Perdíos de los nervios» se meterán en la piel de un ser que evoluciona «de la oscuridad hacia la luz» unidos por tres sagas y «buen rollo
Para la agrupación «Perdíos de los nervios», la cuenta atrás para el Antroxu 2025 no es solo una frase hecha, es una realidad de las que ponen a uno frenético. «Estamos, de hecho, perdíos de los nervios», confiesa entre risas Esther González, quien afronta su segundo Carnaval al frente de esta formación. La propuesta de este año es, cuanto menos, intrigante. Fieles a su estilo de «perfilar personajes antes que disfraces», los miembros de la charanga se meterán en la piel de un ser que evoluciona «de la oscuridad hacia la luz».
[–>[–>[–>Según detalla la presidenta, no se trata solo de lucir un vestuario –confeccionado íntegramente por ellos mismos–, sino de encarnar una actitud. «Es un personaje un poco gamberro el de este año. Para nosotros, lo que importa es la interpretación; no marcamos tanto si hay que levantar la pierna derecha, sino que cada uno actúe como el personaje que representa», explica González, al frente de una formación de 41 antroxeros, que se desglosa en 34 adultos y 7 menores que, tras meses de trabajo y «maquinaciones», que empezaron a fraguarse apenas terminó la edición anterior, ya están listos para dar «un poquiñín de caña» en las calles de la capital marítima del Principado y de su ilustre teatro Jovellanos.
[–> [–>[–>El enfoque interpretativo se trabaja durante todo el año. Para «Perdíos de los nervios» es una vocación, para todos y cada uno de sus miembros, aunque González reconoce que las primeras veces, los más jóvenes, o los que aúnan ambas cualidades son los más «cortados» a la hora de interpretar y meterse en el personaje. «A los adolescentes a veces les da un poco más de vergüenza, pero este año están muy motivados. Al final, la gente entra en esta charanga porque busca precisamente este estilo», señala González. Las letras preparadas para el concurso del Jovellanos también son brújula –o más bien faro dado que este año van «hacia la luz»– para que los más «tímidos» se imbuyan de la historia.
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La cohesión del grupo es otro de sus puntos fuertes. A pesar de las inevitables bajas y nuevas incorporaciones que se suceden cada año, el bloque se mantiene unido gracias, en especial, al pegamento de la amistad. «Muchos somos amigos fuera de la charanga. En mi caso, primero fue la charanga y de ahí nació la amistad, pero otros, al revés», recuerda la presidenta, subrayando que las nuevas entradas casi siempre llegan apadrinadas por algún veterano.
[–>[–>[–>Los ensayos generales en el Teatro Jovellanos han dejado sensaciones muy positivas este año. Para una charanga que ensaya habitualmente en un espacio más reducido que las tablas del teatro, estas sesiones son vitales. «En nuestro caso estamos mucho más apretados en nuestro espacio de habitual (la Asociación Vecinal de Pescadores) que allí, por eso los ensayos en el Jovellanos nos sirven para perfilar posiciones y marcas. Agradecemos mucho que este año hayamos tenido microfonía en los dos ensayos generales, porque marca la diferencia para pulir el espectáculo», agradece González.
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Sin la presión de los premios –»ya pasamos por todos los puestos de la tabla», recuerda–, el objetivo de «Perdíos» es simplemente disfrutar y hacer disfrutar de una festividad que, como ellos mismos confiesan, se vive «con los nervios a flor de piel hasta el último segundo».
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[–>Tres sagas unidas gracias a una formación que destila «buen rollo»
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Tres familias con orígenes distintos, pero unidas por el espíritu de una charanga que estila «buen rollo». Sara Rubio y su madre, Tere Alonso, son pura veteranía en «Perdíos», donde llevan desde 2001. Además, son las que escriben las letras que cantan en el Jovellanos, amén de interpretarlas con otras tres personas, entre las que figura su prima, Patricia Alonso, formando un triunvirato familiar en esta «locura que es nuestra casa».
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A la izquierda, al frente, Marina Cuevas, Carlota Cortés, Lucía Gutiérrez, Lorena de Dios, Mateo Gutiérrez y Jonatan Gutiérrez; detrás, Eva María García, Sara Rubio, Tere Alonso y Patricia Alonso. / Juan Plaza
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Ese sentimiento de pertenencia es el que enganchó también a Lorena de Dios y Jonatan Suárez hace un lustro. Entraron ilusionados por mediación de unos amigos cuando sus hijos, Lucía y Mateo, tenían solo 3 y 5 años; hoy, son los propios críos los que «están deseando que pase el verano para volver al ataque».
[–>[–>[–>Por su parte, Eva María García, junto a su hija Marina Cuevas y la mejor amiga de esta, Carlota Cortés, hicieron el viaje de pasar de la butaca al escenario. Durante años, fueron espectadoras fieles en el Jovellanos, cautivadas por el sarcasmo y la ironía de «Perdíos». «Eran con los que más nos reíamos», recuerdan.
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