Cómo doblegar a las redes sociales
La última semana, el presidente Sánchez anunció una guerra sin cuartel contra las redes sociales y los «tecto-oligarcas». Lo hizo a través de un vídeo de dos minutos lanzado a través de la red social X, propiedad del emperador de los tecno-oligarcas mundiales, Elon Musk. Nadie crea que es una incongruencia. Ya se sabe que a los enemigos hay que combatirlos en su terreno, y que para rescatar a los rehenes atrapados en sus redes hay que entrar en su territorio.
[–>[–>[–>Lo que no sabemos es si la intención del presidente es firme o se trata de un globo sonda para ver cómo reaccionamos. O, con más probabilidad, una maniobra de distracción al final de la tan esforzada como inútil campaña electoral de Aragón. O, tal vez, un hueso para roer en las tertulias, que nos haga olvidarnos del accidente de tren de hace menos de un mes, que ha costado 46 vidas.
[–> [–>[–>El presidente parece enterarse ahora de que las redes «se han convertido en una suerte de salvaje Oeste, de Estado fallido», de que algunas «dan refugio a actividades criminales, de pornografía, de violencia», que la IA de X -perdón por el galimatías– «ha creado tres millones de imágenes sexualizadas en 11 días.
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Así que ha declarado la guerra a los señores de las redes Elon Musk, propietario de X entre otras bagatelas, y a Pável Dúrov, fundador y consejero delegado de la aplicación de mensajería Telegram. Las redes sociales -arengó- «nos espían», «roban nuestros datos» y amplifican «el odio y la desinformación», para finalmente proclamar: «Deja que los tecno-oligarcas ladren, Sancho, es señal de que cabalgamos». ¿Cómo se lo ha dicho? A través de la antigua Twitter, claro. ¿Cómo sino?
[–>[–>[–>Como muy hacía notar Lorenzo de Silva días atrás, resulta muy oportuno recurrir al Quijote para esta batalla. Pues no puede ser más quijotesca e ilusoria. El enfado de los llamados «tecno-oligarcas» viene a cuento del anuncio previo del presidente de prohibir el uso de las redes a los menores de 16 años. No entiendo muy bien qué les importa a los grandes magnates perder una insignificancia de sus consumidores en un pequeño país, en una esquina de Europa. Cacahuetes, dirían ellos.
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Además, la medida es difícilmente aplicable, por no decir imposible. Si ni siquiera hemos podido tomar medidas eficaces para evitar que los adolescentes accedan al porno. Hace años, un científico chino anunció que la clonación humana ya era posible. Quedaban unos pequeños detallitos que limar, pero era posible. Las autoridades se apresuraron, como es lógico, a advertir que sería posible técnicamente pero inadmisible éticamente. Entonces se acuñó una frase: «Si es posible, se hará». Se hará a la luz del día o en plena oscuridad, pero se hará. Con el acceso a las redes de los menores ocurrirá lo mismo y más si está prohibido.
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[–>Según datos de este mismo año, España cuenta con aproximadamente 39 millones de registrados en redes sociales, lo que representa un 81,4% de la población total. Los usuarios dedican cerca de 2 horas diarias a estas plataformas. Parece un poco tarde para dar marcha atrás y ponerse en plan quijote. Sólo a través de la Unión Europea habría alguna posibilidad de imponer la ley en este salvaje oeste al que alude Sánchez.
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Uno de los mejores métodos para educar a los menores es a través del ejemplo. Los propios padres no estamos siendo muy ejemplares en el uso de las redes sociales. El mismo presidente las usa a todas horas para sugerir libros, para hacer anuncios oficiales o para mantener polémicas como esta. No digamos algunos ministros como Óscar Puente, el auténtico community manager del Gobierno o los partidos de todo signo, que se insultan a través de las redes, especialmente los más extremistas.
[–>[–>[–>Siempre queda la posibilidad de crear una red propia, a medida, como la Truth de Trump. Esta sería la PS, siglas que sirven tanto para el presidente como para su partido, que hoy vienen a ser lo mismo. O, aún mejor, crear una red social pública, como propone Ione Belarra, algo así como la actual TVE pero en red social.
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¿Son esos políticos los que van a predicar un uso responsable de las redes? ¿Esos que, desde que descubrieron que se podían saltar a la prensa tradicional como medio de información, no dejan de enredar? Mal vamos.
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