Estrategia de la tensión
Se da por hecho que estamos todos cabreados, sin que el entorno económico y de empleo sirva de paliativo de un cabreo de fondo que se pilla pegando la oreja al suelo: un rencor ronco y persistente en que se mezclan odios africanos, frustraciones generacionales, corrupciones, rechinar de cuadernas de la España eterna y otros ruidos, todo envuelto en una ira que no sabemos muy bien de dónde llega. Pero la gran pregunta es si estamos de veras tan cabreados por los hechos o más bien nos cabrea, con un bloque temático recurrente a dosis diaria, el complejo político-mediático (redes incluidas). Alguien debería empezar a parar, pero es al revés: el dopante-excitante del poder anda detrás de unos y otros, mientras las factorías informativas o desinformativas de obediencia debida (en la corte todas) no cejan. ¿Nadie antepone la verdad y el sosiego social viendo adónde lleva la estrategia? n
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