagrada a las breves vidas de estos poetas románticos. La Keats-Shelley House se encuentra en la que fue la última vivienda de Keats, que murió allí en febrero de 1821; también vivieron en la zona durante su estancia romana Percy B. Shelley y Lord Byron, los otros poetas representados en el museo. De todos ellos se pueden ver infinidad de objetos, imágenes y libros, cartas, manuscritos y reliquias varias.

La casa, de aspecto encantador, se inauguró en 1909 y desde entonces se ha dedicado a difundir las letras de tales poetas en un edificio del siglo XVIII, que en verdad transmite la atmósfera que pudo respirar Keats cuando llegó a Roma. En su interior, se puede entrar en el dormitorio del poeta y salir a una amplia terraza en la primera planta, más otra en el segundo piso con vistas únicas a la plaza. Además, el museo cuenta con una librería y una sala para proyecciones que presenta un vídeo sobre su historia y sobre la vida romana de Keats, Shelley y Byron. Una visita imprescindible, pues, para el amante de los poetas románticos ingleses, para los cuales se ofrecen visitas de grupo y presentaciones en inglés e italiano.

Casa de Goethe

“Los foráneos siempre hemos asociado Roma e Italia a una cierta felicidad”, afirmaba Peyró en el mencionado prólogo, en el que calificaba el trabajo de su amigo de “un libro de paseos, no de viajes: el libro de alguien que ha vivido allí, no que ha viajado allí. Aquí hay mucha caminata de sábado, muchos trayectos al trabajo, cenas con amigos, viajes —en Roma, frustrantes— en autobús; toda esa materia que constituye la vida diaria y que en Roma parece tener una dosis extra de belleza y desorden». No en vano, hay una fecunda relación de literatos españoles con Roma; muy destacadamente Rafael Alberti, que publicó Roma, peligro para caminantes en 1968, mostrándose andando de forma incesante por un paisaje urbano lleno de basura, grietas y monumentos. También María Zambrano, de la que había una cita a modo de epígrafe sobre el hecho de que la ciudad parece estar enteramente abierta, “como preparada para ser recorrida”, pero “cuando el viajero o el pasajero —o el peregrino, más bien— se detiene, comienza a darse cuenta de que es hermética y secreta».

Todos estos autores conocieron, sin duda, el legado literario de Johann Wolfgang Goethe, que de 1786 a 1788 vivió con su amigo pintor Tischbein en Via del Corso 18. Hoy, la Casa de Goethe conserva cartas, libros y dibujos del viaje del poeta a Italia al que está dedicada la exposición permanente. En el lugar también se organizan exposiciones y eventos sobre el hecho de viajar a este país, en la actualidad o en el pasado, y sobre los intercambios culturales italo-alemanes.

El visitante podrá subir a la segunda planta y contemplar una biblioteca dedicada a los artistas alemanes que pasaron por Roma; de hecho, este es el único museo alemán fuera de Alemania.

Casa-museo Mario Praz

De autores del periodo en que vivió y escribió aquí el considerado padre de las letras alemanas sabía mucho uno de los eruditos italianos más importantes del siglo XX, cuyas obras están accesibles en español. Estamos hablando de Mario Praz. Fue profesor de Italiano en la Victoria University en Mánchester —se distinguió por ser uno de los mejores estudiosos de Shakespeare desde que vivió y enseñó un tiempo en Inglaterra; incluso la reina Isabel II lo nombró Caballero del Imperio Británico en 1962— y volvió a establecerse en Roma en 1934, para dar clases de Literatura Inglesa en la Universidad de La Sapienza desde 1934 hasta su jubilación, en 1966. Se trató, realmente, de toda una personalidad exquisita que amó las artes y los libros hasta hacerse todo un coleccionista —en su obra La casa de la vida (1958) habla de sus pertenencias en su hogar-museo, el Palazzo Ricci de Roma, con mobiliario neoclásico, Biedermeier, Segundo Imperio y Regencia— y en un especialista de la literatura europea, sobre todo en su vertiente romántica y decadentista.

Y en efecto, su casa-museo, situada en el Palazzo Primoli y abierta al público desde 1995, ofrece 10 espacios donde se distribuyen las más de 1.200 piezas, entre pinturas, esculturas, muebles y decoraciones, que componen su colección artística. Tales obras datan de entre finales del siglo XVIII y la primera mitad del XIX, y caminar entre ellas constituye todo un viaje en el tiempo.

En realidad, el coleccionista compró cada pieza en el mercado de antigüedades europeo en más de sesenta años y las fue colocando con cuidado en los ambientes en los que vivió en Roma, primero en el Palazzo Ricci en Via Giulia y, luego, desde 1969, en el Primoli, donde vivió hasta su muerte. Se hallan allí muebles ingleses, bronces franceses, malaquitas rusas, cristales de Bohemia, porcelanas alemanas, retratos de las familias reales, de los Borbones a los Bonaparte…

Casa Museo Alberto Moravia

Contemporáneo de Praz fue el escritor y viajero, así como diputado en el Parlamento Europeo de 1984 a 1989, Alberto Moravia. También sobradamente conocido del público español por sus novelas de tinte social, sobre todo, su última residencia en Roma se convirtió en la sede de la Asociación Fondo Alberto Moravia. En ella, donde se custodian un archivo de documentos y la biblioteca del escritor, se pretende que sirva de centro de investigación y documentación sobre la vida y las obras del escritor.

Situado en el barrio Della Vittoria, el lugar se encuentra en el último piso de un edificio de los años treinta con vistas al río Tíber. La casa conserva la esencia de lo que significó la vida de Moravia, pues hay multitud de piezas que revelan su trayectoria andariega: máscaras africanas y makimonos orientales, retratos y obras de sus amigos pintores y escultores, estanterías repletas de libros, recuerdos de viajes, discos o lámparas, más su máquina de escribir Olivetti 82. De esta manera, recorrer el museo también es hacerlo por parte de la historia literaria y artística de la Roma del siglo pasado, pues ya sea mirando las paredes o adentrándose en la documentación del archivo el visitante podrá conocer referencias y testimonios de personalidades como Mario Schifano, Dacia Maraini, Renato Guttuso, Carmen Llera, Toti Scialoja, Enzo Siciliano, Pier Paolo Pasolini, Goffredo Parise o Bernardo Bertolucci.

Casa Bellonci

Mucho menos conocida es la Casa de María y Goffredo Bellonci, que desde mediados del siglo XX, en el barrio de Parioli, fue un rincón de acogida donde coincidían los principales protagonistas de la literatura italiana. Por ejemplo, de 1951 a 2019 era el lugar donde se votaban los cinco ganadores del Premio Strega, creado gracias a la colaboración con el industrial Guido Alberti y que se concede anualmente al autor de un libro publicado en Italia. Aquí se expone la urna de votación creada por Mino Maccari para la primera edición del Premio Strega en 1947, utilizada hasta 1980 y restaurada; lo que originalmente era el dormitorio alberga la pizarra en la que se escribían los votos para el premio, en uso hasta 2021 y sustituida por una rotura.

Hoy constituye un centro cultural de gran relevancia histórica, pues alberga un gran patrimonio bibliográfico, archivístico y artístico de la pareja: una biblioteca de más de 20.000 libros con numerosas primeras ediciones muy raras y volúmenes firmados, todo lo cual también sirve para profundizar en más de setenta años de producción editorial italiana: desde las colecciones de libros contenidas en el estudio de Goffredo, pasando por las obras literarias y teatrales que llenan los dos largos pasillos, hasta los libros de arte e historia conservados en el estudio de Maria Bellonci junto con el material documental que la autora utilizó para escribir sus novelas. Asimismo, pueden verse numerosas obras pictóricas y gráficas de artistas como Cagli, Campigli, Capogrossi, De Pisis, Mafai, Morandi y Sughi, junto con numerosos retratos de Maria Bellonci, pintados por Wanda Coen Biagini, Arturo Dazzi y Leonetta Cecchi Pieraccini.

Dormir y comer en un palacio

Para acudir a estos centros literarios nada mejor para el viajero, por su ubicación y calidad, que encontrar acomodo en el espléndido hotel W Rome (en Via Liguria, 28), un palacio histórico reconvertido por dentro en un establecimiento magistral desde el punto de vista del diseño y lo arquitectónico. Una vez se conoce este alojamiento, es fácil entender que será el lugar más recomendable para descansar y comer a la hora de emprender todos los caminos, los que llevan a todas las Romas, a la actual y a la de antaño, por siempre.

En lo alto del palacio, y en estación veraniega, muy calurosa en Roma, será muy apetecible estar en su restaurante, Seu Pizza con Vista, uno de los mejores en cuanto a pizzas, junto a la zona de la piscina de la azotea en la que se puede tomar un cóctel. En la planta baja, habrá recibido al huésped un vestíbulo elegante que ya adelanta lo que se va a descubrir en cada rincón: una extraordinaria combinación estética de modernidad e historia, de tecnología punta con lo tradicional, todo en un ambiente refinado.

El nombre de alguna de sus habitaciones ya lo dice todo: la suite Extreme WOW, por ejemplo, de 241 metros cuadrados, incluye, además de un amplio dormitorio y un salón independiente con comedor, una amplia terraza al aire libre. Otras, como la suite WOW, también ofrecen grandes vistas de Roma y tienen un interior igualmente impresionante, con llamativas obras de arte y preciosos muebles de diseño. Desde estos cuartos se tiene una vista privilegiada del amanecer y el atardecer romanos, en un entorno, por cierto, donde las mascotas son bienvenidas.

Mención aparte merece el aliciente de comer en el W Rome. En el restaurante Giano, comandado por el chef principal Ciccio Sultano, tiene un lugar central la tradición culinaria siciliana. Aquí, el chef ejecutivo Adriano Rausa desempeña una labor sobresaliente, coordinando almuerzos y cenas absolutamente sublimes a partir de un menú que entra por los cinco sentidos: arancino pomodoro mozzarela (una comida popular en las calles de Sicilia; bolas de arroz con tomate hechas con mozzarella fior di latte y pesto de albahaca), espaguetis a la tarata, maialino nero dei nebrodi, cannolo del sultano… Y un vistazo a la carta da cuenta de una variedad suprema de platos: la insalata nizzarda o la puttanesca di cernia Bianca; el spaghettone pomo d’oro o el tortello e sugo delle feste; el galletto ruspante o el pescato alla Ghiotta; más postres de presentación artística, como todo lo demás, como el cannolo siciliano o el dolcezze da Zucchero. De hecho, el hotel cuenta con la tienda Zucchero X Fabrizio Fiorani, un paraíso para los amantes de la repostería contemporánea y donde se puede adquirir recuerdos. Estamos ante un chef pastelero de fama mundial, Fabrizio Fiorani, que tiene bien claro que en su establecimiento se “regalan momentos de felicidad”. ¿No aludía a tal cosa Peyró líneas atrás?

Giano también es un lugar para desayunar. Y es que bajo la supervisión del maestro Rausa, se puede empezar el día de una forma inigualable. Prueben el maritozzo o la veneziana, ambos brioches romanos tradicionales caseros, su cornetto salato (un cruasán salado casero con jamón de Parma y burrata de Apulia) o el imperial shakshuka siciliano (con salsa de tomate cherry, albahaca, huevo ecológico, queso caciocavallo siciliano y pan tostado) y se sumarán al interminable listado de literatos enamorados de la ciudad, y tal vez coincidan con Josep Pla, que en uno de sus libros viajeros dijo que evitaba escribir sobre Roma porque, si no, se extendería demasiado al ser esta ciudad una cosa aparte, incomparable. No en balde, como señalaba De Ramón, es algo así como el refugio de los saberes ancestrales, donde Occidente aún sobrevive en potencia; de tal modo que “decir que todos los caminos llevan a Roma es menos exacto que decir que de Roma salen todos los caminos”.



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